CONSTITUCIÓN “SACROSANCTUM CONCILIUM”: MEMORIA Y PERSPECTIVAS

El Instituto Superior de Pastoral de Madrid ha querido organizar –en el espacio de la formación permanente de los Jueves- una serie de conferencias en torno a los Documentos del Concilio Vaticano II. Hoy me corresponde reflexionar sobre la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, denominada “Sacrosanctum Concilium”. Debo decir, ya desde el principio, que  agradezco muchísimo la invitación, porque la preparación de esta conferencia me ha permitido entrar de nuevo en el clima del Concilio Vaticano II; de alguna manera, he podido seguir el proceso de gestación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, encontrándome con las personas que la hicieron posible. Además, he constatado el gran influjo de esta Constitución en la Iglesia –en su forma de celebrar y de identificarse- y hacerme preguntas respecto al inmediato futuro.

Introducción

El 4 de diciembre de este año se cumplirán los 50 años de la promulgación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia “Sacrosanctum Concilium” por parte del Papa Pablo VI. Lo hizo con estas palabras

“Cuanto ha sido establecido sinodalmente, nosotros mandamos que sea promulgado para gloria de Dios”.

Se trataba del primer documento  conciliar aprobado. El papa se hacía intérprete de la alegría de la Iglesia por ello:

“Exulta nuestro ánimo por este resultado…. Dios en el primer lugar, la oración nuestra primera obligación. La liturgia es la primera fuente de la vida divina que nos ha sido comunicada, la primera escuela de nuestra vida espiritual, el primer don que podemos hacer al pueblo cristiano, que con nosotros cree y ora, y la primera invitación al mundo para que desate en oración bienaventurada y veraz su muda lengua y sienta la inefable potencia regeneradora del cantar con nosotros las alabanzas divinas y las esperanzas humanas, por Cristo Señor y en el Espíritu Santo”.

Con estas preciosas palabras Pablo VI describía la liturgia como primera fuente, primera escuela, primer don, primera invitación. Y combinaba estas expresiones con un “con nosotros”: de esta manera presentaba la Asamblea conciliar no como un “sobre vosotros” (la iglesia y el mundo), sino como un “con nosotros”.

Podría parecer, a primera vista, que –comparada con las tres grandes Constituciones “Lumen Gentium”, “Dei Verbum” y “Gaudium et Spes”- la constitución “Sacrosanctum Concilium” es un documento menor. Más todavía: podría pensarse que el auténtico Concilio Vaticano II comenzó cuando se debatieron las grandes cuestiones teológicas y pastorales y no en el debate litúrgico. Hay quienes incluso pudieron pensar y siguen pensado que la constitución sobre la Sagrada Liturgia, más que un fruto del Concilio fue el resultado maduro del movimiento litúrgico precedente[1] y de la encíclica Mediator Dei del papa Pío XII.

No comparto estos puntos de vista. Pienso, más bien, que la constitución “Sacrosanctum Concilium” fue un auténtico punto de partida del Concilio, un momento de auténtica revolución eclesiológica[2], que tuvo repercusiones decisivas enlos siguientes debates conciliares y los textos emanados.

Voy a dividir mi reflexión en tres partes: 1) el debate; 2) el resultado: la Constitución SC; 3) la reforma litúrgica y sus perspectivas.

I. El Debate

El Papa Juan XXIII convocó el Concilio el 25 enero 1959. Hubo una primera etapa de consultas y propuestas. Los resultados fueron recogidos por la Comisión ante-preparatorio en 15 volúmenes con un total de 9.529 páginas. Allí se recogían 8.972 propuestas. El 5 de junio de 1960 constituyó el Papa Juan XXIII las Comisiones que prepararían el Concilio. Eran diez, presididas cada una de ellas por los cardenales prefectos de los diferentes dicasterios romanos: entre ellas, la Comisión central y la Comisión para la liturgia, presidida por el prefecto de la Congregación de Ritos, el cardenal Gaetano Cicognani[3].

1. La Comisión preparatoria de Liturgia

Annibale Bugnini

El 2 de Julio de 1960 recibió la Secretaria de la Comisión preparatoria de Liturgia –el secretario era Annibale Bugnini- los volúmenes que recogían las propuestas de toda la Iglesia y un cuestionario base de siete puntos. El 13 de octubre de 1960 la Secretaría envió a los miembros de la Comisión un cuestionario más amplio, de doce puntos, que serviría para poner en marcha la Comisión. La Comisión debería integrar el ingente material recibido; casi una quinta parte de sus propuestas se referían a las materias que luego entrarían en la SC[4].

La comisión preparatoria para la Liturgia se subdividió en trece subcomisiones que abordaron las cuestiones de importancia con especialistas del mundo entero en cuestiones históricas, teológicas y pastorales. El clima fue de libertad y franca discusión. Con las aportaciones de cada subcomisión se llegó a un primer texto unificado en la primavera de 1961; éste fue sometido a diversas refundiciones. En la tercera y última sesión plenaria -del 11 al 13 de enero de 1962- la Comisión preparatoria dio la última revisión a un texto ya muy maduro y lo aprobó[5]. El cardenal presidente Gaetano Cicognani revisó concienzudamente el documento, lo firmó y lo envío al Secretario del Concilio –Pericle Felici- el 1 de febrero de 1962[6]. A los cinco días fallecía.

 

2. Debate en el aula conciliar

A causa de la muerte del cardenal Gaetano Cicognani fue nombrado prefecto de la Congregación de Ritos y también como presidente de la Comisión conciliar de Liturgia el 22 de febrero de 1962 el cardenal Arcadio María Larraona[7]. Esto supuso cambios y ciertas vacilaciones, pero con resultados excelentes[8].

Card. Larraona, cmf

El esquema de Liturgia fue el primero a ser sometido a debate. Fue presentado por el cardenal Larraona y el nuevo secretario de la Comisión conciliar de Liturgia Antonelli. Fue discutido a lo largo de 15 Congregaciones Generales, desde el 22 de octubre al 15 de noviembre de 1962. Hubo 328 intervenciones orales y 334 por escrito[9]. De ellas entresaco las intervenciones más interesantes.

Fueron muchas las intervenciones[10] que acogieron muy favorable y elogiosamente el esquema por su fundamentación bíblica y patrística y teológica[11]. Fueron muy pocos los Padres conciliares que se manifestaron en desacuerdo con el esquema[12].

Entre las observaciones que se hicieron a la primera parte del esquema, notamos las siguientes:

  • Algunos Padres pidieron que apareciera en el esquema una definición clara de liturgia[13]. El cardenal Lercaro –un extraordinario liturgista- respondió diciendo que ese tipo de definición (por género próximo y diferencia específica) era más competencia de expertos; que al Concilio le bastaba ofrecer una descripción de la liturgia a partir de sus principales características, tal como aparecía en el esquema propuesto por la comisión[14].
  • Una observación al esquema de gran calado fue advertir la ausencia de referencias al Espíritu Santo. El cardenal chileno Silva Henríquez afirmó que el texto se enriquecería de verdad “si ilustrara mejor el misterio de la Trinidad, y, sobre todo, si le diera más espacio al Espíritu Santo, que es el alma de la Iglesia y el actor íntimo de toda la vida litúrgica”[15]. Y conectada con esta referencia al Espíritu Divino que es el Amor en persona, otra referencia explícita y breve al primado de la caridad en la vida de la Iglesia, “de tal modo que se excluya con claridad de la actividad litúrgica el peligro de cualquier tipo de “formalismos” que nada tienen que ver con la caridad, culmen de la vida cristiana”[16]. A esta propuesta se adhirió Sergio Méndez Arceo[17]. También intervino en este sentido Francisco Marty: también él echa en falta la referencia en el primer capítulo del esquema a la función fundamental del Espíritu Santo en las actuaciones sacramentales[18].
  • Hay padres conciliares que echan de menos una concepción más misionera de la Iglesia, y por lo tanto, también de la liturgia, fuente y culmen de esta vida[19]. Por eso, la liturgia debe er considerada como momento importantísimo dentro de la misión de la Iglesia[20].
  • El debate en el que más padres intervinieron fue el referente a la lengua litúrgica: si el latín o las lenguas vernáculas: mientras un grupo de Padres defendían el latín como lengua de la Iglesia[21], vínculo de unidad entre todos los cristianos y vehículo de la expresión ortodoxa[22], otros –aportando datos históricos, desde la experiencia de los diferentes ritos, desde las urgencias de la acción pastoral en la época moderna y del ecumenismo- relativizaban su valor[23], sin oponerse a un uso del latín por razones de conveniencia en algunas circunstancias y pedían que se confiase a las Conferencias episcopales el discernimiento sobre el uso o no del latín[24]. A otros les parecía tanta aficción al latín “algo anormal”[25]. El obispo Santiago Le Cordier planteó el tema desde la emergencia de un mundo posccristiano y la perpectiva del mundo obrero[26] y el obispo Rau desde la perspectiva de los derechos del Pueblo de Dios[27]. Kemerer afirmó que el principio de unidad en la Iglesia no es el latín, sino el Espíritu Santo[28]. De todas formas, el debate fue muy vivo y contrastante. Resultó estratégica la intervención del card. Bea en este debate: “Diversas adesse opiniones, sed unum tantum petitur, ne porta claudatur”[29].
  •  El card. Emilio Léger recordó que los sacramentos son para los hombres y no los hombres para los sacramentos[30]. En esta línea tuvo una intervención estupenda el obispo Enrique Rau: decía que la praxis pastoral en nuestro tiempo postula promover la participación de todo el pueblo de los bautizados: una participación plena, consciente, activa, comunitaria, alegre y gozosa, es decir, pascual, en la celebración del misterio de Cristo El pueblo actual quiere entender. Los pastores no debe contemplar indiferentes este paso secular del Espíritu en su Iglesia[31].  En este mismo sentido se expresó el card. Tatsuo Doi, que pedía una mayor adaptación de la sagrada Liturgia a la mente y el gusto de los pueblos del extremo Oriente[32]. El card. Ritter aplicó esta reflexión al hombre moderno[33].
  • Se pidió también que se estudiara más a fondo y se propusiera el tema del “sacerdocio de los fieles”[34] y el protagonismo de los fieles en las celebraciones desde la “actuosa participatio”[35].
  • Otro de los deseos expresados por no pocos Padres fue el de la simplificación de la liturgia[36] y la renuncia a las expresiones  y símbolos de poder mundano[37].
  • También apareció la cuestión de la concelebración, de la comunión bajo las dos especies, de la reforma del breviario. Algunos padres se preguntaban ¿qué poder tiene la Iglesia para prohibir la comunión bajo las dos especies cuando éste había sido el mandato del Señor? A la explicación corriente “por razones prácticas, o por razones higiénicas” (Mons. Dante), un obispo griego respondió que para él significaba estrechez de miras y falta de fe. ¿Puede la iglesia negar a los seglares, partícipes del sacerdocio común, la comunión bajo las dos especies?

* * *

Concluidos los debates y realizada una primera votación de tanteo sobre el esquema en su conjunto, el 14 de noviembre de 1962, con el resultado de 2162 votos favorables por sólo 46 en contra[38]. A partir de ahí la Comisión litúrgica conciliar mejoró el texto con las aportaciones de los Padres. Casi todas las enmiendas fueron aprobadas por abrumadora mayoría. El texto primitivo salió sensiblemente mejorado.

  • En la parte normativa: las perspectivas de reforma se vieron agrandadas: no se cerrarían las puertas a futuras necesidades de reforma y evolución
  • En la parte doctrinal: “en el n.6 la adición del inciso por fuerza del Espíritu Santo en un lugar estratégico asegura suficientemente la dimensión pneumatológica de toda la liturgia. ¡extrañamente ausente en el proyecto de la Comisión preparatoria! También se incluyó la doctrina de la multiforme presencia de Cristo en las acciones litúrgicas. La perentoria afirmación de que la liturgia es “culmen et fons” de toda la vida y misión de la Iglesia. El inciso “en virtud del bautismo” del n. 14 vino a afirmar convenientemente las raíces sacramentales del derecho del pueblo cristiano a participar activamente en las acciones litúrgicas. La espléndida teología del domingo condensada en el n. 106 es un auténtico regalo para oídos creyentes.

El 22 de noviembre de 1963 la 73 congregación general votó el esquem ade Liturgia en su conjunto. El resultado de la votaión fue el siguiente: votantes 2178; votos a favor 2158; votos en contra 19 y un voto nulo.

El Concilio aprobó definitivamente la constitución Sacrosanctum Concilium en la solemne clausura de la segunda segión, el 4 de diciembre de 1963, por 2.158 votos a favor y 4 en contra[39], ¡precisamente el mismo día en que había terminado el concilio de Trento (4 de diciembre de 1563).

3. “El Concilio como Liturgia”

Liturgia oriental en el Vaticano II

Los obispos holandeses publicaron en navidad del 1960 una carta que titularon “El Concilio como Liturgia”. En ella se proponían “considerar un Concilio ecuménico en su más honda configuración mística, es decir, como un inclinarse ante Dios en oración, como un acto de culto divino que se actúa en la celebraciuón litúrgica de los misterios del sacrificio eucarístico”. Decían que “el Concilio es una gran oración. Una oración de petición, pero también una oración de gratitud y reconocimiento”.

Tuvieron un gran acierto los obispos de Holanda al proponer esa configuración mística del Concilio. Y esto tiene especial importancia a la hora de  ir más allá de los debates en el aula y tratar de explicarnos cómo se pudo llegar a tanta unanimidad entre los Padres conciliares.

La liturgia fue en el Concilio Vaticano II no solo, ni principalmente cuestión de debate, sino de vivencia. Cada Congregación general se iniciaba con la Eucaristía y a continuación con la “entronización” del Evangelio. A partir de la quinta congregación general se celebró esta entronización de forma solemne. Así mostraban los Padres del Concilio una gran revenrencia a la Palabra de Dios.

Cada Congregación general se iniciaba con la celebración de la Eucaristía. Durante los dos primeros períodos se celebró la eucristía no solo en rito latino, sino también en otros ritos, de modo que los Padres conciliares pudeieron experiementar la variedad de ritos de la misma Iglesia y éstos celebrados en diversos idiomas. El día 8 de octubre de 1963, cuando los Padres conciliares iban a votar sobre la lengua latino o vernácula, sobre la concelebración, se celebró la Eucaristía en rito siro-antioqueno.

Por otra parte, la magnificencia y boato barroco de las misas solemnes motivaron críticas: el papa, la corte pontificia etc. Los Padres conciliares iban mostrando su deseo de una misa sencilla y no tantos “pontificales”. Diversos padres manifestaron el deseo de suprimir todo lujo innecesario en el culto divino. El obispo chileno de Talca, Larraín Errázurir, dijo quye los hombres reconocerían mucho mejor la imagen de Diso en la pobreza[40]

Una constitución sobre la sagrada liturgia no es en sí misma una celebración de la liturgia. En el aula se podían escuchar cosas magníficas sobre la Liturgia; pero éstas no encontraban corresondencia en las celebraciones litúrgicas del concilio

II. El Resultado: La Constitución sobre la Liturgia

1. Objetivo y principios básicos de la Constitución sobre la liturgia

“La santa madre Iglesia desea hacer una reforma cuidadosa general de la liturgia” (SC, 21).

Este es el objetivo: hacer una auténtica reforma general. Y para ello el Concilio se propuso, según SC, 1:

  • acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana,
  • adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio,
  • promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo
  • y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia.

SC quiso ser un instrumento últil para la promoción de la vida litúrgica en la Iglesia.

La Sacrosanctum Concilium defiende una serie de principios básicos:

  • La acción litúrgia es, ante todo, obra e iniciativa de Dios y respuesta del ser humano. Jesucristo está presente de formas diversas en las acciones litúrgicas (SC 7). La liturgia es así el culmen hacia el que tiende la acción de la Iglesia y la fuente de donde dimana toda su fuerza (SC 10). La liturgia es acontecimiento de alianza; por lo tanto, hay que favorecer la comunicación entre Dios y el ser humano, el ser humano y Dios; de ahí la inculturación: “sacramenta propter homines”. Esto lleva a un proceso de descentralización y creatividad, que sacará a la liturgia del inmovilismo y distanciamiento.
  • “Las acciones litúrgicas pertenencen a todo el Cuerpo de la Iglesia, influyen en él y lo manifiestan” (SC 26), son como una autorealización y una epifanía de la Iglesia. Ello pide devolver a la asamblea su protagonismo en las celebraciones de la Iglesia. Todos los fieles deben sentirse actores de la celebración.
  • La Palabra de Dios es central en la Liturgia. El pueblo de Dios se alimenta en la mesa de la Palabra; hay que ofrecer al pueblo cristiano una mesa más abundante de la palabra de Dios (SC 51 y 92).
  • El concilio insiste también en la necesidad de una formación litúrgica de los fieles y los pastores (SC 14-19) y una reforma llena de sabiduría y arraigada en la sana traditio[41].

 2. La estructura de la Constitución SC

La Constitución consta de siete capítulos un proemio y un apéndice.

  • El proemio trata sobre la Liturgia en el misterio de la Iglesia y en cuanto ritos).
  • El primer capítulo trata sobre los principios generales de la reforma y promoción de la Liturgia.
  • El capítulo segundo trata sobre el sagrado misterio de la eucaristía.
  • El tercero de los otros Sacramentos y otros sacramentales.
  • El cuarto sobre el Oficio Divino.
  • El quinto sobre el año litúrgico.
  • El sexto sobre la música sagrada  el séptimo sobre el arte sagrado.

3. La clave interpretativa del Vaticano II y de la Constitución de Liturgia dentro de él

El Vaticano II ha de ser interpretado como una totalidad: minimizar un documento es minimizar todos los documentos. Esto se aplica en especial a la constitución SC.  La hermenéutica de la SC del Vaticano II no es una cuestión puramente teórica.  La cuestión es: ¿cuál es la función de la liturgia en la Iglesia del Vaticano II? En el motu proprio de Benedicto XVI “Summorum Pontificum” (7 Julio 2007) revivió la importancia de la SC, primer documento conciliar.

a) Interconexión entre reforma litúrgica y temas eclesiológicos

La Sacrosanctum Concilium ha producido efectos espectaculares en la Iglesia católica durante estos últimos 50. Pero se ha olvidado  que  existen interconexiones entre la reforma litúrgica y los temas eclesiológicos. Teólogos e historiadores se olvidan frecuentemente de las estrechas asociaciones entre el debate litúrgico del Vaticano II, la reforma de la liturgia, le preocupación por el aggionamiento y la puesta al día y reforma de la Iglesia católica. La mayoría de estas interpretaciones de los documentos conciliares parecen olvidar que el Vaticano II tiene una profunda coherencia interna, como ha subrayado recientemente John O’Malley[42].  En todo caso, la vida litúrgica de la Iglesia cambió después del Vaticano II y la SC. Todavía queda por escribir la “Wirkungsgeschichte” de la reforma litúrgica tato en la Iglesia universal como en las iglesias locales.

El estado de la liturgia es el test primero y fundamental de la influencia en la Iglesia no solo de la SC, sino de todas las constituciones y decretos del Vaticano II[43]. Es importante conocer qué influencia tuvo la SC en el Concilio y en sus documentos finales. Entonces la cuestión es ver cómo la SC está presente en el Vaticano II y cómo el Vaticano II está presente en la primera Constitución.

En los 50 años después del Vaticano II ha sido evidente cómo se ha olvidado  el trasfondo teológico y eclesiológico de la reforma litúrgica. Y, sin embargo,  la SC fue el primero y más radical esfuerzo del catolicismo moderno para entrar en la época moderna de secularidad e increencia[44]. La liturgia ha quedado desconectada de la eclesiología y de la teología pastoral. Los liturgistas han mantenido beunas relaciones con el magisterio; cosa que no ha sido tan evidente respecto a los teólogos[45].

El pontificado de Juan Pablo II fue indulgente con quienes se oponían a la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. La codificación de Derecho Canónico en 1983 no ayudó tampoco a la consolidación de la constitución SC den la vida de la Iglesia: el derecho tuvo muchas precauciones; especialmente en los ministerios litúrgicos de los diáconos  y de los laicos[46].

Se olvida que la SC no es solo el punto de partida no solo cronológico, sino también teológico del Vaticano II. Y por eso, podemos preguntarnos: ¿fue la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II un agente de cambio, o como O’Malley dice, un “lenguaje acontecimiento”? EL debate litúrgico abierto por el Vaticano II devino “un evento en el evento” porque encendió un movimiento más amplio que aquello que soñaba la mayoría progresista del Concilio.

b) El Vaticano II como “constitución”

Entre los años 2005 y 2006 escribió un ensayo sobre la interpretación del cuerpo doctrinal del Concilio Vaticano II, que le sirvió de conclusión al vol. V del Herders theologischer Kommentar zum Zweiten Vatikanischen Konzil. Hünermann afirma que todos los textos conciliares en su conjunto pueden se designados “Constitución” para la Iglesia católica. Todos esos textos se asemejan a la Constitución que las Asambleas política constituyentes dan a sus pueblos, aunque no se identifican totalmente con ella[47]. Designar los textos del Vaticano II como “Constitución” no significa, para Hünermann considerarlos superiores al Evangelio; son como  “un texto constitucional para la fe”. Los textos del Vaticano II son un corpus de principios hermenéuticos para la vida de la Iglesia que es capaz de estalecer lo que es “constitucional” y, por consiguiente, lo que es “inconstitucional” en la eclesiología de la Iglesia posconciliar. SC constituye uno de los pilares de la eclesiología del Vaticano II. La constitución de liturgia ofrece el modo de presentar la eclesiología del Vaticano II desde la perspectiva de la eclesiología eucarística sin tener que optar entra la eclesiología eucarística y la eclesiología jurídica. La eclesiología eucarística de SC ofrece un camino de equilibrio en el choque de las eclesiología en el concilio y se convierte en un eje de gravitación en la Iglesia del Vaticano II: Escritura y Eucaristía.

III. La Reforma Litúrgica y sus Perspectivas

1. Estado actual de la reforma litúrgica

La aplicación del Concilio Vaticano II en el ámbito de la liturgia ha supuesto una gran reforma gradual. Así por ejemplo, el Misal de Pablo VI fue promulgado el jueves santo 3 abril 1969, el ritual del Bautismo de los niños fue aprobado en junio 1969, la aprobación, traducción y publicación de los rituales de los demás sacramentos es escalonó entre los años 1969 al 1972; se ha hecho necesario un nuevo ritual de la Iniciación cristiana de adultos aprobado en 1996, o un nuevo ritual del matrimonio sensiblemente enriquecido en 2005. Esta reforma se ha guiado por los principios conciliares de: a) una verdadera participación del pueblo cristiano, b) una mejor proclamación y celebración de la Palabra de Dios, c) el empleo de la lengua vernácula para que la liturgia sea inteligible, d) la adaptación de la liturgia a la diversidad de las asambleas, de las lenguas y de las culturas.

Se ha escrito mucho respecto a la reforma litúrgica[48]. Ésta ha afectado en primer lugar, a la Eucaristía: liturgia de la Palabra, modificación de las oraciones,  nuevo lecionario bíblico; nuevas plegarias eucarísticas; a partir del Adviento de 1967 se comienza a proclamar el canon en lengua vernácula (antes en latín y en voz baja); la comunión de la mayor parte de los fieles presentes en la Eucaristía; comunión bajo las dos especies en algunos casos; la concelebración. También ha afectado a los demás sacramentos: un nuevo ritual para el bautismo de los niños; un ritual de bautismo para niños en edad escolar; la recuperación del bautismo de los adultos en la noche pascual; se ha introducido en la vigila pascual una renovación de las promesas bautismales (lo exacto sería decir “renovación de la profesión de fe bautismal”); la aspersión del agua bendita en el inicio de la Eucaristía de cada domingo debería recordarnos de ello; la confirmación sigue siendo un sacramento problemático. Algunas modifiaciones se han producido también en el ritual del matrimonio, en la celebración de los funerales[49].

2. “Actuosa participatio et ars celebrandi”

La “liturgia” se ha convertido en el tiempo posconciliar en un punto de desencuentro entre diversos grupos en la Iglesia: entre liturgistas y pastoralistas en el ámbito más intelectual, y entre quienes adoran el misterio y quienes quieren celebrar la vida en el ámbito comunitario. Basta acercarse a unas comunidades cristianas o a otras para percibir sorprendentes diferencias. Hay asambleas importantes en las cuales se muestra un cierto desdén ante las formas y textos litúrgicos y se suplantan por presentaciones, gestos, ornamentos que poco o casi nada la evocan.

a) Las cuestiones que nos planteamos

Las cuestiones que hoy nos planteamos y las que nos plantearemos mañana no son cuestiones internas, que conciernen a los ritos, sino otras cuestiones  afectan más a la Iglesia que a la misma liturgia.

  • En Europa los años que vienen quedarán marcados por la falta de sacerdotes y el hecho de que habrá ministerios que serán confiados cada vez más a los laicos: ellos organizarán y presidirán las celebraciones litúrgicas. Se deberá ir más lejos que aquello que el Vaticano II preveía pidiendo solo una “actuosa participatio” de los laicos. ¿En qué medida podrán y querrán los jóvenes intervenir y dar un carácter más vivo y gozo a nuestras eucaristía?
  • El movimiento ecuménico, cuyo último fin consiste en participar del mismo pan y del mismo cáliz, ¿tendrá consecuencias sobre nuestra liturgia? Igual que la Iglesia romana asumió fiestas marianas provenientes de Oriente, ¿asumirá ahora tradiciones procedente de las iglesias de la reforma? ¿Hay alguna razón para que el rito romano sea impuesto en todo el universo?
  • En la situación actual, nuestra oración y nuestros ritos parecen obsesionados por el pecado y la salvación, dejan un espacio modesto al Dios creador y al esplendor de la creación. Una sana relectura teológica de los conceptos de pecado y de salvación, una mayor atención a la obra de la creación, estimulada por los descubrimientos científicos y una reflexión sobre el lenguaje de la liturgia, que en los salmos se dirige al dios único pero en las pregarias eucar´siticas sobre se dirige exclusivamente al Padre, podrían y deberían renovar el contenido y el estilo de nuestras celebraciones. Así proseguiríamos la reforma emprendida por el Vaticano II, hace 50 años.
  • Are the words of the Liturgy worn out? (¿están agotadas las palabras de la Liturgia?) (Louis Marie Chauvet). No pocos se lamentan de la dificultad que entraña el lenguaje litúrgico: el estilo y contenido de las oraciones, el tono, la voz, la postura, los gestos del presidente de la Asamblea y los ministros, la gramática de la celebración … La dificultad del significado va más allá de las palabras usadas; el lenguaje de la liturgia es ordinariamente más sencillo que el lenguaje de la teología. Tomadas individualmente se pueden entender todas las palabras, pero en el conjunto resultan extrañas. ¿Qué se quiere decir cuando proclamamos en la celebración litúrgica: “está sentado a la derecha del Padre”, “es justo y necesario”, “bajó a los infiernos”, “Hosanna, hosanna”; o la redundancia del “santo, santo, santo”? Probablemente muchos fieles no sabrían qué responder. Otras veces la dificultad proviene del tono de voz (engolamiento, proclamación, falta de naturalidad, a veces, teatralidad). Cuaquiera entiende la expresión “¡oremos!” -como una invitación dirigida a toda la Asamblea litúrgica-, pero son muy pocas las personas  que en ese momento se ponen a orar; otras se quejan de que no se les ofrezca un espacio de silencio para hacerlo.
  • El estilo de las oraciones dominicales, por ejemplo, no responde a nuestra forma ordinaria de orar; podemos entender lo que dicen las palabras; pero nos resultan pocos comprensibles dado que nuestro modo ordinario de orar -y aquel que enseñan no pocos maestros de espiritualidad- no va en esa línea. Recordemos por ejemplo la oración inicial de dos domingos del tiempo ordinario[50]. Estas oraciones litúrgicas piden que nosotros nos configuremos con la voluntad de Dios y no que Dios atienda a nuestros deseos. Esta forma litúrgica de orar nos pide un cambio de paradigma para dar calidad a nuestra relación con Dios. Las oraciones litúrgicas son todo un ejemplo de ello.
  • No debemos olvidar que la celebración litúrgica nos introduce en los misterios del Reino (Mt 13), en el misterio de Cristo (Col 4,3). Nada tiene que ver con la asistencia a un espectáculo religioso, en el cual unos son actores (celebrante y sus ministros) y otros meros espectadores (los fieles). La liturgia no es ficción. Por ser una participación simbólica en el misterio de Cristo, es “sacramental” y está basada en  un salto de nivel: de la habitación normal a la iglesia, del pan y vino normales al pan de vida y la bebida de salvación… .

b) “Actuosa participatio”: participación activa

Los Padres del Concilio Vaticano II se interesaron mucho por la “simplificación” y la inculturación de la liturgia, de modo que resulte accesible a todo el mundo. Ellos sabían muy bien que no bastaba con traducirla del latín a las lenguas vernáculas; se trataba de algo mucho más serio y profundo. Los Padres del Concilio Vaticano II rechazaron absolutamente una interpretación “mágica” de la Liturgia, pero sí optaron por una interpretación “mistérica”. Es decir, para ellos, la liturgia es, ante todo, iniciativa de Dios, acción de Dios en medio de su comunidad. Lo importante en cada celebración no es la sobreactuación de la asamblea o del ministro presidente, sino la acogida comunitaria de la acción misteriosa y sacramental de Jesús, por medio del Espíritu. No se participa más por el mero hecho de que toda la gente cante, o que algunas personas pasen del fondo de la Iglesia a los puestos de adelante, o por la cascada de moniciones que intentan explicarlo todo y hacer consciente a la comunidad de lo que se está haciendo o leyendo. No es el ruido, las palabras, el movimiento, lo que hace una celebración más participada.

La constitución de liturgia en el n. 30 nos pide promover una “activa participación” de los creyentes y que se observen zonas de “silencio sagrado”[51]. No se trata del silencio por el silencio, sino de ofrecer espacios para la interiorización y apropiación personal. Sin interiorización y personalización la liturgia no cala en el corazón de los creyentes y queda bloqueada su fuerza transformadora. Participar no es solamente “entender”, sino “ser iluminados”.

La liturgia no se confunde con una clase de teología, con una conferencia sobre la situación política, con un momento de concientización ciudadana. La liturgia nos introduce más adentro: en el Misterio de Dios que nos promete constantemente su Reinado y nos hace comprender cuáles son las claves de la transformación de este mundo y de la solución de sus problemas.

c) La función del celebrante: ars celebrandi.

Se ha dicho -y acertadamente- que el vocablo “liturgia” procede del término griego “ergon” que significa “acción, obra”. Liturgia no es un vocablo propio del discurso intelectual, como puede serlo el vocablo “teo-logía”. La liturgia no es un minicurso de teología; en ello la convierten algunos celebrantes ilustrados. La liturgia funciona con símbolos y con símbolos sencillos, humildes: comer un poco de pan y beber un poco de vino representan el banquete celestial. Se puede ser un gran experto en teología de la eucaristía y no participar adecuadamente en ella, por muchas elucubraciones mentales que uno elabore durante su celebración. Sin embargo, nos encontramos con reacciones en los fieles que, a pesar de su incultura teológica, se expresan así: “¡Qué bella Eucaristía; me he emocionado; he sentido no-sé-qué!”. La no-comprensión intelectual está estrechamente vinculada con el misterio de la liturgia.

A través de la liturgia Jesús extiende su Pascua, continúa sus apariciones pascuales que tocan el corazón del ser humano y desde las situaciones más diferentes lo emocionan y transforman. No somos nosotros los que hacemos la Liturgia, es la Liturgia la que nos hace. El Espíritu Santo es el gran protagonista de la Liturgia. En el número 6 de Sacrosanctum Concilium fue introducida la expresión “por fuerza del Espíritu Santo”, que faltaba en el esquema primero; la expresión se encuentra en un lugar estratégico -dentro de la Constitución- que  asegura suficientemente la dimensión pneumatológica de toda la liturgia.

Para expresar este misterio la Liturgia, basada en la tradición bíblica y patrística, nos ofrece unos textos que han ido sedimentando con el paso de los siglos. ¡Textos que tienen sonoridad, ritmo, belleza, hondura teológica y espiritual! No decimos que esos textos hayan de permanecer intangibles, pero sí que no sean sustituidos a la ligera por improvisaciones vulgares, sin inspiración, superficiales; que se evite la vulgaridad, la ramplonería que priva a la liturgia de su poesía, de su insinuación, de su misterios transparencia. ¡Hay celebrantes y ministros que destrozan obras de arte de la comunidad cristiana! ¡Que no sintonizan con la gran comunidad y sobreactúan como dueños y señores de la herencia recibida de Dios a través de los siglos. Convierten el arte en obscenidad -entendida la palabra en su sentido etimológico, es decir: sacan de su escenario propio la celebración litúrgica-.

El Concilio Vaticano II no nos invita al inmovilismo, sino a la fidelidad creadora. No podemos designar como “creativa” una ocurrencia vulgar, un canto que se compone para ser cantado en el último instante, un poema que se escribe bajo el signo de la urgencia, una celebración que se improvisa desde el activismo pastoral. La capacidad creadora solo adviene tras la inspiración, es decir, la acción del Espíritu en el artista. La Iglesia tiene el derecho de juzgar si lo que se presenta como inspirado, lo es realmente -tal como sucede en las Iglesias orientales con la consagración de los iconos-. Ciertos presbíteros pueden estar actuando como “déspotas sobre el pueblo de Dios”, imponiendo a todos sus superficiales juicios y opiniones. El pueblo de Dios merece mucho respeto y nadie debe convertirse sin más en su portavoz.

d) Reflexiones conclusivas:

ü  La liturgia de la Iglesia no es propiedad de una persona, ni de una comunidad, sino de toda la Iglesia. Pero, al mismo tiempo, la liturgia debe encarnarse, inculturarse en cada iglesia o comunidad local. Aquí es preciso armonizar la comunión con todas las iglesias y la particularidad carismática de cada Iglesia. Para ello, es necesaria inspiración que nazca de Dios, equilibrio y armonía, discernimiento local. ¡Es responsabilidad de las iglesias particulares!

ü  La norma del arte de celebrar debería ser: “no digas lo que haces; haz lo que dices”. El primer nivel de creatividad que permite participación en una forma fructuosa en la liturgia está en el “hacer”. Hay que hacer la litrugia bien. Si decimos  “oremos”, deberemos hacer todo lo posible para que eso acontezca y lo facilite. ¿Porqué no añadir en ese momento algún gesto, alguna palabra que introduzca a la comunidad en oración? Para que esta oración sea auténticamente seria es preciso que el presbítero actúe no como lector, sino como orante. “Decir misa” era una expresión inadecuada totalmente, que mostraba una realidad penosa: el presbítero que lee, que dice, pero no que actúa ante Dios y en nombre de Dios. Se requiere una cierta capacidad creadora  e inspiración en “el hacer”. Muchas dificultades de acceso al sentido de las celebraciones litúrgicas se resolverían si los ministros ordenados “hicieran lo que dicen”, sabiendo que con poco se puede hacer mucho.

Los ministros ordenados tenemos mucha respoonsabilidad: hemos recibido el oro de la Liturgia del concilio Vaticano II, ¿qué estamos haciendo con este tesoro? La formación litúrgica no se reduce a lo aprendido -y a veces mal aprendido- en los años de formación teológica. La educación litúrgica debe durar toda nuestra vida ministerial. Un ministro ordenado debe descubrir la “mística” de aquello que celebra para facilitar escenaarios de auténtica espiritualidad. La liturgia fue considerada por los Padres Conciliares como “culminación y fuente” de la vida y misión. También necesitamos una “conversión litúrgica” que nos lleve a valorar los Sacramentos, a descubrir “su gracia transformadora”, a acogerlos como los grandes regalos de Dios y de su Presencia entre nosotros, a personalizarlos para que el Espíritu nos potencie y lance como testigos de la Resurrección y del mundo que Dios Abbá soñó.

3. ¿Qué podemos y debemos hacer?

La buena noticia es que no se puede ya volver atrás. El Espíritu del ecumenismo emergente de Consejo Mundial de las Iglesias, del Concilio Vaticano II y de la reforma litúrgica moderna no pueden fácilmente ser silenciados. Las cosas no están como antes de los documentos Lumen Gentium Unitatis redintegratio y Ut unum sint, o Nostrae aetate. Siguen siendo verdad las palabras de Robert Taft con motivo del premio Berakah recibido de la  North American Academy of Liturgy en 1985:

Ecumenism is not just a movement. It is a new way of being Christian. It is also a new way of being a scholar. Ecumenical scholarship means much more than scholarly objectivity, goes much further than just being honest and fair. It attempts to work disinterestedly, serving no cause but the truth wherever it is to be found. It seeks to see things from the other’s point of view, to take seriously the other’s critique of one’s own communion and its historic errors and failings. … In short, it seeks to move Christian love into the realm of scholarship, and it is the implacable enemy of all forms of bigotry, intolerance, unfairness, selective reporting, and oblique comparisons that contrast the unrealized ideal of one’s own church with the less-than-ideal reality of someone else.

 



[1] El movimiento litúrgico, movimiento que la Consstitución misma reconoce “como un signo de los designios providenciales de Dios sobre nuestro tiempo, como un paso del Espíritu en su Iglesia” (SC, 43).

[2] Cf. Bernard Cooke, Sacrosanctum Concilium: Vatican II time bomb, en Horizons 31/1 (2004), 105-112.

[3] El presidente era el card. G. Cicognani, prefecto de la Congregación de Ritos (+5 febrero 1962) y lo sustituyó el card. Arcadio M. Larraona; secretario A. Bugnini; miembros de la comisión fueron los obispos: K. Calewaert, J. Gogué, J. Hervás y Bonet, H. Jenny, S. Landersforfer, J. Malula, C. Rossi, F. Zauner; y otros 18 teólogos (entre ellos R. Guardini, J. Jungmann, G. Martínez de Antoñana, J. Quasten, M. Righetti, A. Roguet) y 37 consultores (entre ellos B. Botte, A. Chavasse, A. Dirks, A. Martimort, I. Oñativia, C. Vagaggini).

[4] Cf. Acta et Documenta, Series I, Appendix vol. II, Ciudad del Vaticano 1961, pp. 3-189, 193-197, 247-460.

[5] Cf. Acta et Documenta, Series II, vol. III (Ciudad del Vaticano, 1969), 7-68.

[6] Cf.Herman Schmidt, La Constitución sobre la Sagrada Liturgia. Texto, historia y comentario, Herder, Barcelona, 1967, pp. 90-98; cf. Marijuan Manzanares, Liturgia y descentralización en el Concilio Vaticano II. Las conferencias episcopales, eje de la reforma litúrgica conciliar, Analecta Gregoriana, Gregorian Biblical Bookshop, Roma , 1970.

[7] La comisión conciliar de liturgia tenía como presidente el card. A. M. Larraona, dieciséis miembros, elegidos por los padres conciliares el 20 de octubre de 1962 (F. Zauner, C. Rossi, K. Calewaert, H: Jenny, O. Spülbeck, F: Gtimshaw, P. Hallinan, G. Van Bekkum, J. Malula, G. Lercaro, A. Pichler, E. Rau, F. Jop, J. Enciso Viana, J. Martin, C. D’Amato. Además ocho miembros nombrados por el Papa: los cardenales Giobbe, A. Jullien, A. Albareda, y los obispos W. Bekkers, Fey Schneider, R. Masnou Boixeda, P. Schweiger, J. Prou. Posteriormente ue nombrado por el Papa el arzobispo E. Dante, seretario de la Congregación de Ritos. El presidente propuso también un secretario (F. Antonelli) y venticinco peritos en teología de entre los teólogos conciliares (entre ellos A. Bugnini, A. Dirks, C. Egger, J. Jungmann, A. Martimort, G: Martínez de Antoñana, M. Righetti, C. Vagaggini, D. Van den Eynde).

[8] El obispo de Ruteng (Flores, Indonesia), mons. Van Bekkum escribió en su carta pastoral de 1964: “Los padres del Concilio y en particular los miembros de las comisiones, incluso los peritos, consideraban como una de las mayores gracias de su vida el haber podido colaborar en esta Constitución (de Liturgia). A esto se añade la atmósfera fraterna que experimentaron los miembros de la comisión en las sesiones, así como la ágil y segura dirección de las mismas del presidente, su eminencia el cardenal Larraona, que a pesar de su edad avanzada –casi ochenta años- no faltó a ninguna de las sesiones los cuatro meses enteros que duró el trabajo. Su eminencia no dejó nunca la cosa de la mano, pero al mismo tiempo dejó a todos y a cada uno –fueran miembros o peritos- la plena y perfecta posibilidad de manifestar us opinión. Esta concordia y esta buena dirección se cuentan entre las numerosas circunstancias a las que en definitiva se debe también este buen resultado”: Herman Schmidt, La Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Herder, Barcelona, 1967, p.110.

[9] Cf. Acta et Documenta, vol. I, pars I (Ciudad del Vaticano, 1970), 257-664, pars II, 7-769.

[10] Cf. Francisco Gil Hellín, Constitutio de Sacra Liturgia: Sacrosanctum Concilium. Concilii Vaticani II Synopsis in ordinem redigens schemata cum relationibus necnon Patrum orationes atque animadversiones, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano, 2003, pp. 397-1071. Desde ahora en adelante citaremos esta obra con la sigla CdSL.

[11] Cf. intervenciones de los cardenales Frings –CdSL 399-400-, Lercaro – CdSL, 400-401- Montini – CdSL  402-403-, Spellman –CdSL, 404-, Doefner – (“ex corde commendo constitutionem de sacra Liturgia nobis propositam” y responde a las expectativas) CdSL, 406-), Silva Henríquez –CdSL,  408-409-, Rugambwa –(“Episcopi Continentis Africae, Madagascar et Insularum unanimiter magno cum Gaudio, schema hoc de sacra Liturgia receperunt”) CdSL, 416-417-, Ritter –CdSL, 421-, Léger –(“Magno cum gaudio et toto corde, approbo et mentem et plerasque propositiones illius prooemii et primi capitus… Nunquam, a primis saeculis Ecclesiae, mysterium paschale tanta in gloria repositum est”) CdSL, 435-, el patriarca Maximus IV Saigh –(“Le schéma, dans son ensemble, est excellent”) CdSL, 439- y los obispos Hervás y Benet  -CdSL, 414-415-, Bekkers –(“Nomine Conferentiae episcoporum Neerlandicae, tenorem generale sschematis Liturgiae maxime laudare, prasesertim quia in isto schemate loquitur magna pastoralis sollicitudo (theologice bene fundata”, CdSL,464-, Reetz (“Pulcherrimum schema de sacra Liturgia a comissione litúrgica preparatum et a commissione centrali emendatum, additis paucis mutationibus, approbari sine dubio potest” –CdSL, 476), Kemerer –(habla en nombre de 20 obispos quienes “iudicant schema de sacra Liturgia generaliter sumptum bonum, immo optimum esse” CdSL, 507-, Devoto –(“ Patres Conciliarii quorum nomines hic referentur iudicant schema de sacra Liturgia in genere optimus esse, habita ratione praesertim eius orientationis pastoralis, necnon eius conformiatis cum sana ac puriore traditione Ecclesiae” CdSL, 510-, Arikata –(en nombre de los obispos del Japón: “Magna tamen cum laude, vellem commendare hoc schema de sacra Liturgia, a commissione ima preaparatum”) CdSL, 411-.

[12] A ellos se refería el card. Montini cuando afirmaba: “Schema insuper non favet opinioni eorum, qui aserunt ritum debere ese omnino immutabilem” (CdSL, 402).  Se mostraron en desacuerdo con el esquema: el car. Ruffini (“Male mihi sonant vocabula “instaurare, instauratio”, que frequenter inveniuntur in schemate, perinde ac si finis quem de Liturgia sibi proponere debeat Concilium, sit omnia renovare vel reficere, cum id illa verba significent vel significare possint”: CdSL, 431) y los monseñores Dante (“non in ómnibus mihi placet… Concilium statuere debet tantum principia et normas generales ad S. Liturgiam instaurandum atque fovendam, et non ad nimia particularia descenderé”: CdSL, 413), Vagnozzi (“Ne nimio innovationis spiritu indulgeatur… “saepe verbosa apparent, magis poético et ascético, quam stricto theologico sermone concinnata”: CdSL, 415).

[13] Cf. Josepph d’Avack (“In ipsa constitutione desideratur definitio clara et exacta de Liturgia” –CdSL, 429), Van Lierde (“Novam disquisitionem circa sacrae Liturgiae naturam synthetice exarandam esse” –CdSL, 449-), Parente (“Utinam fuisset expressa quaedam definitio Liturgiae” –CdSL, 462-), Abilio del Campo y Bárcena (“Desideratur clara et accurata notio sacrae Liturgiae”, CdSL, 485-486).

[14] Cf. CdSL, 400-401. Se unió también a esta opinión Hervás y Benet: “Quamvis asseratur nullam dogmaticam definitionem hic esse pronuntiandam, altiora tamen principia et normas generales, ut fit in schemate, cum debitis correctionibus existimo esse exponenda, ne tota res de Lirurgia a Concilio tractanda” –CdSL 469-.

[15] “Sed pretium eius certe augeret si melius Trinitatis mysterium collustraret, praesertim si maiorem locum dare Spiritui Sancto, qui est revera ipsius Ecclesiae anima ac totius vitae liturgicae intimus actor”, CdSL, 409. En esta misma línea se expresaron otros Padres conciliares: Dionisio Hurley (“Motus liturgicus semper dúplex est: motus adorationis populi ad Deum Patrem per Christum Caput a Spiritu Sancto incitatus, et motus misericordiae a Deo Patre ad populum suum per Christum Caput in Spiritu Sancto. Dona illa aedificant corpus Christi, populum Dei, communitatem christianam”: CdSL, 418).

[16] “Primatus caritatis in vita Ecclesiae, unde clarius in activitate litúrgica excludatur periculum alicuius “formalismi” qui caritatem non spectaret uti culmen vitae christianae”: CdSL, 409.

[17]  “Spiritum Sanctum, caritatem et doctrinam de sacerdotio laicorum. In schemate autem Spiritus Sanctus plus minusve latet”: CdSL, 426.

[18] CdSL, 501. Henricus Jenny pidió que se añadiera “in aqua et Spiritu Sancto”, ut nominetur Spiritus (saltem semel) in isto capite. De Spiritu Sancto et e Tribus Personis loquendum esset in toto hoc capite” CdSL, 505.

[19] En su intervención Francisco Marty dijo: “Indicatur sacrificium eucharisticum esse centrum et fontem vitae Eccleiae. Non satis dicitur, mea quidem humili sententia, quod Ecclesia, essentia sua missionaria, traducere debet in sua Litrgia hanc functionem essentialem. Ex hoc, Eucharistia, vel melius communitates eucharisticae, ut sun paroeciae, praebere debent spiritum missionarium”: CdSL, 501. También intervino en este sentido Dionysius Hurley: “Vita Eclesiae natura sua apostolica et missionaria est, et ad spiritum apostolicum constituendum necessaria sunt illa tria elementa: doctrina, liturgia et testimonium vitae christiaae… Si spiritum apostolicum in Ecclesia renovare volumus necessarium erit vitam liturgicam restaurare”: CdSL, 418.

[20] “Si Ecclesia essentialiter ut missionaria habetur, in su vita litúrgica semper parata ese debet ad evangelizandos omnes homines, non tantum modo secundario et accidentali”: CdSL, 501.

[21] Ioseph Gawlina: ”unos buscan el esperanto como lengua común mundial, nosotros tenemos el latín” CdSL, 459-460.

[22] Mons Dante decía: “Lingua adhiubenda in ritu romano in integra Missa et Officio divino sit lingua latina. Vernaculae linguae unice adhibendae sunt in catechesi et sermone ad populum” (CdSL, 413-414). En el mismo sentido el latinista card. Bacci (CdSL 447-449) y obispo Armando Fares: “In mundo hodierno fovenda est maxime ad unitatem in sacra Liturgia… Sit ergo una lingua, id est, latina”: CdSL, 322. El card. McIntyre se expresó en la misma clave: “Introductio linguae vulgaris debet separari ab actione sacrae Misaae. Sacra Missa debet remanere ut es. Gaves mutationes in liturgia introducunt graves mutationes in dogmata”: CdSL,  435.

[23] Cf. la intervención del card. Rugambwa: “Episcopi continentis Africae… maximi momento aexistimant usum linguae vernaculae in iss liturgiae partibus quae ad populum diriguntur”: CdSL,  416-417. El card. Feltin intervino a este respecto diciendo: “Lingua latina, fateor quidem, quibusdam populis quórum sermo propinquior, oneri non est; sed scio in multis aliis regionibus, praesertim missionum, huius lingue in Liturgia usum exclusivum etiam graviora incommoda praebere”: CdSL, 433. El card. Eugenio Tisserant, tras unas reflexiones históricas expresó la siguiente conclusión: “Haec sufficiunt ad demonstrandum quod ex parte historiae nihil est obiciendum ne translationes librorum liturgicorum ritus romani in linguas vernáculas fiant”: CdSL, 442. Ludovicus La Ravoire Morrow veía en el uso del latín un obstáculo para el encuentro ecuménico: CdSL, 475..

[24] Así el card. Frings (CdSL, 399-340); también el card. Valeriano Gracias: CdSL, 442.427.

[25] Maximo IV Saigh dijo en el aula conciliara: “l me sembe que la valeur quasi absolue que l’on veut donner au latin dans la litugie, dans l’enseignement et dans l’administration de l’ Élgise latine, représente, poru l’Église Orientales, quele chose d’assez anormal; car enfin le Christ a bien parlé le langage de son temps.. Cèst bien aussi dans la langue comprise de tous ses auditeurs l’araméen, qu’il a offert le primier sacrifice eucharisique… La langue latine est morte; mais l’Eglise reste vivant, car il est hircule de la gräce et du Saint-Esprit”: CdSL, 439.

[26] “Illi textus hominum operariorum expectationi valde respondent. Sunt inter vos, venerabiles Patres, qui sicut ego ipse pro Christo laborant in inmensis civitatibus quae vulgo dicuntur agglomerationes urbanae”. Hic praesertim in suburbio, multi sunt operari, pueri, iuvenes, adulti; plurimi sicut in missionibus sunt pagani vel ut tales vivunt. Non pauci, et hic est dolor noster, sunt quaisi post-christiani, quia eorum parentes aut aevi erant fideles. Attamen sicut fermentum adsunt ardentes et apostolici laici. Christi sunt testes in scholis, fabriis et domibus. Ecclesiam diligunt, pro ea saepe patiuntur, in illam sperant quia, ad verda quae Summus Pontifex noster Ioannes elegit: Ecclesia est Mater et Magista. Sed cum veniunt ad Missa, sive domina sive vesperi post pondus diei, ídem exspectant. Ecclesia erit Magistra illos docento ef fidem nutriendo in ea lingua qua ipsi quotidie Christum annuntiant. Ecclesia erit Mater orando, partim sed publice, in lingua filiorum suorum. Hoc erit operariis signum novum materna sollicitudinis suae”: CdSL, 481-482.

[27] Henricus Rau: cf. CdSL, 483-485.

[28] Respecto al argumento de que la “lingua latina a multis ut signum vel medium unitatis in Ecclesia habetur”, responde: “fons unitatis Spiritus Sanctus est, qui obstaculum linguarum cunstarum superávit, primo Pentecoste –et superabit in futuro- non lingua única eaque latina, sed illustratione mentis et cordis amore: CdSL, 508.

[29] Mons. Hervás dejó esta frase: ““Relinquamus vías extremas et viam mediam ademus”: CdSL, 470.

[30] “Sicuti sanguis Christi “pro multis effundetur” (canon Missae), ota propter homines sunt sacramenta… Obiectum primariae sollicitudinis Ecclesiae sacram Liturgiam renovantis, ipsorum hominum necessitates ese debet”: CdSL, 436.

[31] Cf. CdSL, 484.

[32] Cf. CdSL, 408.

[33] “Sola liturgia que existit in máxima conformitate cum vita hominis quotidiana potest operari ut elementum integratum et integrans eiusdem vitae”: CdSL, 420. “Reddere possibilem illam participationem ampliorem quae est ius et officium laicorum significat accomodare iinstitutiones liturgicae conditionibus actualibus: CdSL, 421.

[34] El card. Silva Henríquez dijo: “Necessarium videtur in constitutione proponere synthesim bíblico-patristicam de doctrina sacerdotii spiritulis laicorum, qui Baptismatis character est participatio sacerdotii Christi”: CdSL, 409. El obispo Sergio Méndez de Arceo intervino también en esta línea: “Doctrina de sacerdotio fidelium in Ss. Scripturis inveniatur … cumque inter fundamenta actionis cultualis merito connumeretur, preopportunum videtur ut de ea fusius in hac constitutione loquatur” CdSL,  427.

[35] Sergio Méndez Arceo decía: “Inserere Liturgiam in sensus, in intellectum, in corda fidelium, et fideles inserere in liturgicas actiones secundum regale sacerdotium baptizatorum membrorum Corporis quod est Ecclesia, nihil aliud est quam actuosa et conscia participatio”: CdSL, 424.

[36] Cf. Armando Fares: “Ritus sint simplices vel simplificentur”: CdSL, 422. También Georgius Kemerer, en nombre de 20 obispos, pidió la simplificación de los ritos: “Ritus modo simplici et claro exstruantur, sint brevitti perspicui et repetitiones inutiles evitent, sint fidelium captui accommodati, neque generatim indifeant multis commentariis ut intelligantur” Y pide que se añada: “proinde signa sacramentalia vera significationes ditentur, v.g., panis eucharisticus speciem veri panis prae se ferat”: CdSL, 508.

[37] En este sentido intervino mons. Jacinto Argaya Goicoechea: “De sollemnibus quibusdam cultus liturgici formis simplificandis… Humanae pompae praeteritarum aetatum vestigia aut dominio terreni temporalisque reliquiae, aut personalium privilegiorum ab Imperatoribus vel Principibus obtentorum indicia”: CdSL, 422.

[38] Cf. Acta et Documenta, vol. I, pars III (Ciudad del Vaticano, 1970), 53

[39] Cf. Acta et Documenta, vol. II, pars IV (Ciudad del Vaticano, 1973), 407.

[40] “Cupimus… omnino e sacro cultu tollantur illa ornamenta ac species externae, quae ad dignam claritatem et ad sobriam pulchritudinem nihil conferunt, quin immo saeculi peracto vanitatem aliquo modo sapiunt, vel innoportunam magnificentiam aut etiam locupletem pompam… Homines proprius et melius vultum Dei in paupertate percipiunt ac proprius et efficacius vocem Dei in paupertate audiunt”:  CdSL, 936. También el obispo francés Gouyon se preguntaba si no se corre el riesgo de que el exesivo fasto en el culto divino provoque no sólo extrañeza, sino hasta escándalo: cf. CdSL, 598-599.

[41] “Para conservar la sana tradición y abrir, con todo, el camino a un progreso legítimo, debe preceder siempre una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral, acerca de cada una de las partes que se han de revisar. Téngase en cuenta, además, no sólo las leyes generales de la estructura y mentalidad litúrgicas, sino también la experiencia adquirida con la reforma litúrgica y con los indultos concedidos en diversos lugares. Por último, no se introduzcan innovaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia, y sólo después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes. En cuanto sea posible evítense las diferencias notables de ritos entre territorios contiguos” (SC, 23).

[42] Carácter intertextual de los temas del Vaticano II: Cf. John W. O’Malley, What Happened at Vatican II (Cambridge, Mass.: Harvard University, 2008) 309-12.

[43] Cf. Nicholas Lash, Theology for Pilgrims (Notre Dame, Ind.: University of Notre Dame, 2008) 226-28.

[44] Charles Taylor, A Secular Age (Cambridge, Mass.: Belknap of Harvard University, 2007) 352-418.

[45] Cf. André Naud, Le magistère incertain (Montréal: Fides, 1987); Francis A. Sullivan, Magisterium: Teaching Authority in the Catholic Church (New York: Paulist, 1983).

[46] Cf. Thomas Stubenrauch, Wer ist Träger der Liturgie? Zur Rezeption des II. Vatikanischen Konzils im Codex Iuris Canonici von 1983 (Trier: Paulinus, 2003) esp. 343-52.

[47] “La legitimación de un concilio y su autoridad es esencialmente diferente de aquella de una asamblea constitucional de un estado moderno.. Por esta razón  el texto conciliar posee una autoridad esencialmente diferente de aquella de un texto constitucional”. Pero tienen semejanzas. Hünermann subrayó analogía entre una “constitución” y los documentos finales del Vaticano II; 1) Situación de crisis o necesidad histórica; 2) la cualidad de los textos finales, en cuanto textos discutidos y aprobados por asambleas representativas de diferentes puntos de vista; 3) la semejanza con los procesos de las asambleas plenarias; 4) la relación entre los temas y los textos que describen e influencia la situación; 5) l relación entre la aprobación final de una constitución y el acto de recepción del Vaticano II.

[48] Cf. Díez Valladares, Lino Emilio, Liturgia semper reformanda. Actualidad de una adagio tradicional, en Razón y Fe, 266 (2012), pp.159-166; Arocena, F. M., en Asociación española de profesores de Liturgia (= AEPL) (ed.), La liturgia en los inicios del tercer milenio. A los XL años de la Sacrosanctum Concilium, Bilbao: 2004; Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Sacramentum caritatis, AAS 99 (2007) 105-180 (=SCa); Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Verbum Domini, AAS 102 (2010) 681-787; Catechismus Catholicae Ecclesiae, Libreria Ed. Vaticana, 1997; trad, española, Editores del Catecismo, 1999 (= CCE); Faggioli, Massimo, Quaestio disputata. Sacrosanctum Concilium and the meaning of Vatican II, en Theological Studies 71 (2010), 437-453; Ferrone, Rita, Liturgy: Sacrosanctum Concilium (New York: Paulist, 2007), 19-50; Gil Hellín, E, Concili Vaticani II Synopsis in ordinem redigens schemata cum relationibus necnon Patrum orationes atque animadversiones. Constitutio de Sacra Liturgia, Libreria Editrice Vaticana, 2003; Grillo, Andrea, La nascita della liturgia nel XX secolo: Saggio sul rapporto tra movimento liturgico e (post-) modernità (Assisi: Cittadella, 2003); Häussling, “Pascha-Mysterium: Kritisches zu einem Beitrag in der dritten Auflage des Lexikon für Theologie und Kirche,” Archiv ßr Liturgiewissenschaft 41 (1999) 157-65; Jackson, Pamela, “Theology of the Liturgy,” in Vatican II: Renewal within Tradition, ed. Matthew L. Lamb and Matthew Levering (New York: Oxford, 2008) 101-28; Jackson, Pamela, An Abundance of Graces: Reflections on Sacrosanctum Concilium (Mundelein, 111.: Hillenbrand 2004); Juan Pablo II,  Carta Apostolica Vicesimus quintus annus, AAS 81 (1989) 897-918; Juan Pablo II,  Carta Apostolótica Vicesimus Quintus, en Actae Apostolicae Sedis  81 (1989), 897-918; Juan Pablo II,  Exhortación apostólica Reconciliatio et Paenitentia, AAS 11 (1985) 185-275; Juan Pablo II, Carta Apost. Dominicae Cenae, AAS 66 (1974) 113-168; Juan Pablo II, Carta Apostolica Dies Domini, AAS 90 (1998) 713-766; Juan Pablo II, Enciclica Ecclesia de Eucharistia, AAS 95 (2003) 433-475; Juan Pablo II, Motu proprio Misericordia Dei, AAS 94 (2002) 452-459; Kaczynski, Reiner, “Theologischer Kommentar zur Konstitution über die Heilige Liturgie Sacrosanctum Concilium,” en Herders Theologischer Kommentar 2:9-227; López Martín, Julián, Actualidad de la Constitución «Sacrosanctum concilium» del concilio Vaticano II,  en Scripta Theologica, 43 (2011), pp. 685-699; Marini, Piero, A Challenging Reform: Realizing the Vision of the Liturgical Renewal, 1963-1975, ed. Mark R. Francis, John R. Page, and Keith F. Pecklers (Collegeville, Minn.: Liturgical, 2007); Massimo Faggioli, Reforming the Liturgy-Reforming the Church at Vatican II: The Deep Implications of Sacrosanctum Concilium, Liturgical Press, 2013; Melloni, Alberto, “Sacrosanctum Concilium 1963-2003: Lo spessore storico della riforma liturgica e la ricezione del Vaticano II, en Rivista liturgica 90 (2002) 915-30; Mosebach, Martin, Eresia dell’informe: La liturgia romana e il suo nemico, Cantagalli, Siena,  2009; Muroni, P., «Sacrosanctum Concilium cuarenta años después», Phase 259 (2004) 71-79;  Nichols, Aidan, Looking at the Liturgy: A Critical View of Its Contemporary Form (San Francisco: Ignatius, 1996); Oñatibia, L., «El Catecismo de la Iglesia Católica en comparación con la Sacrosanctum Concilium», en Phase 194 (1993); Pablo VI, Encíclica Mysterium fidei, AAS 57 (1965) 753-774;  Pio XII, Encíclica Mediator Dei, AAS 39 (1947) 521-595; Prétot, Patrick, “La Constitution sur la liturgie: Une herméneutique de la tradition liturgique,” en Vatican II et la théologie: Perspectives pour le XXIe siècle, éd. Philippe Bordeyne and Laurent Villemin (Paris, Cerf: 2006) 17-34; Rouillard, Philippe, L’état actuel de la réforme liturgique 50 ans après Vatican II, en Théophilyon XV-1, (2010), pp. 9-26; Rouillard, Philippe, Le nouveau rituel du mariage, en Esprit et Vie n° 150 (mai 2006), 1-10; Sodi, M., «La Sacrosanctum Concilium e i suoi commenti dal 1964 ad oggi», en Notitiae 20 (1983) 571-607; Tena, Pere, «Vigésimo aniversario de la Constitución Sacrosanctum Concilium», Phase 137 (1983) 351-359; Zanon, G., «I bilanci sulla costituzione Sacrosanctum Concilium e la sua attuazione», en Rivista Liturgica 11 (1990) 119-128.

 

[49] Desde el punto de vista ecuménico tenemos todavía un gran camino que recorrer. Presento seguidamente una extensa bibliografía tomada de la revista “Liturgical Ministry”: cf. Barth, Samuel, “Symbols in Jewish Worship: Continuity and Change in a Self-Conscious Era”, en Liturgical Ministry 2 (1993): 138-48;  Bronstein, Lester, “Theology and Ritual of Jewish Marriage Rites”, en Liturgical Ministry 5 (1996): 37-41; Butler, David,  “Mary in  Re-Reformed’ Tradition“, en Liturgical Ministry 6 (1997): 31-36; Del Colle, Ralph, “Ecumenical Dialogues: State of the Question“, en Liturgical Ministry 19 (2010): 105-14; Duba, Arlo D., “Liturgy of the Hours : The Perspective of the Reformed Tradition” en Liturgical Ministry 2 (1993): 89-97; Fink, Peter E., “Eucharist as a Call to Unity“, en Liturgical Ministry 17 (2008): 105-13; Flanagan, Brian P., “Cry to the Spirit that Unity May Come’: Liturgy, Ecumenism, and the Theology of Jean-Marie Tillard, OP.“, en Liturgical Ministry 19 (2010): 115-22; Galadza, Peter,  “Marriage Rites in the Byzantine Tradition“, en Liturgical Ministry 5 (1996): 27-33; Johnson, Maxwell E., “Tempus per annum: Celebrating the Mystery of Christ in All Its Fullness“, en Liturgical Ministry 17 (2008): 153-63; Moore-Keish, Martha L., “The Grace and Ambiguity of Worship: What Can Catholics Learn from Protestant Liturgy?“, en  Liturgical Ministry 19 (2010): 123-27; Nitschke, Beverley A., “Eucharist: Forgiveness of Sins or Reconciliation?“, en Liturgical Ministry 1 (1992): 85-92; Pecklers, Keith F. ,“Is Liturgy Truly Being Prophetic?”, en Liturgical Ministry 17 (2008): 14-18; Stancliffe, David, “Liturgy and Ecumenism“, en Liturgical Ministry 17 (2008): 114-26; Zimmerman, Joyce Ann, “Baptism Today: Understanding, Practice, Ecumenical Implications”, en Liturgical Ministry 18 (2009);  Zimmerman, Joyce Ann, “One Baptism: Ecumenical Dimensions of the Doctrine of Baptism“, en Liturgical Ministry 19 (2010): 45.

[50] “Oh Dios que has preparado bienes inefables para los que te aman, infunde tu amor en nuestros corazones, para que amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo” (domingo vigésimo del tiempo ordinario). “Oh Dios, fuente de todo bien, escucha sin cesar nuestras súplicas, y concédenos, inspirados por ti, pensar lo que es recto y cumplirlo con tu ayuda” (domingo décimo del tiempo ordinario).

[51]  “Para promover la participación activa se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas corporales. Guárdese, además, a su debido tiempo, un silencio sagrado” (SC, 30).

 

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