Las siete moradas o el viaje del alma

Son cada vez más las personas que se sienten atraídas por los grandes místicos. Ese anhelo de lo sagrado no es anhelo de sistemas religiosos, sino de espiritualidad.

El viaje del alma hacia su yo interior nos hace pasar por zonas de intensa luz pero también de intensa oscuridad. En el pasado ese viaje se realizaba en cuevas, bosques, monasterios, ashrams, soledades, conventos…  ¿Será posible escuchar hoy la llamada hacia la mística, sin necesidad de tales recursos, que a no pocos parecen trasnochados y de otros tiempos?

Teresa de Jesús  tuvo una visión del alma en forma de castillo de cristal luminoso, parecido a un diamante, que albergaba en su interior muchas moradas. Describió siete moradas y cada una de ellas dotada de múltiples aposentos. Teresa decía que en la morada central vive Jesús, el Hijo de Dios. Esa morada es el centro del alma:

“Se me ofreció considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamente o muy claro cristal, donde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas, unas en lo alto, otras embajo, otras a los lados; y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal que es donde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma” (Santa Teresa de Jesús, El castillo interior).

El viaje interior al que Teresa de Jesús invita lleva a la purificación (conocimiento de uno mismo y perdón), la iluminación (conciencia superior y compasión), y la unión con el Esposo Jesús.

Todos necesitamos despertar nuestra alma mística, para ello debemos entrar en el Castillo. Y allá,dentro del castillo, emprenderemos un viaje vital que nos transformará. Descubrimos que no necesitamos salir de casa para encontrarnos con Dios y recibir su gracia. En el Castillo uno ve que la oración es sin límites poderosa, que puede curar y que la contemplación  requiere algo más que simplemente retirarse a la soledad.

Podemos ser “místicos sin monasterio”. La gente quiere una espiritualidad que pueda practicarse en nuestras ciudades y pueblos, en nuestras casas, en nuestros trabajos, a diario.  Queremos la mística sin necesidad de retirarnos a santuarios o monasterias. Queremos una espiritualidad mística sin necesidad de tremendas renuncias, de votos extraños.Un místico es alguien que quiere entablar un diálogo directo con Dios.

El mundo de lo divino nos atrae, pero también nos aterra, nos da miedo. Ante Dios tememos perder nuestra identidad y dejar de ser nosotros mismos. Sentir miedo ante lo divino es una sensación espontánea en las personas tocadas por lo divino. Y es que deseamos lo divino, pero al mismo tiempo muchas otras cosas.

Cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿cuál es mi camino espiritual? ¿Qué hacer para que Dios se acerque mucho más a nosotros? ¿Qué hacer para escuchar su llamada?

Uno nunca sabe cuándo y cómo se le acercará Dios. En todo caso es bueno que uno se sienta capaz de experiencias místicas, capaz de recorrer el camino hacia el yo interior, hacia la séptima morada. Pero cuando se acerca lo divino. Pero exponerse a la mística trae consecuencias extrañas: aturdimiento hasta recuperar la orientación. Exponerse a la verdad le cambia a uno la vida.

Teresa de Jesús nació en Ávila el 28 de marzo de 1515 y murió el 4 de octubre de 1582. Entró en el Carmelo, en el convento de la Encarnación. Reconoció Teresa en sus esxritos que las primeras décadas de monja fueron para ella una pérdida. Se dedicó más a la vida social y a satisfacer su deseo de disfrutar de la vida. A los 39 años, Teresa sufrió un cambio profundo. Mientras paseaba por un corredor del convento se detuvo ante la estatua de Cristo conocida como el Ecce Homo. Cayó postrada en el suelo. Comenzó a llorar ante el dolor de Jesús flagelado. Jesús se encarnó dentro de ella. Después de varias horas de llanto, se repuso y nació la Teresa mística.

Se sintió agraciada -a partir de ese momento- por muchos “favores divinos”. Esas experiencias hicieron de ella una maestra, una doctora espiritual, una acompañante en el camino de la fe, hacia el yo interior, hacia Dios.

En sucesivas reflexiones iremos recorriendo con Teresa el camino hacia la séptima morada, iremos excavando los muchos aposentos de nuestras moradas. Descubriremos en ellos las joyas que Dios ha depositado en nosotros. Somos mucho más bellos de lo que nos imaginamos.

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4 Respuestas a Las siete moradas o el viaje del alma

  1. Yolanda CMST dijo:

    Hola, me perece interesante ru reflexión. Yo trabajo en una mision y puedo ver la necesidad de la gente sobre espiritualidad y al mismo tiempo el mundo en que se desenvuelvene.

  2. Yadira dijo:

    Hola, mi alma se encuentra en la obscuridad y me da alivio leer esta reflexión , siempre he sentido curiosidad por conocer el castillo interior de Santa teresa la grande, siento que al reflexionar sobre su escrito me ayudará a descubrir el origen de la turbulencia de mi SER.

  3. Yadira dijo:

    Hola, es importante reconocer la grandeza del SER humano , de la capacidad de descubrir sus limites y de llegar a la perfección de Dios cuando tenemos voluntad de hacerlo.

  4. Martita dijo:

    Se me hace difícil poder nominar cada uno de las moradas,cómo hacemos para ingresar en cada una de ellas… en la primera morada,tenemos la oración, en la segunda el combate y la gracia, en la tercera la perseverancia , determinación confianza… y luego ?

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