“SUPERVIVIENTES” – ¡MISTERICORDIA ENTRAÑABLE!

Nuestra vida pende de un hilo. No somos necesarios. Quizá pudiéramos definirnos como “supervivientes”, afortunados supervivientes. Somos el resultado de un juego, de un azar. No, la conclusión de un serio silogismo o razonamiento, o el resultado riguroso de unos presupuestos.

Entre los millones y millones de posibilidades que había en el momento de nuestra fecundación, nos tocó en suerte la existencia precisamente “a nosotros”, “a mí”. Otro óvulo, otro espermatozoide habría dado la existencia a un “hermanito o hermanita”, pero ¡no a mí! Millones de hermanitos o hermanitas quedaron convertidos en posibilidad pasada. ¡Perdieron ya su posibilidad de existir!

La vida amenazada

Y comenzamos a existir en el seno de nuestras madres. Solemos olvidar el riesgo que conlleva cualquier embarazo. Damos por supuesto que se inicia con la concepción y finaliza con un parto feliz. La realidad no es, no ha sido así. Muchos embarazos no llegan a cumplimiento. En algunos países se ha reducido mucho hoy la mortalidad infantil; pero la realidad es que la vida apenas nacida está muy amenazada por la enfermedad, por la muerte… y ¡cosa terrible! por los abortos intencionados.

Siempre ha habido abortos involuntarios, maternidades frustradas, mujeres y varones incapaces de fecundar. Para que un embarazo llegue a culminación se requiere cuidado, atención y una peculiar ayuda y providencia del Dios creador y providente. El seno femenino que acoge las semillas de la vida puede ser la morada de la vid ay también el ámbito de su muerte, Por eso, en no pocas circunstancias podemos decir que los vivientes somos “Supervivientes”, personas rescatadas y salvadas de las garras de la muerte.

Llamada a la vida y protección

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento nos hablan de mujeres que tuvieron la experiencia de la esterilidad o que vieron frustrada su maternidad. Los salmos agradecen a Dios en algunos de sus versículos, su providente cuidado:

“Desde el seno me apoyaba en ti, desde las entrañas maternas me sostenías”

Sal 70,6

“Fuiste Tú quien me sacaste del vientre, me confiaste a los pechos de mi madre, desde el seno me confiaron a tí, desde el vientre materno tú eres mi Dios”

Sal 21,11.

Mira, culpable acá, pecador me concibió mi madre”

Salm 50,7.

Hay una palabra en el hebreo bíblico que es enormemente sugestiva a este respecto. Se trata de la palabra “rahamim” que literalmente significa “entrañas”, “seno” y se utiliza para hablar de la “compasión”. Por eso, si la compasión de Dios (rahamim) tiene que ver con el seno, con las entrañas, esto quiere decir que el nacimiento de un niño podría relacionarse más que con el poder de Dios, con su compasión misericordiosa. Dios, con su poder creador, nos va entretejiendo, como se tejía el paño multicolor y recamado que cubría el arca de la Alianza:

“Pues Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el seno materno. Te doy gracias, porque eres prodigioso: soy un misterio, misteriosa obra tuya; y tú me conoces hasta el fondo, no se te ocultan mis huesos. Cuando en lo oculto era formado, entretejido en lo profundo de la tierra, tus ojos veían mi ser informe. En tu libro estaban escritos todos mis días, ya planeados, antes de llegar el primero”

Sal 138,13-16.

La Misericordia entrañable

Más todavía, aquel que nos teje, también reparar el tejido desgarrado de nuestra existencia y lo salva en nuevas, sorprendentes y bellas combinaciones. Y es que Dios es compasivo y misericordioso. Tiene entrañas de misericordia.

También la creación puede explicarse en términos de la compasión de Dios y su poder para crear la vida, independientemente de cuanto haya podido desgarrarla.

Los relatos bíblicos nos dice cómo Dios ayudaba a las grandes mujeres y las bendecía en sus embarazos, para que superaran todas las fuerzas amenazantes de la muerte. La bendición de Dios se mostraba sobre todo en la bendición del seno. La espiritualidad bíblica llevaba a pensar que todo embarazo -concluído con éxito- testificaba la protección de Dios, su ser Emmanuel.

Así de frágil es la maravilla que somos cada uno de nosotros. No somos necesarios. Toda nuestra vida se desarrolla como un inmenso juego de azar. Somos afortunados. Nada pase si alguna vez la suerte se nos tuerce.

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LA CONSAGRACIÓN CRISTIANA FUNDAMENTAL – UNCIÓN DEL ESPÍRITU

Le damos mucha importancia a la “consagración episcopal”. Le damos mucha importancia a “la ordenación sacerdotal”. Le damos mucha importancia a la “consagración religiosa”, hasta el punto de definirla como “vida consagrada”. El Bautismo-Confirmación, los sacramentos de la iniciación cristiana están necesitando la llegada de una “nueva primavera” tanto en la reflexión teológica como en la praxis pastoral. Hubo un tiempo en que las cosas no eran así. Hubo tiempo en que los bautizados se sentían y vivía como “personas ungidas por el Espíritu” y sin distinción entre varones y mujeres.

San Cirilo de Jerusalén nos ofrece en sus Catequesis mistagógicas (Catequesis de Jerusalén 21, Mystagogica 3,1-3) una descripción estupenda de la “consagración bautismal”. Con ello, nos invita a reflexionar sobre nuestra condición de “personas consagradas”, no ya con motivo de una ordenación sacerdotal o una profesión religiosa, sino a causa de nuestro Bautismo y confirmación (los sacramentos de la iniciación cristiana).

Cristianos es igual a “ungidos de Dios”

Bautizados en Cristo y revestidos de Cristo, habéis sido hechos semejantes al Hijo de Dios. Porque Dios nos predestinó para la adopción nos hizo conformes al cuerpo glorioso de Cristo. Hechos, por tanto, partícipes de Cristo (que significa Ungido), con toda razón os llamáis ungidos; y Dios mismo dijo de vosotros: No toquéis a mis ungidos.

  • Fuisteis convertidos en Cristo al recibir el anticipo del Espíritu Santo: pues con relación a vosotros todo se realizó en símbolo e imagen; en definitiva, sois imágenes de Cristo.
  • Por cierto que él,
    • cuando fue bautizado en el río Jordán, comunicó a las aguas el fragante perfume de su divinidad
    • y, al salir de ellas, el Espíritu Santo descendió substancialmente sobre él como un igual sobre su igual.
  • Igualmente vosotros,
    • después que subisteis de la piscina, recibisteis el crisma, signo de aquel mismo Espíritu Santo con el que Cristo fue ungido.
    • De este Espíritu dice el profeta Isaías en una profecía relativa a sí mismo, pero en cuanto que representaba al Señor: el Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido; me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren.

Ungidos con el Espíritu Santo

Cristo, en efecto,

  • no fue ungido por los hombres ni su unción se hizo con óleo o ungüento material,
  • sino que fue el Padre quien lo ungió al constituirlo Salvador del mundo,
    • y su unción fue el Espíritu Santo tal como dice San Pedro: Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo,
    • y anuncia también el profeta David: Tu trono, oh Dios, permanece para siempre; cetro de rectitud es tu cetro real. Has amado la justicia y odiado la impiedad: por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.
  • Cristo fue ungido con el óleo espiritual de la alegría,
    • es decir, con el Espíritu Santo, que se llama aceite de júbilo, porque es el autor y la fuente de toda alegría espiritual,
    • pero vosotros, al ser ungidos con ungüento material, habéis sido hechos partícipes y consortes del mismo Cristo.

No se trata de un simple y común ungüento

Por lo demás no se te ocurra pensar que se trata de un simple y común ungüento.

  • Pues, de la misma manera que, después de la invocación del Espíritu Santo, el pan de la Eucaristía no es ya un simple pan, sino el cuerpo de Cristo, así aquel sagrado aceite, después de que ha sido invocado el Espíritu en la oración consecratoria, no es ya un simple aceite ni un ungüento común, sino el don de Cristo y fuerza del Espíritu Santo, ya que realiza, por la presencia de la divinidad, aquello que significa.
  • Por eso, este ungüento se derrama simbólicamente sobre la frente y los demás sentidos, para que mientras se unge el cuerpo con un aceite visible, el alma quede santificada por el Santo y vivificante Espíritu.
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VIDA CONSAGRADA “EN MODO PANDEMIA” – Efectos positivos

Hasta ahora nunca se nos habría ocurrido hablar de “Capítulos Generales y provinciales” modo Pandemia”… o de cursos de formación, encuentros de diverso tipo “modo pandemia”.. Llevamos más de un año.  La pandemia nos ha trastocado todos nuestros planes y calendarios. Y en especial ha trastocado las fechas de no pocos Capítulos Generales y provinciales o de reuniones importantes programadas. Se pensaba, por ejemplo, que lo convocado para el pasado mes de junio, podría celebrarse en octubre… y si no en octubre… en marzo o abril… Ya estamos en abril y todavía nos preguntamos si será posible en Julio o en Agosto…  

La pandemia ha trastocado nuestros planes… en lo que al tiempo de nuestras reuniones tan importantes se refiere… es decir, aquellas que requieren presencia física y no basta el encuentro on-line. La participación en los encuentro más importantes y que requieren presencia física congrega a personas de diferentes naciones y continentes. La normativa internacional y los “cierres perimetrales” de naciones y fronteras, lo impiden.

Fíjenos nuestra atención en algunas implicaciones y deduzcamos de ellas una consecuencias positivas. Mi reflexión surge después de sentirme inspirado por la lectura de un interesante artículo de filósofo surcoreano Byung-Chul Han -publicado simultáneamente en diverso medios con fecha 21 de marzo de 2021- y titulado ” Teletrabajo, ‘zoom’ y depresión“.

1. El retraso y la “descolocación temporal”

Lo que parecía intangible desde el punto de vista del derecho, ahora se vuelve necesario. Éramos estrictos en el tiempo de la celebración de nuestros Capítulos, en el cumplimiento de lo programado y sus fechas… Cualquier dilación del Capítulo o de lo programado requería permisos especiales -en casos más solemnes, concedidos por la Sede Apostólica; pues de no hacerlo se caería en situaciones de ilegitimidad.

Ahora, la incertidumbre respecto al tiempo de la celebración de los Capítulos Generales o Provinciales cunde por doquier. Los gobiernos generales de las congregaciones entran en la fase de “prolongación de sus mandatos sine die“. Acostumbrados a funcionar por sexenios, o cuatrienios, o trienios, ahora nos acosa la incertidumbre de no saber “hasta cuándo”. Los planes y proyectos se paralizan. Se vive en un “tiempo de prórroga” que no se sabe cuánto durará … Habituados a las prioridades, plazos, evaluaciones, memorias, ¿qué hacer? Durante ese tiempo de espera, los dinamismos congregacionales se ralentizan e incluso se paralizan. Simplemente se “sobrevive”.

Consecuencias positivas: 

Hemos vivido demasiado tiempo bajo  el imperialismo de

  • calendarios,
  • plazos de entrega,
  • cosas que hacer o que entregar…

Esta situación nos puede ayudar para relativizar el tiempo, las prisas, las fechas de caducidad. No somos nosotros para el tiempo, sino el tiempo para nosotros. El próximo capítulo general , o provincial, la próxima reunión, no debería programarse maquinalmente, sino “dejar que la Vida hable” y “a su ritmo”.

2. La comunicación sin comunidad, o la telecomunicación sin ritualidad: 

La pandemia nos ha llevado a descubrir la importancia y las posibilidades que ofrece la red de internet para una comunicación “sin riesgos”. Esto se ha visto favorecido por la disminución de costes: sin costosos desplazamientos, sin abandonar la propia casa o incluso sin salir de la propia habitación.

La pantalla se ha convertido en el espacio de la super-comunicación, de la formación permanente, de las reuniones de gobierno, de espiritualidad. Pero todo ello sin rituales, sin contacto.

Los rituales generan una comunidad sin comunicación (¡lo importante no es lo que se dice, sino lo que se hace). Hoy predomina la comunicación sin comunidad (lo importante es lo que se dice, y no es necesario hacer nada especial). Así acontece hoy no solo el teletrabajo, sino la teleformación, el telegobierno, la teleconferencia. La oferta se vuelve cada vez más insolente y abrumadora.

Consecuencias positivas: 

Nos damos cuenta así, que los encuentros con presencia física (un Capítulo General o Provincial, una Celebración litúrgica en el mismo espacio…) son necesarios, muy necesarios. No basta la comunicación verbal, es necesaria la creación de una comunidad a través de ritos: se crean comunidades a través de “la ritualidad”, en la que los cuerpos humanos actúan, generan espacios simbólicos, desprenden energía carismática y profética.

Más que capítulos o encuentros que resuelven asuntos, problemas, que determinan conductas, que ofrecen leyes o informaciones, necesitamos Capítulos-símbolo, iniciadores de una nueva ritualidad, de un nuevo impulso carismático; encuentros de contacto entre las personas que forman Institutos y Comunidades. Así surgirán Institutos habitables, espacios de felicidad e ilusión al servicio de una humanidad triste y desencantada.

3. El síndrome narcisista y la distancia social

 La pandemia ha favorecido la escenificación constante de nuestro ego. Se nos impone la “distancia social”. Esa distancia social se destruye lo social; convierte al “otro” en un portador potencial del virus…

Si entre nosotros había distanciamientos… ahora con más razón. ¡Cuestión de vida o muerte! -sin tener que exagerar.

El virus actúa como un amplificador de las crisis de nuestras comunidades: ¡justifica y amplía las separaciones”. 

Consecuencias positivas: 

Los Capítulos generales, provinciales, las Asambleas y Reuniones permiten “acortar distancias” de todo tipo: no solo geográficas, ni solo culturales, también espirituales, también carismáticas. Son una invitación a superar el narcisismo individual o de grupo; así se evitan los encuentros de grupos paralelos, de grupos minoritarios que ejercen poder y exclusión.

4. El cansancio: 

La pandemia está poniendo de relieve los síntomas de las enfermedades que la vida consagrada padecía antes de la pandemia: el individualismo y el cansancio.

Cuando formamos comunidades, no de equipos, sino de individualidades, cada cual hace lo suyo, protege y reserva su espacio. Cada cual se autoprograma hasta el punto de que “siempre tiene mucho que hacer”.

Nuestra tendencia narcisista nos lleva a “machacamos a nosotros mismos; a obligarnos a hacer mucho más de lo que podemos”. De este modo tenemos un doble sentimiento: somos, a la vez, el amo y el esclavo; no son los otros quienes nos explotan, sino nosotros mismos que nos sobrecargamos con pesos insoportables. Y cuando nos llegan otras propuestas, la respuesta a flor de boca es: “… ¡no puedo… no tengo tiempo… estoy muy cansado!” , “mi agenda no da más de sí”…

  • Tenemos la convicción de que “quien fracasa lo hace por su culpa”.
  • “Nos acusamos a nosotros mismos y no a la sociedad”.
  • Somos como “los empresarios de nosotros mismos”.
  • El cansancio acompaña nuestra vida como si fuera nuestra propia sombra.
  • Nos machacamos para rendir bien y dar buena imagen.
  • Nos imponemos tareas y más tareas.

Y lo peor es, que en esta situación de explotación nos creemos libres, porque todo surge de nosotros mismos. Se dice que una de las características del virus es el síndrome de la fatiga. Este síndrome podría exprearse así: “cuando la batería ya no se recarga”.

Consecuencias positivas: 

 Un Capítulo inteligente debe diagnosticar el porqué de tantos cansancios. Ha de favorecer el trabajo en equipo, consciente de que las grandes obras nunca pertenecen a un único autor. Una asamblea inteligente propone sueños y diseños que se realizan orquestalmente, en colaboración, “entre todos” y nunca son obra de un única actor o actriz.

Un Capítulo para la regeneración del tejido comunitario, para la colaboración y sanador de toda forma de narcisismo se plantea siempre cómo generar ministerios colaborativos..  

5. La comunicación digital es una comunicación bastante unilateral: 

La comunicación digital es bastante reductiva. Ella no transmite con el cuerpo, ni a través de miradas. Es bastante reductiva. La comunicación digital nos cansa y extenúa. En una videoconferencia, por motivos puramente técnicos, no podemos mirarnos a los ojos. Clavamos la vista en la pantalla. Puede resultar agotador el hecho de que nos falte la mirada del otro. 

Consecuencias positivas: 

¡Ojalá la pandemia nos haga darnos cuenta de que ya la mera presencia corporal del otro tiene algo que nos hace sentir felices! Seamos conscientes de que el lenguaje implica una experiencia corporal; que un diálogo logrado presupone un cuerpo; que somos seres corpóreos. 

6. El instinto de sobrevivencia:

Ante la situación de pandemia, lo que más nos preocupa es sobrevivir. Y cuando ante todo se piensa en sobrevivir, el tema de la “calidad de vida” pasa a segundo plano. El sobrevivir sin contagios nos hace sentir como en un permanente estado de guerra: ¡prolongar la vida a cualquier precio!

Constatamos cómo a nuestro lado, en nuestras comunidades, en nuestras familias, en nuestras grupos de amigos, el virus ha ido haciendo estragos. La lucha por sobrevivir se ha radicalizado. La salud es elevada a objetivo supremo. La salud es la “nueva diosa” como decía Nietzsche.

La supervivencia no basta. Y, por eso, nos podemos preguntar:

  • ¿Cuál es nuestra calidad de vida en la vida consagrada, en nuestras comunidades?
  • ¿La supervivencia debe sustituir al disfrute de la vida?
  • ¿Hemos de sacrificar todo lo que hace que la vida sea digna de ser vivida?
  • ¿Hemos de vivir también en nuestros institutos en estado de excepción?

Consecuencias positivas:

  • Capítulos, reuniones, encuentros, para la vida y no la vida para Capítulos, reuniones y encuentros.
  • Capítulos, reuniones, encuentros para descansar a los cansados y desagobiar a los agobiados (“Venid a mí los que estáis cansados y agobiados…”, dijo Jesús). Capítulos para una nueva ritualidad que genere nuevas comunidades.
  • Capítulos, reuniones, encuentros para cambiar nuestra forma de vida, para someter a nuestros institutos a una revisión radical con una forma de vida que nos haga inmunes al virus de los narcisismos, de las críticas permanentes, de la insatisfacción, del cansancio.

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“VIÓ Y CREYÓ…” EL QUE HABÍA ACOGIDO COMO MADRE A LA MADRE DE JESÚS

Llama la atención el evangelio hoy proclamado -en la Eucaristía de este domingo de Resurrección, 4 de abril de 2021- que no se relate ninguna aparición de Jesús. ¡Solamente la experiencia del sepulcro vacío! María Magdalena descubre el sepulcro vacío, Pedro y el discípulo amado reciben la tremenda noticia y van corriendo hacia el sepulcro.

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VIA CRUCIS “EN FEMENINO”

Inspirado en el “Chemin de la Croix au feminine” de Orel, artista de Rocamadour Francia, presento las imágenes de su Viacrucis del todo singular. Así mismo, lo he configurado en tres partes: además de la Introducción, un momento reflexivo (que explica sobre todo cada uno de las 14 estaciones), un momento contemplativo (deteniéndose en cada cuadro y su título sugerente) y un momento oracional (la plegaria a la luz del Misterio de Jesús). El viacrucis se puede detener en cada una de las diapositivas para la reflexión personal, y después, continuar.

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¡ABBÁ! ¡SOLO NOS QUEDAS TÚ! (El Viernes Santo 2021)

Preparación:

Entremos en el misterio del Viernes Santo: un día que no es sólo pasado, sino también dramático presente en la vida individual y colectiva de la humanidad. Allí donde la muerte parece vencer, allí es viernes santo. Pero confiemos en quien Jesús puso toda su confianza: el ABBÁ providente.

Lectura (Jn 18,1-19,42):

La crucifixión estaba pensada

  • para humillar al reo,
  • para privarle del honor,
  • para hacerle caer en lo más bajo en que un ser humano puede caer.

El cuarto evangelista nos presenta a Jesús manteniendo su honor en todo momento.

  • Actúa como un auténtico señor que conoce la situación y la controla.
  • Jesús soporta lo que haya que soportar, pero nunca cede ante la humillación.
  • La máxima humillación se convierte en la exaltación del Señor.
  • El máximo desprecio se convierte en la máxima atracción desde la cruz.
  • Se le acusa a Jesús de hacerse igual a Dios, Hijo de Dios, rey. Por ello es condenado. Pero muriendo, Jesús entrega su vida al Abbá de la vida.
  • Jesús confía absolutamente en su Padre. Y hace de su muerte el acontecimiento mas digno de su existencia, el cumplimiento que lleva a perfección su misión en la tierra: “¡Todo está cumplido!”.

Meditación:

Ante la humillación no hemos de reaccionar con violencia, sino con dignidad y firmeza. Como seres humanos y limitados hemos de atravesar zonas de sombra, de anonadamiento y tiempos de duda, de aparente sinsentido.

Nuestra fe nos pide confiar siempre, en todo lugar y momento, en nuestro Abbá. Él no puede olvidarse de los hijos e hijas de sus entrañas, como no se olvidó de Jesús. Él hace que nuestras noches oscuras, nuestras experiencias de muerte, estén bajo su control, para que nuestros pequeños viernes santos se conviertan en momentos de gracia para el mundo.

¡Qué bien entendió este misterio san Pablo cuando nos dijo que estamos con-crucificados con Cristo!

Oración:

Abbá, en la oscuridad del viernes santo, sólo nos quedas Tú. Tú eres nuestro refugio, nuestra esperanza, nuestra victoria. Nos ponemos en tus manos. Te entregamos nuestro espíritu. Sabemos, Abbá, que contigo nunca quedaremos defraudados.

Contemplación:

Hay muchas zonas de viernes santo permanente en nuestro mundo. Muchas personas solidarias y compasivas los visitan para llevar consuelo, esperanza y hacer crecer su compasión.

Zonas de viernes santo son:

  • residencias de ancianos, hospitales,
  • campamentos de refugiados,
  • espacios visitados por calamidades naturales, cárceles, campos de concentración…,
  • hogares donde impera la violencia doméstica,
  • comunidades humanas en las que impera la violencia política;
  • Allí claman los hijos e hijas de Dios. Y allí… es posible comprobar que el Abbá es compasivo y misericordioso con todas sus criaturas y que consuela y enjuga las lágrimas de quienes lloran y le suplican.

Acción:

Si te es posible, acércate a alguien que esté pasando su “viernes santo”. Llévale tu presencia, tu consuelo. Ilumina a esa persona con tu amor y presencia.

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EN EL CORAZÓN MISMO DE JESÚS

Preparación:

La “lectio divina” de este Jueves Santo nos introduce en el corazón mismo de Jesús. Preparemonos para una gran revelación, como si fuera la primera vez. Jesús siempre nos sorprende y más, cuando está a punto de desaparecer.

Lectura:

Era la víspera de la fiesta de la Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir a reunirse con el Padre. Él siempre había amado a los suyos que estaban en el mundo, y así los amó hasta el fin. El diablo ya había metido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la idea de traicionar a Jesús. Durante la cena, Jesús, sabiendo que había venido de Dios, que volvía a Dios y que el Padre le había dado toda autoridad, se levantó de la mesa, se quitó la ropa exterior y se puso una toalla a la cintura. Luego vertió agua en una palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura. Cuando iba a lavar los pies a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿vas tú a lavarme los pies?”. Jesús le contestó: “Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, pero más tarde lo entenderás”. Pedro dijo: “¡Jamás permitiré que me laves los pies!”. Respondió Jesús: ”Si no te los lavo no podrás ser de los míos”. Simón Pedro le dijo: “¡Entonces, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!”. Pero Jesús le respondió: “El que está recién bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos”. Dijo: “No estáis limpios todos”, porque sabía quién le iba a traicionar”. Después de lavarles los pies, Jesús volvió a ponerse la ropa exterior, se sentó de nuevo a la mesa y les dijo: “¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Os he dado un ejemplo para que vosotros hagáis lo mismo que yo os he hecho” (Jn 13,1-15)..

El cuarto evangelista nos muestra a un Jesús consciente de dos cosas:

  • que le había llegado “la hora de dejar este mundo para ir a reunirse con el Padre”
  • y que “Dios había puesto todo en sus manos y que venía de Dios, a Dios volvía”.

Con esa consciencia Jesús afronta dos situaciones:

  • la despedida de sus discípulos, a quienes ama hasta el extremo,
  • y la traición de Judas, en cuyo corazón había actuado el diablo.

Jesús se apresta a servir a sus discípulos lavándoles los pies uno a uno.

  • No los humilla: les dice que están limpios y que sólo necesitan que se les laven los pies.
  • Y les da ejemplo para que ese gesto y su significado no desaparezca nunca de su comunidad.
  • Al mismo tiempo, Jesús declara que en el grupo hay uno que no está limpio y que necesitaría una purificación total: está en conexión con el diablo: es el traidor.

Meditación:

Este jueves santo no nos presenta a un Jesús abatido ante la cercanía de su fin. Todo lo contrario: es consciente de la hondura del acontecimiento. Se revela en su dignidad de Hijo del Abbá, deseoso de volver al Padre y de Misionero del Abbá que ha cumplido su misión y por eso le ha sido concedido todo el poder.

Pero también ha aprendido a amar a los suyos “hasta el extremo” y ese amor lo lleva a ejercer el servicio humilde; a ponerse a los pies de uno y otro y lavárselos.

Conectar el lavatorio de los pies con la entrega de los dones eucarísticos -cuerpo y sangre- es la clave para comprender que quien se va, quiere formar un solo cuerpo con quienes se quedan.

Hay con todo, una fuerza diabólica que quiere impedir esta comunión total. Jesús hoy nos enseña a conectar con los dos amores de la Alianza: a Dios y a los hermanos. Amar es servir, entregarse, y descubrir la propia identidad en Dios. 

 Oración:

Jesús, humilde Señor nuestro, es fantástico poder contemplarte en tu última Cena en la versión del cuarto evangelio: qué grandeza la tuya, qué consciencia y dignidad muestras; y al mismo tiempo, qué amoroso, qué servicial, qué extremado. Me imagino que llegas a mi para lavarme los pies con esa delicadeza tuya, para animarme a ser como tú, hijo y enviado. Gracias, muchísimas gracias, Jesús. Eres un maestro incomparable, mi único maestro.

Contemplación:

La Eucaristía no es un mandato que hay que cumplir, es el máximo regalo que un creyente puede recibir.

  • En ella reconocemos al Jesús presente porque nos ama y el Espíritu del amor no le permite separarse de nosotros; y también al Jesús ausente, porque ha vuelto al Padre, porque se ha ido y ascendido.
  • La eucaristía es el último acto de misión que ha quedado eternizado en la Iglesia y que ahora cada uno de nosotros, los comulgantes, incorporamos para continuar el servicio de Jesús.
  • Quien tiene todo el poder lo comparte con nosotros. Por eso, podemos seguir su ejemplo. Se inicia aquí la “missio amoris” que es característica de la Iglesia.
  • No solo se evangeliza con la palabra, también con el servicio humilde a través del cual amamos a nuestros hermanos y hermanas “hasta el extremo”.

Acción:

Si tienes la oportunidad y se te concede esta gracia realiza en este día un gesto de entrega a otra persona que te evoque el lavatorio de los pies.

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“¿SERÉ, ACASO, YO, SEÑOR?”

Preparación:

Hoy la Palabra de Dios nos presenta a un antagonista de Jesús: la otra cara de la donación y entrega, que es el robo y la traición.

Lectura:

Uno de los doce discípulos, el llamado Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes y les preguntó: “¿Cuánto me daréis, si os entrego a Jesús?”. Ellos señalaron el precio: treinta monedas de plata. A partir de entonces, Judas empezó a buscar una ocasión oportuna para entregarles a Jesús. El primer día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”. Él les contestó: “Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: ‘El Maestro dice: Mi hora está cerca, y voy a tu casa a celebrar la Pascua con mis discípulos’“. Los discípulos hicieron como Jesús les había mandado y prepararon la cena de Pascua. Al llegar la noche, Jesús se había sentado a la mesa con los doce discípulos; y mientras cenaban les dijo: “Os aseguro que uno de vosotros me va a traicionar”. Ellos, llenos de tristeza, comenzaron a preguntarle uno tras otro: “Señor, ¿acaso soy yo?”. Jesús les contestó: “Uno que moja el pan en el mismo plato que yo, va a traicionarme. El Hijo del hombre ha de recorrer el camino que dicen las Escrituras, pero ¡ay de aquel que le traiciona! ¡Más le valdría no haber nacido!”. Entonces Judas, el que le estaba traicionando, le preguntó: “Maestro, ¿acaso soy yo?”. “Tú lo has dicho” -contestó Jesús (Mt 26,14-25). 

Antes de la última Cena Judas tenía todo atado y bien atado.

  • Había concertado con los jefes de los sacerdotes la entrega de Jesús por treinta monedas de plata.
  • Judas no comulga el cuerpo de su Señor. Lo vende.
  • Cuando se celebra la primera Eucaristía, Jesús pone la traición sobre la mesa, como una cuestión que se han de plantear todos:
    • “Señor, ¿acaso soy yo?
    • Cuando le llega el turno a Judas, Jesús lo ratifica.
    • También nosotros podemos participar de la Cena del Señor, sin comulgar con Él, sino vendiéndolo, des-preciándolo.
    • ¿Acaso soy yo?.

Meditación:

Estamos acostumbrados a distinguir entre discípulos buenos y malos.

  • Sin embargo, la bondad y la maldad pueden cohabitar en cada uno de nosotros.
  • El prototipo de “Judas” puede emerger en nosotros cuando menos lo pensamos. Nada de extraño, que cada uno de los discípulos creyera que el anuncio de la traición iba por él.
  • Llena de tristeza descubrir hasta dónde puede llegar nuestra incoherencia, nuestro pecado, nuestra traición.
    • ¡Qué poco seguros podemos estar de nosotros mismos!
    • La tristeza nos lleva a pedirle ayuda a Jesús y a suplicar al Abbá: ¡No nos dejes caer en la tentación!
    • La caída sería terrible: ¡más nos valdría no haber nacido!
    • Seamos conscientes de nuestra debilidad, pero abrámonos también a Jesús porque sólo él tiene el poder para sacarnos de nuestro egoísmo y ambición y convertirnos en regalo y don.

Oración:

Jesús, me martillea la pregunta “¿acaso soy yo?”; no tengo la seguridad de saber si en mí se cumple la voluntad del Abbá o no; no tengo certeza de que mi vida te agrade; me da miedo poder llegar a traicionarte, a separarme de tí, a aprovecharme de tí, como un Judas de este tiempo. ¡Ten compasión de mí! ¡Endereza mi camino si se desvía!

Contemplación:

La comunidad que sigue a Jesús

  • aprende de Él ;
  • está formada siempre por gente humilde; por personas que no presumen de santidad, aunque todos los días se encuentren con el Santo.

La comunidad que aprende de Jesús:

  • es la comunidad de quienes se entregan y no se aprovechan de los demás ni los despojan.
  • La avaricia nos acecha como una idolatría asesina.
  • La figura de Judas es una permanente advertencia para la comunidad cristiana y cada uno de nosotros.

Acción:

En este día mostrémonos anti-Judas: seamos generosos con nuestro entorno, nuestra familia o comunidad, o con alguna persona que nos encontremos. 

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PROFUNDA CONMOCIÓN

Preparación:

Entremos en el estado psicológico de Jesús en la última Cena, que el evangelista describe como “profunda conmoción”. Que el Espíritu Santo nos haga entrar en la escena y comprender y amar más a Jesús.

Lectura:

Habiendo dicho estas cosas, Jesús, profundamente conmovido, añadió con toda claridad: “Os aseguro que uno de vosotros me va a traicionar”. Los discípulos comenzaron a mirarse unos a otros, sin saber a quién se refería. Uno de sus discípulos, al que Jesús quería mucho, estaba cenando junto a él, y Simón Pedro le hizo señas para que le preguntara a quién se refería. Él, acercándose más a Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?”. “Voy a mojar un trozo de pan -le contestó Jesús-, y a quien se lo dé, ése es”. En seguida mojó un trozo de pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. Tan pronto como Judas tomó el pan, Satanás entró en su corazón. Jesús le dijo: “Lo que vas a hacer, hazlo pronto”. Pero ninguno de los que estaban cenando a la mesa entendió por qué se lo había dicho. Como Judas era el encargado de la bolsa del dinero, algunos pensaron que Jesús le decía que comprara algo para la fiesta o que diera algo a los pobres. Judas tomó aquel trozo de pan y salió en seguida. Ya era de noche. Después de haber salido Judas, Jesús dijo: “Ahora se manifiesta la gloria del Hijo del hombre, y la gloria de Dios se manifiesta en él. Y si él manifiesta la gloria de Dios, también Dios manifestará la gloria del Hijo del hombre. Y lo hará pronto. Hijitos míos, ya no estaré mucho tiempo con vosotros. Me buscaréis, pero lo mismo que dije a los judíos os digo ahora a vosotros: No podréis ir a donde yo voy”. Simón Pedro preguntó a Jesús: “Señor, ¿a dónde vas?”. “A donde yo voy -le contestó Jesús- no puedes seguirme ahora, pero me seguirás después”. Pedro le dijo: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? ¡Estoy dispuesto a dar mi vida por ti!”. Jesús le respondió: “¿De veras estás dispuesto a dar tu vida por mí? Pues te aseguro que antes de que cante el gallo me negarás tres veces” (Jn 13,21-33.36-38).

Se inicia la escena con una conmovedora indicación de Jesús:

“¡uno de vosotros me va a traicionar!”.

Se genera el desasosiego.

  • El discípulo amado
    • le pide a Jesús una señal de reconocimiento.
    • La señal ofrecida por Jesús es todo lo contrario a una denuncia; es un regalo de predilección -un trozo de pan mojado-, de modo que el despiste respecto al traidor es todavía mayor.
    • El pan del amor se convierte para Judas en pan diabólico que lo lleva a salir y cumplir su plan de traición.
  • Expulsado Satanás del cenáculo,
    • todo se vuelve luminoso: se manifiesta la gloria de Dios en la gloria del Hijo del hombre (¡repetido dos veces por Jesús!).
    • Esta manifestación está marcada por la ausencia, por el éxodo. Jesús se marchará solo. Sus discípulos lo seguirán… pero más tarde.
    • Pedro comienza a entender, y quiere seguir a Jesús. Pero Jesús no necesita ahora la vida de Pedro, sino Pedro la vida de Jesús.

Meditación:

Entremos también nosotros en el dramatismo del Cenáculo.

  • Veamos dónde estamos situados respecto a Jesús.
  • Si es cierto que somos débiles y en cualquiera de nosotros pueden aparecer gestos de traición a nuestro Señor, sin embargo sabemos que Jesús hará todo lo posible por conquistarnos para Él y agotará todos sus recursos de donación y entrega, como hizo con Judas.
  • El pan y el vino eucarísticos son un regalo de Jesús que tenemos al alcance de la mano. Pero, como nos advierte Pablo en 1 Cor, “mire cada uno cómo come y bebe”.
  • ¡No pactemos con el mundo diabólico!.
  • Introduzcámonos en el mundo de la luz eucarística, donde Dios manifiesta su gloria en el Hijo del hombre, que nos da a comer su cuerpo y a beber su sangre.

Lo importante no es dar nuestra vida por Jesús sino acoger la vida que Jesús nos da. 

Oración:

Gracias, muchísimas gracias, Jesús, porque no reparas en gastos, porque haces todo lo posible para salvarnos de la caída y para que no nos perdamos. Envíanos tu Espíritu para que no caigamos en la ceguera de despreciar tus dones. Haz que entremos en comunión contigo y quedemos inundados por tu Gloria.

Contemplación:

La celebración eucarística conlleva un misterio de belleza y luz que puede pasar desapercibido a quienes no se implican en él, como Judas.

Más allá de las formas externas, lo importante en la Eucaristía es:

  • descubrir cómo Dios Abbá manifiesta su Gloria
  • y cómo ésta se refleja en el Hijo del hombre, en Jesús.
  • Es de una belleza infinita el gesto eucarístico de la entrega de los dones, convertidos en el cuerpo y la sangre del Hijo del hombre. Son el pan de vida y la bebida de la salvación.
  • ¿Qué más puede desear el ser humano? Si viviéramos así la Eucaristía, ¡qué experiencia tan sublime nos sería dada!

Acción:

Celebra la Eucaristía centrado de verdad en Jesús. Que nada ni nadie nos distraiga de ese “centro” desde el cual se irradia sobre la celebración la Belleza de Dios.

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LA PENÚLTIMA CENA Y LAS DOS DISCÍPULAS

Preparación:

Hoy, lunes de Semana Santa, 29 marzo 2021, la Palabra nos dirige una invitación: a participar como protagonistas en la “penúltima cena” de Jesús, la cena de Betania. Podemos identificarnos con cualquiera de los personajes que en ella actúan. Que el Espíritu nos mueva a comprender el mensaje.

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