¡ELOGIO DE LA FIDELIDAD CREADORA!

Resultan cada día más admirables millones de mujeres y hombres que son servidores de Dios, fieles, laboriosos, creadores y artistas…. Tal vez, este domingo -15 de noviembre de 2020, podría denominarse día del homenaje a la fidelidad creadora.

¡Amor artista, creador y productivo!

La lectura del libro de los Proverbios y el salmo 127 son hoy un canto a la capacidad creadora, al arte, a la belleza de las relaciones entre los seres humanos. El hogar familiar es contemplado como espacio de amor, de acción creadora; la mujer –esposa, madre, organizadora y proveedora social- constituye su centro imprescindible. En ella lo más importante no es la fugaz belleza juvenil, sino la belleza interior cuyos rasgos son:

  • Temerosa de Dios: lo respeta, lo adora con su vida, vive en su presencia.
  • Fiel a su alianza esponsal: su marido se fía de ella. 
  • Hacendosa, trabajadora, providente.
  • Artista en el arte de tejer y la gente se hace lenguas de ella.
  • Esta mujer es una perla preciosa, única.

El salmo 127 añade el aspecto de de la maternidad fecunda:

  • parra fecunda en medio de la casa
  • los hijos como renuevos de olivo
  • son la bendición del varón.

¡Es lícito interpretar a esa mujer-perla, hacendosa, esposa y madre, artista y providente de los pobres como un símbolo del pueblo de Israel, esposa de Dios: como la mujer de su Alianza. Eso es lo que Dios espera de su esposa: el amor creador, fecundo, productivo.

¡Amenazados de vida!

Esa imagen de la mujer hacendosa es válida para todos los seres humanos. Estamos en la tierra para realizar una misión. Nuestro Señor parece haberse ido. Nos toca a nosotros administrar los bienes que ha puesto en nuestras manos, los carismas con lo que nos ha agraciado. 

Llegará cuando menos lo pensemos, como llegan los ladrones en la noche. Es para nosotros como una paradójica amenaza de vida. Nos atacará con su bendición, su luz, los regalos que se añadirán a los ya recibidos. Estamos amenazados de Luz, de Vida. Que tiemble todo el mundo de las tinieblas, pues el Hijo del Hombre vendrá cuando menos lo pensemos. Y comenzarán los dolores… ¡dolores de parto! porque algo nuevo va a nacer en medio de tanta oscuridad y tristeza.

 ¿Nos cuesta entender qué significa esto del “Día del Señor”? No situemos este día únicamente allá, al fin del mundo, en un tiempo inaccesible para la mayoría de nosotros. El Señor viene. Sólo hace falta que clamemos con pasión por su venida, que gritemos como los primeros cristianos: ¡Marana Tha, ven Señor Jesús! Decía el teólogo Metz en uno de sus escritos que si Jesús, el Señor, no viene, es porque no lo deseamos con suficiente deseo.

¡Cuando se ama mucho… se exige!

La parábola de Jesús se ceba en la figura del pobre empleado que recibió un solo talento y no fue capaz de negociar con él. El hombre de negocios sólo tiene como objetivo la ganancia. No tolera el mínimo descuido en el negocio. Se caracteriza por su exigencia, por su minuciosidad en pedir cuentas. El empleado del caso quiere explicar su actuación con razones psicológicas: ¡tuve miedo! Además, es honesto y le dice: ¡Aquí tienes lo tuyo!

El hombre de negocios no entiende de excusas. Es un negociante implacable. Se atreve además a ofender al hombre que hizo lo que él sentía que debía hacer. “¡Eres un empleado negligente y holgazán! ¡empleado inútil! ¡Echadlo!”. Lo único que le interesa al negociante es “lo suyo”: “Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo  pudiera recoger lo mío con los intereses”.

Nos preguntamos: ¿cómo puede ponernos de Jesús un ejemplo así? ¿Se parece ese hombre de negocios en algo a Dios? ¿No será Dios mucho más comprensivo con nuestros miedos, con nuestras reservas y pusilanimidades?

Los talentos tienen aquí un valor más intenso que el meramente crematístico. Tienen un valor afectivo. Se trata de una relación de Alianza de amor, en la que hay infidelidad. Y la infidelidad a la Alianza se manifiesta en el desánimo, la atonía, el desinterés, el desamor. Quien hizo la Alianza no puede tolerar tanta indolencia. Sin embargo, se siente cautivado por aquel que se tornó todo creatividad, respuesta, producción: ¡el siervo fiel que recibió los diez talentos!

Si estamos de parte de nuestro Dios, seamos conscientes de que nos quiere activos, creadores, mujeres y hombres con iniciativa. Su amor es fuente de exigencia, como un entrenador a su mejor jugador, un maestro a su mejor alumno…

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