Jesús cuenta hoy tres historias seguidas. Y las tres dicen, en el fondo, lo mismo. ¡No te desesperes! Un campo con cizaña mezclada entre el trigo. Un grano de mostaza diminuto. Un poco de levadura escondida en la masa.
Tres imágenes de algo que no parece gran cosa. Que parece incluso un problema. Y que sin embargo está yendo exactamente a donde tiene que ir.
Empiezo por la que más me interpela: ¡el campo con cizaña!
Los criados llegan corriendo, escandalizados: ¡Señor, hay mala hierba entre el trigo, qué hacemos, la arrancamos ya! Y el dueño dice: no. Esperad.
No porque le dé igual la cizaña. Sino porque arrancarla ahora haría demasiado daño. Porque el trigo y la cizaña crecen entrelazados, y a veces no se distinguen hasta que maduran.
Esto me dice algo importante sobre cómo actúa Dios. Dios no tiene prisa en condenar. Dios tiene paciencia. Una paciencia que a veces nos desespera porque queremos que todo se resuelva ya, que los malos paguen pronto y los buenos sean reconocidos enseguida.
Pero también me dice algo sobre mí mismo.Porque ese campo de trigo y cizaña no es solo el mundo ahí fuera. Soy yo también. Hay en mí cosas buenas y cosas que todavía no lo son tanto. Zonas de luz y zonas que siguen esperando ser redimidas. Y Dios no me arranca. Espera. Trabaja despacio.
Y luego el grano de mostaza.
La semilla más pequeña que conocían. Y sin embargo, crece hasta dar sombra a los pájaros.Cuántas veces he pensado que lo que hago es demasiado pequeño para importar. Un gesto de bondad que nadie ve. Una oración torpe. Un perdón que me cuesta pero lo doy.
Jesús dice: no subestimes lo pequeño.
El reino de Dios no llega con estruendo. Se mete como levadura, en silencio, desde dentro, y transforma todo sin que nadie lo vea venir.
Hoy me quedo con esto: Dios está actuando. Aunque no lo veas. Aunque parezca que la cizaña lleva ventaja. Aunque tu grano de mostaza parezca ridículo. No te desesperes. Deja que crezca.
Impactos: 27