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¡MUÉSTRANOS AL PADRE! – Domingo V de Pascua
Hemos hablado mucho, a lo largo de los siglos, de la bondad de Dios. Pero hay algo que casi nunca decimos. Algo que los grandes místicos sabían. Y que nosotros, quizá, hemos olvidado: Dios es bello. Infinitamente bello. No bello como un cuadro. No bello como un paisaje. Sino bello como la fuente de toda belleza.
Bello como el origen de todo aquello que alguna vez nos ha detenido en seco. De todo aquello que nos ha quitado el aliento. De todo aquello que nos ha hecho cerrar los ojos y decir, sin saber muy bien a quién: gracias.
Los Padres de la Iglesia tenían una palabra para esto: Kallos. ¡La Belleza absoluta! Y comprendían algo que necesitamos volver a recordar: que toda belleza creada —la de una música que nos atraviesa, la de un rostro amado, la del mar al atardecer— no es más que un destello. Un eco. Una promesa.
Una pequeña promesa de esa Belleza primera que es Dios mismo. Por eso decía Dostoievski: «La belleza salvará al mundo».Y no hablaba de estética. Hablaba de Dios.
Porque la belleza verdadera no se queda en la superficie. La belleza verdadera nos despierta. Nos llama. Nos eleva. Nos hace salir de nosotros mismos.
Y entonces cabe preguntarnos: ¿no somos también nosotros, en el fondo, turistas de la Belleza? ¿No vamos por la vida buscando ese resplandor que nos toca, que nos mueve, que nos recuerda que fuimos hechos para algo más grande? Y por eso la pregunta final no es pequeña.
Es una pregunta de fe, de vida, de deseo:
¿Has sentido alguna vez que una belleza te miraba?
Quizá ahí, precisamente ahí, estaba Dios.
Dios Padre es la Belleza Infinita. ¡Qué razón tenía el apóstol Felipe cuando le dijo a Jesús: ¡Muéstranos al Padre y nos basta! O cuando santa Teresa de Jesús escribió: “¡Véante mi ojos, dulce Jesús bueno! ¡Véante mis ojos, muérame yo luego!
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LA PUERTA QUE NADIE ESPERABA – Domingo 4 de Pascua, ciclo A.
Jesús estaba hablando de ladrones y bandidos. De pastores que entran por la puerta y de salteadores que saltan la tapia. Y ellos no entendían.

Entonces Jesús hizo una pausa, y dijo lo que nadie esperaba: “Yo soy la puerta.” No un maestro. No un profeta. No un líder religioso más. ¡La puerta que da acceso a la vida verdadera!
Los bandidos …los que roban, manipulan a las ovejas… no pasan por esa puerta. Se la saltan y entran por la tapia, aunque no están autorizados.
El Papa Francisco llamó mundanidad y clericalismo a este mal antiguo que corroe a la Iglesia. Esos pastores ya “no huelen a oveja”: vive lejos del rebaño; hablan un idioma que nadie entiende; se instalan cómodamente en el poder… Y Jesús hasta los llama “bandidos”. Cuando aparecen las ovejas tiemblan. Y huyen.
Cuando las ovejas escuchan -en cambio- la voz de Jesús, el corazón se aquieta. Se detienen. Lo siguen. No porque les obliguen. Porque lo reconocen. Porque esa voz les suena a casa.
El Buen Pastor huele a oveja. Se mete en el barro. Conoce tu nombre. No el nombre de tu expediente. Tu nombre. El que solo saben los que te quieren de verdad.
Junto a Jesús, en cambio, se respira. Se vive. “Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia.”
Hoy quizás hay alguien aquí que siente que Jesús lo llama a ser pastor, a cuidar, a servir. A entrar por la puerta. A oler a oveja.
No lo pienses demasiado.
Y aunque camines hoy por sendas oscuras, no temas. Él va contigo. Su vara y su cayado te defienden.
Porque conoces su voz. Y ella te basta.
¡Aleluya!
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¡RECONOCER! – Domingo 3 de Pascua, ciclo A

Iban caminando. Tristes. Con la cabeza gacha. Llevaban un cadáver dentro. Y Jesús estaba a su lado caminando con ellos. Y no lo reconocían.
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“TOCAR AL RESUCITADO: del Miedo a la Fe” – Domingo de la Divina Misericordia – II de Pascua, ciclo A.
LLAMAMIENTO POR LA PAZ -Misioneros Claretianos (Bolawalana, Sri Lanka, 7 de marzo de 2026)

Tomamos la palabra profundamente preocupados ante la trágica escalada de violencia y guerra en Oriente Medio. Ante los ojos del mundo, la destrucción responde a la destrucción y la voz de las armas ahoga el lenguaje del diálogo. Las principales víctimas de esta espiral de violencia son personas inocentes: familias desplazadas, niños que viven con miedo y comunidades que sufren pérdidas inconmensurables.
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NACER DE NUEVO -Breve homilía para el Día de la Resurrección
EL DÍA DEL SILENCIO – Sábado Santo
¿Sabes por qué hoy el mundo entero está en silencio?. No es un silencio de muerte; es el silencio de un Rey que se ha quedado dormido para despertarnos a todos.
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¡JERUSALÉN… JERUSALÉN… DONDE EL AMOR SE HIZO CRUZ! El canto de la Pasión
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