DEICIDIO, HOMICIDIO, SUICIDIO – ¡MATAR AL AUTOR DE LA VIDA!

Es extraño que las lecturas primera y segunda de este tercer domingo de Pascua -18 de abril , nos hablen del “pecado”: la lectura de los Hechos de los Apóstoles nos lo presenta como “deicidio” (“matar al Autor de la Vida”) y la lectura de la carta de Juan como “mentira”. Por muy inteligentes que seamos, se nos oculta casi siempre el mal. Es muy difícil descubrir que es real, porque el mal se camufla, nos engaña. Por eso, la realidad del mal, no nos aterra y convivimos con ella como con un monstruo transfigurado, como con un lobo con piel de oveja: el mal nos lleva a eliminar a Dios, a eliminar a la persona que se nos opone… y, al final… a ¡eliminarnos a nosotros mismos! ¿Somos conscientes de ello?

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EN EL MUNDO DE LA PALABRA

¡Cuántas palabras nos entrecruzamos los seres humanos! ¡Cuántas palabras dichas, cuántas palabras escritas, cuántas palabras sugeridas! ¡Cuántos gestos-palabra, cuántas creaciones artísticas que hablan, que expresan! Vivimos en el mundo de la Palabra.

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COMUNIDADES-NICODEMO: ¿”NACER DE NUEVO?

Hoy, el cuarto evangelio proclamado en la Eucaristía, nos relata el encuentro de Jesús con el anciano Nicodemo. Me ha venido enseguida a la mente, el encuentro de Jesús con una comunidad “envejecida”. Y ello me ha evocado unas páginas de mi libro “Otra comunidad es posible bajo el liderazgo del Espíritu”, en las que reflexiono sobre un testimonio de Constance FitzGerald, OCD, carmelita contemplativa. Aunque no es muy reciente, sí nos habla de aquello que nos puede suceder, también hoy. Ella nos relata el sueño de su comunidad, que consistió en reinterpretar la tradición de su instituto en los tiempos en que nos encontramos y vivimos[1]. Mostró cómo una comunidad envejecida puede nacer de nuevo. He aquí su testimonio:

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“SUPERVIVIENTES” – ¡MISTERICORDIA ENTRAÑABLE!

Nuestra vida pende de un hilo. No somos necesarios. Quizá pudiéramos definirnos como “supervivientes”, afortunados supervivientes. Somos el resultado de un juego, de un azar. No, la conclusión de un serio silogismo o razonamiento, o el resultado riguroso de unos presupuestos.

Entre los millones y millones de posibilidades que había en el momento de nuestra fecundación, nos tocó en suerte la existencia precisamente “a nosotros”, “a mí”. Otro óvulo, otro espermatozoide habría dado la existencia a un “hermanito o hermanita”, pero ¡no a mí! Millones de hermanitos o hermanitas quedaron convertidos en posibilidad pasada. ¡Perdieron ya su posibilidad de existir!

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LA CONSAGRACIÓN CRISTIANA FUNDAMENTAL – UNCIÓN DEL ESPÍRITU

Le damos mucha importancia a la “consagración episcopal”. Le damos mucha importancia a “la ordenación sacerdotal”. Le damos mucha importancia a la “consagración religiosa”, hasta el punto de definirla como “vida consagrada”. El Bautismo-Confirmación, los sacramentos de la iniciación cristiana están necesitando la llegada de una “nueva primavera” tanto en la reflexión teológica como en la praxis pastoral. Hubo un tiempo en que las cosas no eran así. Hubo tiempo en que los bautizados se sentían y vivía como “personas ungidas por el Espíritu” y sin distinción entre varones y mujeres.

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VIDA CONSAGRADA “EN MODO PANDEMIA” – Efectos positivos

Hasta ahora nunca se nos habría ocurrido hablar de “Capítulos Generales y provinciales” modo Pandemia”… o de cursos de formación, encuentros de diverso tipo “modo pandemia”.. Llevamos más de un año.  La pandemia nos ha trastocado todos nuestros planes y calendarios. Y en especial ha trastocado las fechas de no pocos Capítulos Generales y provinciales o de reuniones importantes programadas. Se pensaba, por ejemplo, que lo convocado para el pasado mes de junio, podría celebrarse en octubre… y si no en octubre… en marzo o abril… Ya estamos en abril y todavía nos preguntamos si será posible en Julio o en Agosto…  

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“VIÓ Y CREYÓ…” EL QUE HABÍA ACOGIDO COMO MADRE A LA MADRE DE JESÚS

Llama la atención el evangelio hoy proclamado -en la Eucaristía de este domingo de Resurrección, 4 de abril de 2021- que no se relate ninguna aparición de Jesús. ¡Solamente la experiencia del sepulcro vacío! María Magdalena descubre el sepulcro vacío, Pedro y el discípulo amado reciben la tremenda noticia y van corriendo hacia el sepulcro.

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VIA CRUCIS “EN FEMENINO”

Inspirado en el “Chemin de la Croix au feminine” de Orel, artista de Rocamadour Francia, presento las imágenes de su Viacrucis del todo singular. Así mismo, lo he configurado en tres partes: además de la Introducción, un momento reflexivo (que explica sobre todo cada uno de las 14 estaciones), un momento contemplativo (deteniéndose en cada cuadro y su título sugerente) y un momento oracional (la plegaria a la luz del Misterio de Jesús). El viacrucis se puede detener en cada una de las diapositivas para la reflexión personal, y después, continuar.

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¡ABBÁ! ¡SOLO NOS QUEDAS TÚ! (El Viernes Santo 2021)

Preparación:

Entremos en el misterio del Viernes Santo: un día que no es sólo pasado, sino también dramático presente en la vida individual y colectiva de la humanidad. Allí donde la muerte parece vencer, allí es viernes santo. Pero confiemos en quien Jesús puso toda su confianza: el ABBÁ providente.

Lectura (Jn 18,1-19,42):

La crucifixión estaba pensada

  • para humillar al reo,
  • para privarle del honor,
  • para hacerle caer en lo más bajo en que un ser humano puede caer.

El cuarto evangelista nos presenta a Jesús manteniendo su honor en todo momento.

  • Actúa como un auténtico señor que conoce la situación y la controla.
  • Jesús soporta lo que haya que soportar, pero nunca cede ante la humillación.
  • La máxima humillación se convierte en la exaltación del Señor.
  • El máximo desprecio se convierte en la máxima atracción desde la cruz.
  • Se le acusa a Jesús de hacerse igual a Dios, Hijo de Dios, rey. Por ello es condenado. Pero muriendo, Jesús entrega su vida al Abbá de la vida.
  • Jesús confía absolutamente en su Padre. Y hace de su muerte el acontecimiento mas digno de su existencia, el cumplimiento que lleva a perfección su misión en la tierra: “¡Todo está cumplido!”.

Meditación:

Ante la humillación no hemos de reaccionar con violencia, sino con dignidad y firmeza. Como seres humanos y limitados hemos de atravesar zonas de sombra, de anonadamiento y tiempos de duda, de aparente sinsentido.

Nuestra fe nos pide confiar siempre, en todo lugar y momento, en nuestro Abbá. Él no puede olvidarse de los hijos e hijas de sus entrañas, como no se olvidó de Jesús. Él hace que nuestras noches oscuras, nuestras experiencias de muerte, estén bajo su control, para que nuestros pequeños viernes santos se conviertan en momentos de gracia para el mundo.

¡Qué bien entendió este misterio san Pablo cuando nos dijo que estamos con-crucificados con Cristo!

Oración:

Abbá, en la oscuridad del viernes santo, sólo nos quedas Tú. Tú eres nuestro refugio, nuestra esperanza, nuestra victoria. Nos ponemos en tus manos. Te entregamos nuestro espíritu. Sabemos, Abbá, que contigo nunca quedaremos defraudados.

Contemplación:

Hay muchas zonas de viernes santo permanente en nuestro mundo. Muchas personas solidarias y compasivas los visitan para llevar consuelo, esperanza y hacer crecer su compasión.

Zonas de viernes santo son:

  • residencias de ancianos, hospitales,
  • campamentos de refugiados,
  • espacios visitados por calamidades naturales, cárceles, campos de concentración…,
  • hogares donde impera la violencia doméstica,
  • comunidades humanas en las que impera la violencia política;
  • Allí claman los hijos e hijas de Dios. Y allí… es posible comprobar que el Abbá es compasivo y misericordioso con todas sus criaturas y que consuela y enjuga las lágrimas de quienes lloran y le suplican.

Acción:

Si te es posible, acércate a alguien que esté pasando su “viernes santo”. Llévale tu presencia, tu consuelo. Ilumina a esa persona con tu amor y presencia.

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EN EL CORAZÓN MISMO DE JESÚS

Preparación:

La “lectio divina” de este Jueves Santo nos introduce en el corazón mismo de Jesús. Preparemonos para una gran revelación, como si fuera la primera vez. Jesús siempre nos sorprende y más, cuando está a punto de desaparecer.

Lectura:

Era la víspera de la fiesta de la Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir a reunirse con el Padre. Él siempre había amado a los suyos que estaban en el mundo, y así los amó hasta el fin. El diablo ya había metido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la idea de traicionar a Jesús. Durante la cena, Jesús, sabiendo que había venido de Dios, que volvía a Dios y que el Padre le había dado toda autoridad, se levantó de la mesa, se quitó la ropa exterior y se puso una toalla a la cintura. Luego vertió agua en una palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura. Cuando iba a lavar los pies a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿vas tú a lavarme los pies?”. Jesús le contestó: “Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, pero más tarde lo entenderás”. Pedro dijo: “¡Jamás permitiré que me laves los pies!”. Respondió Jesús: ”Si no te los lavo no podrás ser de los míos”. Simón Pedro le dijo: “¡Entonces, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!”. Pero Jesús le respondió: “El que está recién bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos”. Dijo: “No estáis limpios todos”, porque sabía quién le iba a traicionar”. Después de lavarles los pies, Jesús volvió a ponerse la ropa exterior, se sentó de nuevo a la mesa y les dijo: “¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Os he dado un ejemplo para que vosotros hagáis lo mismo que yo os he hecho” (Jn 13,1-15)..

El cuarto evangelista nos muestra a un Jesús consciente de dos cosas:

  • que le había llegado “la hora de dejar este mundo para ir a reunirse con el Padre”
  • y que “Dios había puesto todo en sus manos y que venía de Dios, a Dios volvía”.

Con esa consciencia Jesús afronta dos situaciones:

  • la despedida de sus discípulos, a quienes ama hasta el extremo,
  • y la traición de Judas, en cuyo corazón había actuado el diablo.

Jesús se apresta a servir a sus discípulos lavándoles los pies uno a uno.

  • No los humilla: les dice que están limpios y que sólo necesitan que se les laven los pies.
  • Y les da ejemplo para que ese gesto y su significado no desaparezca nunca de su comunidad.
  • Al mismo tiempo, Jesús declara que en el grupo hay uno que no está limpio y que necesitaría una purificación total: está en conexión con el diablo: es el traidor.

Meditación:

Este jueves santo no nos presenta a un Jesús abatido ante la cercanía de su fin. Todo lo contrario: es consciente de la hondura del acontecimiento. Se revela en su dignidad de Hijo del Abbá, deseoso de volver al Padre y de Misionero del Abbá que ha cumplido su misión y por eso le ha sido concedido todo el poder.

Pero también ha aprendido a amar a los suyos “hasta el extremo” y ese amor lo lleva a ejercer el servicio humilde; a ponerse a los pies de uno y otro y lavárselos.

Conectar el lavatorio de los pies con la entrega de los dones eucarísticos -cuerpo y sangre- es la clave para comprender que quien se va, quiere formar un solo cuerpo con quienes se quedan.

Hay con todo, una fuerza diabólica que quiere impedir esta comunión total. Jesús hoy nos enseña a conectar con los dos amores de la Alianza: a Dios y a los hermanos. Amar es servir, entregarse, y descubrir la propia identidad en Dios. 

 Oración:

Jesús, humilde Señor nuestro, es fantástico poder contemplarte en tu última Cena en la versión del cuarto evangelio: qué grandeza la tuya, qué consciencia y dignidad muestras; y al mismo tiempo, qué amoroso, qué servicial, qué extremado. Me imagino que llegas a mi para lavarme los pies con esa delicadeza tuya, para animarme a ser como tú, hijo y enviado. Gracias, muchísimas gracias, Jesús. Eres un maestro incomparable, mi único maestro.

Contemplación:

La Eucaristía no es un mandato que hay que cumplir, es el máximo regalo que un creyente puede recibir.

  • En ella reconocemos al Jesús presente porque nos ama y el Espíritu del amor no le permite separarse de nosotros; y también al Jesús ausente, porque ha vuelto al Padre, porque se ha ido y ascendido.
  • La eucaristía es el último acto de misión que ha quedado eternizado en la Iglesia y que ahora cada uno de nosotros, los comulgantes, incorporamos para continuar el servicio de Jesús.
  • Quien tiene todo el poder lo comparte con nosotros. Por eso, podemos seguir su ejemplo. Se inicia aquí la “missio amoris” que es característica de la Iglesia.
  • No solo se evangeliza con la palabra, también con el servicio humilde a través del cual amamos a nuestros hermanos y hermanas “hasta el extremo”.

Acción:

Si tienes la oportunidad y se te concede esta gracia realiza en este día un gesto de entrega a otra persona que te evoque el lavatorio de los pies.

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