La llave del castillo interior

Para penetrar en el interior del castillo, espacio sagrado, es necesario ser llevado: la oración, la liturgia interior, Dios encontrado en la oración nos atrae y nos permite superar el puente levadizo.

Es importante imaginarse ante todo dónde uno es llevado o conducido. En el castillo hay siete moradas. Dice Teresa de Jesús que están colocadas “unas en lo alto, otras embajo, otras a los lados; y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal: donde vive Dios” (Moradas).

Para santa Teresa las siete moradas son un itinerario místico ascendente. Las tres moradas inferiores son espacios de puriicación. Cuando se entra en la cuarta morada se inician las experiencias de una trascendencia que se aproxima a nosotros y nos comienza a tocar. En la cuarta morada “el amor es gratis” (Santa Teresa). En la quinta morada donde uno se convierte en un contenedor sutil pero potente de luz que cura, transforma e inspira. En la sexta morada se realiza el encuentro con el Dios “irrazonable”. La ascensión a la séptima morada, es la entrada en una beatitud libre de todo temor en quine se encuentra conscientemente unido con lo divino.

Es ahí dónde uno quisiera entrar. Aunque hay que exponerse y arriesgar mucho. La llave para entrar es el deseo de estar solo, de abandonar el agobio y el estrés cotidiano, el anhelo de silencio y calma.

Decidirse a cruzar el puente levadizo es decidirse a cambiar en la propia vida. Pero no olvidemos que quien da la fuerza está delante, en la otra parte. También Él es quien da la llave.

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