“Nuevo ateismo”, escenario de nueva evangelización

El fenómeno del “nuevo ateismo” nos desafía de una manera ineludible. Nos está pidiendo entrar en procesos de conversión pastoral y misionera. Son la expresión más radical de una sociedad que busca argumentos para alejarse de Dios, para desprestigiar los sistemas religiosos, especialemente el sistema religioso cristiano. Para ellos y ellas todo puede funcionar bien sin Dios y, por eso, Dios probablemente no existe. Disminuye la influencia de la religión en la cultura occidental. Pero ¿cómo favorecer la seducción de Dios en un tiempo en que se proclama la “decepción de Dios”?

Los “nuevos ateos” nos acusan

Una de las acusaciones de los bestsellers del “nuevo ateísmo” es que la cristiandad es directamente responsable de causar en sus fieles la violencia en nombre de su fe[1].

El Dios judeo-cristiano mandó a su pueblo “masacrar a los madianitas, apedrear a las prostitutas, ejecutar a los homosexuales, cortar la cabeza a los herejes e infieles, expulsar a los protestantes, negar la medicina a niños que estaban muriendo, lanzar aviones contra rascacielos”[2].

Richard Dawkins escribió:

“la psiqué humana tiene dos grandes enfermedades: la urgencia por tomar venganza a lo largo de las generaciones y la tendencia a poner etiquetas a la gente en lugar de ver en ellos individuos. La religión abrahámica sanciona fuertemente a ambas. Solo quien esté voluntariamente ciego dejará de  ver cuán implicada está la religión en la mayoría de las enemistades violentas de nuestro tiempo”[3].

Steven Weinberg también dijo:

“Gente buena hace obras buenas, gente mala hace obras malas, cuando gente buena hace obras malas ahí tenemos a la religión”[4].

Aunque los nuevos ateos pueden aducir no pocas casos de violencia llevados a cabo por los cristianos hay que reconocer como, el ateo Michael Shermer que

“por cada una de estas grandes tragedias hay diez mil actos de amabilidad personal, de bien social de los que apenas se sabe públicamente nada- La religión no puede ser reducida a un no-ambiguo mal”[5].

Nuestra oportunidad evangelizadora

Ante un tal escenario, hemos de decir que el nuevo ateísmo nos ofrece la oportunidad de repensar nuestras creencias y actitudes hacia los no-cristianos que no las comparten[6].

El mandato misionero de Jesús y la inculturación de nuestra fe no son la causa de la violencia en los cristianos; la causa es una visión reductiva de la fe. El problema consiste en ver hacia dónde nos llevan nuestros puntos de vista filosóficos de persuasión. Todo esto se puede evitar si:

  • Se renuncia a un  cristianismo uniforme, que todo lo reduce a blanco y negro, que tiene una visión rígida de la verdad; a considerar a los de afuera como enemigos que deben ser castigados porque piensan distinto. El pensamiento católico no tiene que ver con absolutos, permite una gran variedad de interpretaciones dentro de un panorama ortodoxo. La verdad es sinfónica.
  • Se asumen críticamente aquellas normas culturales restrictivas que distorsionan las enseñanzas de la fe cristiana, como el sexismo, el racismo, el clasismo, el patriarcalismo, el chauvinismo. La fe no se identifica con estos elementos culturales. Y no se identifica la fe con el poder político y sus intereses.
  • Si no se acepta un fideísmo que renuncia a la razón. La fe nunca es ciega. Está acompañada por la razón.
  • Si se utiliza el discernimiento humilde para reconocer la voluntad de Dios y ésta no se identifica fácilmente con nuestras luces y cuando no se adopta el fundamentalismo bíblico.
  • Cuando no se justifica cualquier medio para conseguir un fin.

Por eso, en el nuevo ateísmo pueden invitarnos a denunciar formas inadecuadas de evangelización y de presentación de la fe



[1] Tomado de Glenn B. Siniscalchi, Evangelization and the new atheism,  en American Theological Inquiry,15 (2009), pp. 29-41.

[2] Cf. Stven Pinker, The Blank Slate: the modern denial of human nature, Vijing Books, New York 2002, p. 189

[3] Richard Dawkins, The God delusion (2006)

[4] Steven Weinberg, A designer universe?, en “The New York Review of Books”, vol. 46, no. 16 (october, 21, 1999, p 48.

[5] Michael Shemer, How we believe, Freeman Publishing, New York, 2000, p. 71.

[6] Cf. Merold Westphal, Suspicion and faith: the religious uses of modern Atheism Fordham Univeristy Press, New York, 1998.

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