Impactos: 66
“POR OTRO CAMINO” – Fiesta de la Epifanía, ciclo A – 6 enero 2026
LUIS ALBERTO GONZALO DÍEZ, CMF – “IN MEMORIAM” –
Volvió a los suyos y con los suyos encontró su final… apenas comenzado este año nuevo 2026.
No voy a enumerar fechas ni datos biográficos. Hablo directamente a quienes lo conocimos: a quienes compartimos con él años de comunidad y misión; a quienes encontraron su pensamiento en los libros que escribió y en las innumerables páginas de la revista Vida Religiosa, que dirigió durante tantos años con pasión incansable; a quienes lo escucharon en conferencias, encuentros y celebraciones que parecían no tener fin.
Luis Alberto Gonzalo vivió con una intensidad que marcaba. Apasionado hasta el último aliento, quizá imaginó alguna vez sus días finales en un asilo de las Hermanitas de los Pobres —a quienes profesaba un amor especial—, pero la Providencia tenía otros planes. Lo ha llamado apenas comenzado este 2026, recién llegado de otro de sus largos viajes desde América. El último.
Siempre me recordaba aquel pasaje evangélico de la barca repleta de peces, tan cargada que pedía ayuda a la otra embarcación. Así era él: desbordante, generoso, incapaz de contener lo que llevaba dentro y de pedir ayuda cuando no podía más.
Tuve el privilegio de acompañarlo en la elaboración y defensa de su tesis doctoral sobre La Comunidad religiosa, mientras los dos compartíamos la misma comunidad. Lo vi interpelar a cada autor, a cada teoría que abordara las interconexiones personales, locales y globales; el nuevo liderazgo; la comunidad como tejido vivo, los pasos necesarios para la transformación. Los nombres que consultó en sus lecturas fueron incontables. En todos ellos descubría lo mismo: lo más divino escondido en lo más humano.
Era generoso, tierno, pero también claro y explícito cuando hacía falta. Siempre tenía un mensaje nuevo que ofrecer, una urgencia a la que atender. Fue elegido superior provincial, después superior local. Defendía a su rebaño de los lobos con firmeza. Si insistía tanto en la comunidad, en la integración, en la conexión, en los pasos necesarios y urgentes hacia adelante… era por algo profundo que había comprendido.
Sobrenadaba a las críticas y desprecios. Respondía imperturbable con más entrega y acción. Y así demostraba la valentía interior que el Espíritu le concedió.
Ya está en el cielo, después de tantos viajes transatlánticos. Una de las primeras noticias de su muerte me llegó, precisamente, desde Brasil. El mundo que él tejió con sus palabras y presencia ahora lo despide desde muchas orillas.
Volvamos a releer sus páginas en Vida Religiosa. Allí descubriremos abundantes motivos para dar gracias a Dios por la vida y la misión de Luis Alberto Gonzalo Díez, presbítero y misionero claretiano. Un hombre que supo ser, hasta el final, hermano e incansable misionero.
Impactos: 595
¡LA PALABRA SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS! Domingo II de Navidad, ciclo A (4 enero 2026)
Hoy el Evangelio de Juan nos regala estas palabras tan densas y luminosas: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”..
¿Qué significa ésto?
Que Dios no nos envió un mensaje, no nos dejó un manual. Se hizo uno de nosotros. Tuvo el rostro concreto de Jesús de Nazaret: un hombre que nació de mujer, que tuvo hambre y sed, que se cansó de caminar, que lloró ante la tumba de su amigo Lázaro, que reía con los niños, que comía con pecadores y justos por igual. Ese Jesús histórico, que caminó por las aldeas de Galilea hace dos mil años, es el mismo que está aquí, ahora, con nosotros. Porque antes de partir nos hizo una promesa que sostiene nuestra fe: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.
Tres presencias… un mismo Jesús
¿Cómo cumple Jesús esta promesa? De tres maneras luminosas que se entrelazan en esta Eucaristía:
Primero, está presente en su Palabra. Cuando proclamamos el Evangelio, no estamos leyendo un texto antiguo. Es Él quien nos habla hoy, aquí, ahora. La misma voz que sanó al ciego, que perdonó a la adúltera, que llamó a Lázaro de la tumba, sigue resonando en estas palabras. Por eso las escuchamos de pie: porque es el Señor quien nos habla.
Segundo, está presente en la Eucaristía. Este pan que partimos es su Cuerpo. Este vino que compartimos es su Sangre. No un símbolo, no un recuerdo: Él mismo, el mismo Jesús que nació en Belén, que murió en la cruz y resucitó al tercer día. Se hace alimento para nosotros. Entra en nosotros para que nosotros podamos vivir en Él.
Y tercero, está presente en nosotros, en cada bautizado. San Pablo lo dice con claridad: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”. Cuando comulgamos, cuando acogemos su Palabra, Jesús nos transforma desde dentro. Nuestras manos pueden convertirse en sus manos que bendicen y sanan. Nuestros ojos en sus ojos que miran con misericordia. Nuestro corazón en su corazón que ama sin límites.
No estamos solos
Nunca hemos estado solos. En cada alegría y en cada lágrima, en cada amanecer y en cada noche oscura, Jesús ha estado ahí. No como una idea lejana, sino como presencia real y cercana.
Cuando venimos a Misa, cuando abrimos el Evangelio en casa, cuando comulgamos -llevando en el corazón nuestras penas y esperanzas- Él ha estado ahí. El mismo que hace dos mil años caminaba por Galilea, el mismo que hoy nos dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados, y yo os aliviaré”.
La invitación
Esta semana, cuando abramos el Evangelio, recordemos: es Jesús quien nos habla… Cuando comulguemos, sepamos: es Jesús quien entra en nosotros.
Y cuando salgamos de aquí, a nuestras casas, a nuestro trabajo, a la calle, llevemos esta certeza: somos portadores de Cristo. Él vive en nosotros y quiere amar, consolar y servir a través de nosotros.
La Palabra no se quedó en el pasado. Se sigue haciendo carne: en el pan consagrado sobre este altar, y en nuestra propia carne cuando le dejamos vivir en nosotros.
Que María, que dio carne a la Palabra en su seno, nos ayude a ser como ella: lugares donde Jesús se hace presente, visible, cercano para todos los que nos rodean.
Impactos: 180
Felicitación – “Es que lo viejo pasó…. un nuevo día llegó…”
[Primera estrofa]
Vamos a hacer la Primavera,
vamos a hacer la Luz,
poquito a poco vamos a dejar Amanecer, oh Dios.
Vamos a hacerlo todo nuevo
volviendo hacia Ti.
Está llegando un Nuevo Día:
resucitas, Señor.
[Estribillo]
Y es que lo viejo pasó, pasó, pasó.
Y es que lo nuevo nace, nace, nace.
Y es que lo viejo pasó: un Nuevo Día llegó.
[Segunda estrofa]
Vamos a abrir nuevas fronteras,
vamos a ir al límite,
un Viento fuerte nos hace volar:
nadie nos detendrá.
En sinfonía de colores
vamos a regresar a Galilea, a nuestra tierra: Hoy renaces, Señor.
[Recitado]
No tengáis miedo al caos.
Crear es un juego.
Crear es recrearse.
La sonrisa de Dios, su Espíritu, nos invita a jugar.
No tengáis miedo […].
Los ancianos profetizan, los jóvenes tienen sueños.
Tiempos de Plenitud:
la Plenitud de la Semilla que espera su oportunidad.
Abrid las puertas al día, al Nuevo Día.
No tengáis miedo al caos.
[Estribillo]
Y es que lo viejo pasó, pasó, pasó.
Y es que lo nuevo nace, nace, nace.
Y es que lo viejo pasó: un Nuevo Día llegó.
Impactos: 74
LA BENDICIÓN QUE TRANSFORMA: 1 enero, 2026 – El año de la Bendición
“Del misterio que seduce, la identidad que desafía, el rechazo que brutaliza… ahora: la bendición que transforma.”
Sigue leyendoImpactos: 241
EL RECHAZO BRUTAL: LA SAGRADA FAMILIA HACIA EGIPTO (Domingo después de Navidad)
La liturgia de la noche de Navidad nos ha hablado del “Misterio que seduce”. La del día de Navidad de “la identidad que desafía”. Hoy… nos habla del “rechazo brutal”.
Sigue leyendoImpactos: 147
¡DIOS ARMÓ SU TIENDA JUNTO A NOSOTROS!” – Navidad -25 diciembre 2025
Acabamos de escucharlo: “El Verbo se hizo carne”. Tres palabras que lo cambian todo.
Sigue leyendoImpactos: 109





