EL SECRETO DEL “DISCÍPULO AMADO”: EL TRIUNFO DEL AMOR – Viernes Santo 2026

¿Viernes Santo es la historia de un fracaso?. El autor del cuarto evangelio, el “discípulo amado”, nos dice que no. Él era su confidente y mejor amigo, por eso su mirada merece toda nuestra atención. Hoy no venimos a ver una tragedia externa, sino a encontrarnos con el auténtico Jesús del Viernes Santo.

 Olvida la imagen de una víctima pasiva o deprimida. En el relato de Juan, vemos a un Jesús lleno de energía interior.

  • Cuando lo buscan, Él da el paso: “¡Yo soy!”.
  • A Pedro le ordena: “¡Mete la espada en la vaina!”.
  • Ante el poder del mundo afirma: “¡Mi reino no es de este mundo!”. Jesús es Señor hasta el último momento; sus verdugos son, en realidad, las víctimas de su no-violencia.

Junto a la cruz, el discípulo amado es testigo de un testamento de amor. Jesús mira a su madre y al amigo y redefine la familia: “Mujer, ahí tienes a tu hijo… ahí tienes a tu madre”. No es solo un gesto de consuelo; es la creación de una comunidad unida por el cuidado mutuo y el amor extremo.

Llegamos al clímax. Jesús dice: “¡Todo está cumplido!” y entrega el Espíritu. Para quienes están al pie de la cruz, este es el primer Pentecostés. No es un último suspiro de muerte, sino un “derrame” de vida. En ese instante, el amor de Dios empieza a circular “a borbotones” sobre la Iglesia naciente. Es una energía que todo lo supera y que vence amando incluso a quienes le quitan la vida.

Porque, hermanas y hermanos, tiene más fuerza el amor que el odio. Tiene más poder quien enciende una luz que quien apaga las luces de una ciudad. Al final, en la Cruz, ¡venció el Amor de los Amores!

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