[Primera estrofa] Vamos a hacer la Primavera, vamos a hacer la Luz, poquito a poco vamos a dejar Amanecer, oh Dios. Vamos a hacerlo todo nuevo volviendo hacia Ti. Está llegando un Nuevo Día: resucitas, Señor.
[Estribillo] Y es que lo viejo pasó, pasó, pasó. Y es que lo nuevo nace, nace, nace. Y es que lo viejo pasó: un Nuevo Día llegó.
[Segunda estrofa] Vamos a abrir nuevas fronteras, vamos a ir al límite, un Viento fuerte nos hace volar: nadie nos detendrá. En sinfonía de colores vamos a regresar a Galilea, a nuestra tierra: Hoy renaces, Señor.
[Recitado] No tengáis miedo al caos. Crear es un juego. Crear es recrearse. La sonrisa de Dios, su Espíritu, nos invita a jugar. No tengáis miedo […]. Los ancianos profetizan, los jóvenes tienen sueños. Tiempos de Plenitud: la Plenitud de la Semilla que espera su oportunidad. Abrid las puertas al día, al Nuevo Día. No tengáis miedo al caos.
[Estribillo] Y es que lo viejo pasó, pasó, pasó. Y es que lo nuevo nace, nace, nace. Y es que lo viejo pasó: un Nuevo Día llegó.
“Del misterio que seduce, la identidad que desafía, el rechazo que brutaliza… ahora: la bendición que transforma.”
TE BENDIGO….
“Primer día del año. ¿Sabes cuál es el primer mensaje de Dios para ti? No es ‘esfuérzate más’. No es ‘ponte metas imposibles’. Es algo mucho más poderoso: “‘Te bendigo.'”
En el libro de Números escuchamos la bendición más antigua del mundo: ‘Que el Señor ilumine su rostro sobre ti, que te mire con amor y te conceda la paz.'”
“Tres veces se repite el nombre de Dios. Tres veces nos bendice. Y aquí está el giro: Dios no espera a que seas perfecto para bendecirte. Te bendice primero.”
VER EL ROSTRO DE DIOS
Ver el rostro de Dios… y todo lo demás basta.’ Esa es la mayor bendición. Y en Navidad vimos ese rostro: un bebé en un pesebre. Nada espectacular para el algoritmo.
“Los pastores corrieron y encontraron exactamente eso: Dios haciéndose pequeño para bendecirnos de cerca. Al octavo día lo circuncidan. Su nombre: Yeshua, Josué. El que introduce en la tierra prometida. El Creador… ahora el Liberador.”
¿Y María? ‘Guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón.’ No las publicó al instante. No las compartió en stories. Las guardó. Las procesó. Las vivió.” ¡Eso es sabiduría espiritual!
ERES BENDICIÓN
“Este 2026, hagamos algo diferente: No solo pongas metas. Reconoce primero la bendición que YA eres.”
“No solo corras detrás del éxito. Detente como María y medita qué está haciendo Dios en tu vida. No esperes a diciembre para agradecer. Empieza hoy, ahora, aquí.”
“La bendición de Dios ya está activada sobre ti. No necesitas ganártela. Solo recibirla, vivirla, compartirla. Que el Señor ilumine su rostro sobre ti y te conceda paz.”
“2026: El año en que creíste en la bendición. Amén.”
La liturgia de la noche de Navidad nos ha hablado del “Misterio que seduce”. La del día de Navidad de “la identidad que desafía”. Hoy… nos habla del “rechazo brutal”.
Tres días después de Navidad, el Niño Dios tiene que huir en la noche. Se convierte en refugiado. ¿Y adivina a dónde huyen? A Egipto.
Egipto. El lugar de la esclavitud. Del que Moisés sacó al pueblo hacia la libertad. Y ahora, la Sagrada Familia vuelve a Egipto… para encontrar vida.”
La Tierra Prometida se volvió mortal. El hogar, amenaza. Y la tierra de la esclavitud se convierte en refugio. Es el Anti-Éxodo.”
“José cruzó la frontera en plena noche. Sin papeles. Sin visa. Sin tiempo para trámites. Había una orden de muerte. La Sagrada Familia fueron inmigrantes ilegales. Así de claro.”
“¿Cómo es posible? Las autoridades religiosas no reconocieron al Verbo que creó el universo. Herodes quiso matarlo. El pueblo elegido rechazó a su Mesías.”
“Y Dios crece en la frontera, no en la capital. En el margen, no en el centro del poder. Por eso Jesús será siempre ‘el Galileo’. De la periferia.”
Hay madres que cruzan fronteras en la noche con sus hijos. Padres que, como José, simplemente se levantan y protegen a los suyos. La historia se repite.”
“Jesús fue un niño refugiado antes de ser maestro. Si despreciamos a los migrantes, despreciamos al Niño que huía de Herodes.”
“Dos preguntas para ti hoy: Primera: ¿Hay algún ‘Egipto’ en tu vida? ¿Algo que despreciabas… y Dios te está llamando justo ahí para encontrar vida?”“Segunda: ¿Hay algún ‘hogar’, alguna certeza que ya se volvió peligrosa para tu fe… y necesitas moverte?”
Acabamos de escucharlo: “El Verbo se hizo carne”. Tres palabras que lo cambian todo.
Ese bebé que María acuna en Belén… es la Palabra que pronunció las galaxias. El que busca el pecho de su madre… es quien hizo existir el primer átomo de hidrógeno.
Lo Eterno entró en el tiempo. Lo Infinito se hizo pequeño. El Creador se volvió criatura.
Ya no envía mensajeros
Durante siglos, Dios habló por profetas. Moisés, Isaías, Jeremías… palabras verdaderas, santas, que ardían.
Pero ahora—escuchen bien—ahora nos habla por medio del Hijo. Ya no manda señales ni voces. Él mismo vino. La Palabra se hizo bebé que balbucea.
La humanidad miró al cielo durante miles de años preguntando: “¿Dios, dónde estás? ¿Nos oyes? ¿Te importamos?”
Y Dios no respondió con un trueno. Respondió con un llanto en la noche.
Su tienda junto a la nuestra
Juan dice que el Verbo “habitó entre nosotros”. En griego: “puso su tienda”, como los beduinos que acampan junto a su familia.
Dios no se quedó cómodo en el cielo. Armó su tienda junto a la nuestra. Respirando nuestro polvo. Sufriendo nuestro frío.
No vino de visita. Vino a vivir lo que cualquiera de nosotros vive.
Cuando lloramos, Él sabe qué se siente. Cuando tenemos miedo, Él lo ha tenido. Cuando nos sentimos solos, Él conoce esa soledad.
La pregunta que lo cambia todo
“A todos los que lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios”.
¿Nosotros lo hemos recibido?
No pregunto si creemos en Dios—casi todos aquí creemos. No pregunto si venimos a Misa—ya estamos aquí.
Pregunto algo más profundo: ¿Hemos dejado que el Verbo hecho carne entre de verdad en nuestra vida?
Una cosa es celebrar la Navidad. Otra cosa es dejar que la Navidad nos recree, nos haga nacer de nuevo.
Recibirlo de verdad significa dejar que ese Dios que se hizo pequeño entre en nuestros lugares pequeños: nuestras heridas sin sanar, nuestros miedos, rencores, nuestro corazón cansado.
Él ya armó su tienda junto a la nuestra.
Ahora nos toca a nosotros abrir la entrada.
Canción:Paralelismo entre Belén y el Calvario (pesebre-pañales – cruz-sudario)
[Estrofa 1] En Belén un pesebre en el Gólgota una cruz Pañales en la noche sudario y quietud La Madre está presente contemplando al Niño-Dios
[ESTRIBILLO – Coral] Del pesebre al Calvario del pesebre al Calvario Un camino de amor nos trazó el Niño Dios Del pesebre al Calvario del pesebre al Calvario
[Estrofa 2] Dos Josés que lo cuidan dos lugares, un amor Belén profetiza la entrega del Señor Fragilidad que salva belleza y compasión
[ESTRIBILLO – Coral] Del pesebre al Calvario del pesebre al Calvario Un camino de amor nos trazó el Niño Dios Del pesebre al Calvario del pesebre al Calvario
[Estrofa 3] No es el poder que vence es la entrega hasta el fin El Niño de Belén murió por ti y por mí La belleza del mundo nació en aquel pesebre gris
[ESTRIBILLO FINAL – Coral, más intenso] Del pesebre al Calvario del pesebre al Calvario Un camino de amor nos trazó el Niño Dios Del pesebre al Calvario del pesebre al Calvario
La liturgia nos presenta hoy a un hombre que, en el silencio más profundo, pronunció uno de los “síes” más poderosos de toda la historia de la salvación. San Mateo nos dice: “José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y tomó a María por esposa”. Un hombre que no dijo ni una sola palabra en todo el Evangelio, pero cuyo silencio cambió el mundo.
La liturgia nos coloca ante una escena desconcertante: Juan el Bautista, el profeta que bautizó a Jesús, el que lo señaló como “el Cordero de Dios”, el que gritaba en el desierto… ahora duda. Desde la oscuridad de una celda, manda a preguntar: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” ¡Sorprendente! ¿Un gran profeta, como Juan, puede dudar? Sí, ¡hasta los santos dudan!
Hoy celebramos algo extraordinario: en la unión de Joaquín y Ana, Dios Padre preparó a la Madre de su Hijo. Todo su ser fue creado para engendrar a Jesús en la humanidad. A la concepción inmaculada de Jesús precedió la concepción inmaculada de su Madre, la “llena de gracia”.
Las palabras más importantes rara vez son las más elaboradas. Juan el Bautista lo sabía. Su mensaje cabía en una sola palabra: ¡Convertíos! Una palabra que hemos domesticado hasta hacerla inofensiva.