“SE LE CONMUEVEN LAS ENTRAÑAS” – Domingo XI del tiempo ordinario, ciclo A.

¿Nos suena familiar? Ese mismo Jesús nos mira hoy. Con esa misma mirada. No ve nuestros fallos primero. Ve nuestro cansancio. Ve que a veces nadie nos cuida. Y siente compasión.

Esa palabra en griego —splanchnízesthai— significa que algo se le mueve en las entrañas. No es pena desde arriba. Es dolor compartido desde dentro. Y… entonces dice algo sorprendente. No dice: “voy a arreglarlo todo yo.” Dice:

“la mies es abundante, pero los obreros son pocos.
Pedid al dueño de la mies que mande obreros.”

Jesús necesita manos. Nuestras manos. Y llama a doce. No a doce superhéroes. A doce personas normales, con sus miedos y sus contradicciones. Y les da su misma misión: ¡curad, consolad, liberad!

Gratis. Lo recibisteis gratis, dadlo gratis. Aquí está el escándalo del evangelio de hoy. Lo que Dios nos ha dado —su amor, su perdón, su paz— no es nuestro para guardarlo. Es nuestro para repartirlo.

¿Cuánta gente hay a nuestro alrededor que está extenuada? ¿Cuántos están solos, sin que nadie los mire de verdad? Nosotros podemos ser ese obrero que Jesús está esperando. No hace falta ser perfecto. Solo disponible.


“Pedid al dueño de la mies…”

Empecemos ahí. En la oración. Pidamos ser enviados. Y luego miremos a nuestro alrededor con los ojos de Jesús.

Impactos: 26

Esta entrada fue publicada en General. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *