¡TODO COMENZÓ EN GALILEA! (Domingo 3)

Tendemos a cerrarnos en lo nuestro. Nos cuesta mucho cambiar de vida. Así envejecemos: cultivando esa parcela que nos pertenece y nos hace idénticos a nosotros mismos; en ella están esas virtudes que hasta ahora nos han hecho agradables a otros, pero también esos defectos que nos afean y con lo cuales hemos pactado ya para siempre. Y a esto se le llama “pereza”: es decir, la resistencia a cambiar. “Yo soy así” y no esperen de mí nada más. Una buena definición de pereza es ésta: resistencia a lo nuevo. Perezosa no es aquella persona que “no hace nada” o casi nada, sino aquella persona que “hace mucho para no cambiar”. El mensaje de este domingo 3 de año litúrgico, 24 enero 2021 nos pide que salgamos de nuestro mundillo y nos abramos a una nueva realidad que también hoy está llegando. Se puede reducir a tres palabras: Resistencia, Comienzo y Representación.

La RESISTENCIA de Jonás

Jonás recibió como misión de Dios “amenazar a la ciudad de Nínive y pedirle la conversión al verdadero Dios”. Era una ciudad inmensa. Y a ésto se añadía que Jonas, profeta nacionalista, la odiaba como el peor enemigo de Israel. Para Jonás esa misión que Dios le confía le parece contraria a sus principios y, por otra parte, le parece “misión imposible”, porque no va a conseguir lo que Dios pretendía. Por eso, Jonás huyó de Dios y se puso en camino, pero para alejarse cada vez más de su destino. Pero Dios escribió recto con líneas torcidas. Al fin, Jonás se vio milagrosamente ante las puertas de Nínive . Comenzó su misión y constató sorprendido que todo cambió en aquella ciudad: ¡todos se convirtieron a Dios, desde el Rey hasta los animales! Todos se sometieron a un estricto ayuno penitencial. El resultado fue que Dios que amenazaba a Nínive con la destrucción, al final se arrepintió y la salvó.

¡Todo COMENZÓ en Galilea!

Jesús se marchó a Galilea cuando el profeta Juan fue encarcelado. Galilea no era el centro… sino la periferia. Galilea no era -en principio- el lugar más adecuado para emitir un mensaje religioso, una propuesta de cambio. Era la Galilea de los gentiles. Se pensaba que de allí no podía salir nada bueno. Sin embargo, ¡todo comenzó en Galilea! Se trataba de la revolución más sorprendente e inesperada: la proclamación del Reino de Dios. Hoy pensaríamos que: ¡todo comienza en Roma… en la plaza de San Pedro! O todo comienza en Washington, en el Capitolio… con solemnísimas celebraciones. Sin embargo, Jesús que clama “¡Se ha cumplido el plazo… está cerca el Reino de Dios!” lo hace en un lugar poco significativo: ¡en Galilea!, en la periferia del pueblo de Israel. Y es allí donde Jesús consigue a los primeros adeptos: dos parejas de hermanos, dedicados a la pesca.

Decir “conversión” no es para Jesús únicamente intentar ser buenos, dejar de cometer los pecados que a veces jalonan nuestra vida… ¡No! Lo que pide es “metánoia”, que traducimos por conversión, y podríamos hoy traducir por “cambio de paradigma”. Jesús proclama que ha llegado el momento de cambiar de mentalidad, porque está llegando la “mejor y más buena noticia” que un ser humano pudiera imaginar: el Reinado de Dios.

Las dos parejas de hermanos tuvieron que vislumbrara algo extraordinario en las palabras de Jesús. Inmediatamente abandonaron el mundo que hasta ese momento les daba seguridad y sustento y se arriesgaron a vivir una aventura, que Jesús les describió como “ser pescadores de hombres”, es decir, como anzuelos atractivos para iniciar un mundo nuevo, el mundo del Reino de Dios en amor y justicia.

¡La REPRESENTACIÓN se termina! ¡El momento es apremiante!

Han pasado muchos siglos desde que la escena evangélica que acabamos de comentar ocurrió. Muchos pensarán que aquello fue una ilusión pasajera de juventud. ¿Dónde reina hoy Dios?, nos preguntamos. ¿No vemos que la sociedad se seculariza cada vez más? ¡Especialmente la sociedad europea, que intenta hacer desaparecer el nombre de Dios de nuestra vida pública! Las palabras de san Pablo en la segunda lectura sí son válidas para hoy: ¡la representación de este mundo pasa! Se está terminando la obra de teatro, la película, el concierto, el partido de futbol… ¡Y el momento es apremiante! Lo que estamos viviendo no tiene la importancia que le damos. Esta pandemia mundial nos está diciendo lo efímera que es la vida. Todos nosotros estamos de paso. Y Jesús se nos acerca y nos dice: ¡El Reino de Dios está cerca, ven y sígueme! No temas, es una buena noticia.

¡No pongamos nuestro corazón en lo que es evanescente, efímero! No gastemos demasiadas energías en conservar aquello que pronto tendremos que dejar. Seamos generosos, buenos, pasemos haciendo el bien. …

Abandonemos lo que es “lastre”. Ese “lastre” nos impide la libertad que requiere la acogida incondicional de lo nuevo. Lo que nos está ocurriendo no es un “castigo de Dios”. Es más bien una señal de algo nuevo que nos está llegando. Dios tiene nuestro planeta en sus bellas y amorosas manos. Y muchas personas van a volver a Él. Nuestro Dios quiere también tomar posesión de la humanidad de la tercera década del siglo XXI.

Dejar … para entrar en lo desconocido – ¡Nuestro Dios quiere reinar… también hoy!

Pertenecemos a la comunidad de Jesús. Estamos llamados a reflejar y transmitir la Luz del Reino de Dios que está siempre llegando. Qué pena que cuando hablamos de conversión pensemos en todo menos en el cambio de mentalidad, que es lo más fecundo.

También hoy estamos llamados a dejar las barcas, las redes, nuestro mar conocido, para así entrar en lo desconocido. Por eso, es bueno ser generosos: aceptar un nuevo destino, una nueva perspectiva en la vida, un nuevo capítulo, una nueva etapa. No hace falta ser infiel. Lo único que hace falta es ser creadoras y creadores en la fidelidad.

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