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“TOCAR AL RESUCITADO: del Miedo a la Fe” – Domingo de la Divina Misericordia – II de Pascua, ciclo A.
Hermanos, hoy es el Domingo de la Divina Misericordia, fiesta querida por san Juan Pablo II. El Evangelio nos trae una escena única: Tomás, el ausente, el que duda, el que quiere tocar. Pero hay un detalle que a veces nos confunde: Jesús dice a María Magdalena: *«No me toques»* (Jn 20,17), y en cambio a Tomás le dice: *«Trae tu dedo, mira mis manos, mete tu mano en mi costado»* (Jn 20,27). ¿Por qué esta diferencia? ¿Acaso Jesús cambia de actitud?
1. El «no me toques» a María Magdalena
Cuando María encuentra a Jesús resucitado junto al sepulcro, llora, busca, ama. Él le dice: *«Noli me tangere»* – «No me retengas, no me sujetes». No es un rechazo. Es una lección: todavía no ha subido al Padre. María quiere volver a abrazar al Jesús de antes, al amigo humano. Pero Jesús la empuja hacia adelante: «Ve a mis hermanos y diles que subo a mi Padre». El «no me toques» significa: *tu fe ya no puede depender de mi presencia física como antes. Ahora es por el anuncio, por la fe.*
María Magdalena representa al amor que quiere aferrarse a lo conocido. Jesús la libera para que anuncie.
2. El «toca» a Tomás
Tomás es distinto. Él no estaba el día de la aparición. Escucha, pero no cree. Y lanza un desafío: «Si no veo la marca de los clavos y meto mi dedo… no creeré».
Jesús no se enfada. Al contrario, a los ocho días vuelve y se le ofrece: *«Toca, mira, mete tu mano»*. ¿Por qué ahora sí? Porque Tomás no quiere retener a Jesús; quiere *cerciorarse*. Su deseo no es posesión, sino verdad. Por eso Jesús se lo concede. Y Tomás no toca –que el texto no dice que realmente tocara–, sino que confiesa: *«¡Señor mío y Dios mío!»*
La diferencia clave:
– María quiere volver al pasado.
– Tomás quiere creer en el presente, pero necesita ayuda.
3. La misericordia de Jesús: sale al encuentro de la duda
Jesús es misericordioso con ambos. A María la envía a anunciar. A Tomás le ofrece sus llagas. ¿Qué nos dice esto a nosotros? Que la fe no es una idea abstracta. Jesús permite que «toquemos» su misericordia: en los sacramentos, en los pobres, en la Eucaristía.
«Cuando extiendes las manos y recibes la hostia, no estás recibiendo un símbolo. Estás tocando el Cuerpo de Cristo». Ese es el gran don del domingo de la Misericordia: podemos acercarnos como Tomás, con dudas, con hambre de verdad, y Jesús nos dice: «Mete tu mano aquí».
Conclusión
Hoy, al comulgar, no nos quedemos en la superficie. No hagamos como quien solo mira de lejos. Acerquémonos como Tomás: con humildad, con deseo real de tocar al Señor vivo. Digamosle: «Señor, quiero creer, pero ayúdame a tocar tu amor».
Y al final de la comunión, en ese silencio que el texto invita a vivir, escuchemos a Jesús que nos dice: «La paz esté contigo. No seas incrédulo, sino creyente».
Porque dichosos los que no vieron y creyeron… pero más dichosos todavía los que, viéndolo velado en el pan, se atreven a tocar su misericordia.
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LLAMAMIENTO POR LA PAZ -Misioneros Claretianos (Bolawalana, Sri Lanka, 7 de marzo de 2026)

Tomamos la palabra profundamente preocupados ante la trágica escalada de violencia y guerra en Oriente Medio. Ante los ojos del mundo, la destrucción responde a la destrucción y la voz de las armas ahoga el lenguaje del diálogo. Las principales víctimas de esta espiral de violencia son personas inocentes: familias desplazadas, niños que viven con miedo y comunidades que sufren pérdidas inconmensurables.
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NACER DE NUEVO -Breve homilía para el Día de la Resurrección
EL DÍA DEL SILENCIO – Sábado Santo
¿Sabes por qué hoy el mundo entero está en silencio?. No es un silencio de muerte; es el silencio de un Rey que se ha quedado dormido para despertarnos a todos.
El gran Silencio
Hoy la tierra está temerosa y sobrecogida. Pero mientras nosotros vemos soledad, en lo invisible está ocurriendo una conmoción. Dios ha muerto en la carne, sí, pero para bajar a buscar a nuestro primer padre, Adán, como si fuera la oveja perdida. Cristo no se ha quedado en la tumba: ha bajado a visitar a los que viven en tinieblas.
El encuentro en el infierno
Imagina la escena: Jesús llega a las prisiones del abismo con las armas vencedoras de la cruz en sus manos. Al verlo, Adán queda asombrado y grita: “¡Mi Señor esté con todos!”. Y Cristo, tomándolo de la mano, le responde con la mayor ternura: “Y con tu espíritu”. Es el encuentro de Dios con su humanidad herida.
El mensaje de Cristo:
Escucha lo que Jesús le dice a Adán, y lo que nos dice a nosotros hoy:
- “Despierta, tú que duermes”. No te creé para que permanecieras cautivo en el abismo.
- Mira los salivazos de mi cara, para devolverte tu aliento de vida.
- Mira los azotes en mi espalda, para aliviarte del peso de tus pecados.
- Mira mis manos clavadas al madero, porque tú extendiste maliciosamente la tuya al árbol prohibido.
- “Mi sueño te saca del sueño del abismo”.
De la Prisión al Trono
El rescate es total. Jesús le dice: “Levántate, salgamos de aquí”. El enemigo te sacó del paraíso, pero yo te coloco en un trono celeste. Ya no hay querubines que te prohíban el paso; ahora hay ángeles que reconocen tu dignidad y te sirven.
El reino de los cielos está preparado para ti desde toda la eternidad. Hoy, en el Gran Sábado, nada está perdido. ¡Despierta! Porque tu Dios ha bajado hasta tu propia oscuridad para sacarte a la luz.
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¡JERUSALÉN… JERUSALÉN… DONDE EL AMOR SE HIZO CRUZ! El canto de la Pasión
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EL SECRETO DE “DISCÍPULO AMADO”: EL TRIUNFO DEL AMOR – Viernes Santo 2026
¿Viernes Santo es la historia de un fracaso?. El autor del cuarto evangelio, el “discípulo amado”, nos dice que no. Él era su confidente y mejor amigo, por eso su mirada merece toda nuestra atención. Hoy no venimos a ver una tragedia externa, sino a encontrarnos con el auténtico Jesús del Viernes Santo.
Olvida la imagen de una víctima pasiva o deprimida. En el relato de Juan, vemos a un Jesús lleno de energía interior.
- Cuando lo buscan, Él da el paso: “¡Yo soy!”.
- A Pedro le ordena: “¡Mete la espada en la vaina!”.
- Ante el poder del mundo afirma: “¡Mi reino no es de este mundo!”. Jesús es Señor hasta el último momento; sus verdugos son, en realidad, las víctimas de su no-violencia.
Junto a la cruz, el discípulo amado es testigo de un testamento de amor. Jesús mira a su madre y al amigo y redefine la familia: “Mujer, ahí tienes a tu hijo… ahí tienes a tu madre”. No es solo un gesto de consuelo; es la creación de una comunidad unida por el cuidado mutuo y el amor extremo.
Llegamos al clímax. Jesús dice: “¡Todo está cumplido!” y entrega el Espíritu. Para quienes están al pie de la cruz, este es el primer Pentecostés. No es un último suspiro de muerte, sino un “derrame” de vida. En ese instante, el amor de Dios empieza a circular “a borbotones” sobre la Iglesia naciente. Es una energía que todo lo supera y que vence amando incluso a quienes le quitan la vida.
Porque, hermanas y hermanos, tiene más fuerza el amor que el odio. Tiene más poder quien enciende una luz que quien apaga las luces de una ciudad. Al final, en la Cruz, ¡venció el Amor de los Amores!.
¿Quieres este señorío de Jesús?.
- Borra resentimientos.
- Corta la crítica permanente.
- Perdona y ama sin condiciones. Haz del amor tu arma más poderosa. Porque hoy, lo que no es amor… ¡se está ahogando!
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“Y DESDE AQUELLA NOCHE… NOS AMÓ HASTA EL EXTREMO” – Jueves Santo
Hoy es Jueves Santo. Y hoy… todos estamos en un Cenáculo. Aquí en la Iglesia, allá… ¡en nuestra casa! con las puertas cerradas. Como aquellos primeros discípulos.
Jesús vivió esta Cena con una amenaza rondándole. Con el miedo presente. Con la traición sentada a su mesa: ¡Judas!
Y aun así… Se levantó. Se ató una toalla a la cintura. Se puso de rodillas. Y empezó a lavar pies. Los pies de Pedro, que protestó. Los pies de Juan, que le amaba. Los pies de Judas, que ya había decidido traicionarle.
A todos. Sin excepción.
Y me imagino… que también llegaría hasta mí. Con esa delicadeza suya. Con esa ternura que descoloca. Y me lavaría los pies a mí. Eso es lo que el evangelio de Juan nos quiere decir esta tarde: “Habiendo amado a los suyos… los amó hasta el extremo.”No a medias. No cuando era fácil. Hasta el extremo.
Y luego tomó el pan. Tomó la copa. Y dijo: “Tomad… esto es mi cuerpo. Esto es mi sangre.” ¡El regalo más inesperado en el momento más oscuro!
El evangelista Juan nos guarda además otro tesoro. Un largo y misterioso discurso de despedida que Jesús dedica a los suyos.
Habla del Amor. Habla de su Abbá. Habla del Espíritu Santo que vendrá. “Os lo recordará todo… os llevará a la verdad completa.” Un discurso lleno de misterio, lleno de ternura, lleno de promesas. Como si Jesús quisiera dejarnos todo su mundo… en las manos.
Y hoy… sigue haciendo lo mismo. No solo en la Iglesia, sino también en tu casa. En mi casa. Aunque las puertas estén cerradas. Aunque el mundo parezca detenido.
Porque desde aquella noche… no ha dejado de amarnos. Hasta el extremo. Nuestra casa puede ser hoy un cenáculo. Nuestra mesa… puede ser un altar.
Que el Espíritu Santo convierta cada hogar en lugar de encuentro con Él. Feliz Jueves Santo.
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