Le Blanc, el monasterio que acepta a religiosas con síndrome de Down

religiosas_sindrome_DownSon contemplativas, siguen la regla de San Benito y viven felices. Su vocación junto a otras hermanas “válidas”. Es probablemente una experiencia inédita en la “vida consagrada”. Pero ¿porqué no? Cuando en Europa nos lamentamos de la falta de vocaciones, tal vez sea porque ya tenemos un “cliché” inamovible. ¿No habrá personas con un carisma así? ¿No será ésta otra forma de mostrar la admirable ductilidad y capacidad de adaptación del gran carisma de la vida consagrada? Ser fundador o fundadora es dejarse llevar por la imaginación y fantasía del Espíritu. Agradezco a la periodista Mar Velasco del periódico “La razón” este artículo.

Hace apenas unos días que un actor con síndrome de Down, Pablo Pineda, ganaba el premio al mejor actor en el Festival de Cine de San Sebastián, con una película («Yo, también») que habla de amor, de ternura y de la capacidad del ser humano para romper barreras. La misma historia que se lleva viviendo desde hace 24 años en el monasterio de Le Blanc, en Francia. Allí, la comunidad de Hermanitas Discípulas del Cordero acoge a jóvenes con síndrome de Down en su congregación. Una característica atípica en el mundo de las comunidades religiosas, donde las exigencias propias de algunas congregaciones hacen muy difícil esta integración. La posibilidad de que una persona con discapacidad pueda formar parte de una comunidad depende de los requerimientos de cada una: «Lo importante es que esta discapacidad no constituya un obstáculo o dificultad insuperable para poder llevar adelante la vida propia de la congregación, orden o instituto. No se trata de una especie de discriminación, sino más bien de un acto de caridad para con estas personas, pues puede ser muy frustrante para ellas el no poder realizar aquello a lo que se han comprometido al emitir los votos», explican desde la web www.vocación.org. Pero para las Discípulas del Cordero, no existe impedimento alguno. Fundada en 1985, su vocación es eminentemente contemplativa, basada en la Regla de San Benito y en el camino de la Infancia Espiritual de Santa Teresa del Niño Jesús, y ofrece a las jóvenes con síndrome de Down la posibilidad de realizar su vocación religiosa, acompañadas por otras Hermanas «válidas» de la comunidad. Para Dios no hay obstáculos «Aunque en el ámbito del espiritual, los términos de “validez” y de “discapacidad” deben relativizarse», afirma la hermana Line, responsable de la comunidad. «La discapacidad más grave ¿acaso no es la producida por el pecado, que obstaculiza la vida de Dios en el alma?», se pregunta. «Una persona que acoge plenamente la gracia se construye y se abre también humanamente», asegura. La vida cotidiana se ajusta al «ora et labora» benedictino: participan en la misa, hacen oración y realizan trabajos de costura, bordados, repostería, etc. La comunidad está asistida por el monasterio benedictino de Fontgombault. Hoy, la comunidad reúne bajo el mismo techo a diez hermanas, felices por igual.

(Tomado del periódico La Razón, 28 octubre 2009:  Mar Velasco)

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Una Respuesta a Le Blanc, el monasterio que acepta a religiosas con síndrome de Down

  1. maria gonzalez dijo:

    Agradesco a Dios y esta congregacion por aceptar a estos angelitos que Dios nos ha enviado yo apenas me acabo de dar cuenta que existia esta congregacion y que si mi hija en un furo asi lo quisiera podria servirle a nuestro padre Dios ,consagrandose a el para compartir ese amor y esa alegria que las caracteriza.
    Qu Dios llene de vendiciones esta congregacion y nuestras hijas escuchen el llamado de Dios para su servicio .

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