¡CREER EN JESÚS! LA PUERTA DE ACCESO A LA FE

Preparación:

Estamos invitados hoy a reafirmar nuestra fe en la identidad divina de Jesús. Es fácil que compartamos algunas de las dificultades que tuvieron sus contemporáneos: “¡Tú no eres más que un hombre!”. El Espíritu del Padre nos llevará a la verdad completa..

Lectura:

En aquel tiempo los judíos volvieron a coger piedras para tirárselas, pero Jesús les dijo: “Por el poder de mi Padre he hecho muchas cosas buenas delante de vosotros: ¿por cuál de ellas me vais a apedrear?”. Los judíos le contestaron: “No vamos a apedrearte por ninguna cosa buena que hayas hecho, sino porque tus palabras son una ofensa contra Dios. Tú, que no eres más que un hombre, te haces Dios a ti mismo”. Jesús les respondió: “En vuestra ley está escrito: ‘Yo dije que sois dioses’. Sabemos que no se puede negar lo que dice la Escritura, y Dios llamó dioses a aquellas personas a quienes dirigió su mensaje. Y si Dios me apartó a mí y me envió al mundo, ¿cómo podéis decir que le he ofendido por haber dicho que soy Hijo de Dios? Si no hago las obras que hace mi Padre, no me creáis. Pero si las hago, creed en ellas aunque no creáis en mí, para que de una vez por todas sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre”. De nuevo quisieron apresarle, pero Jesús se escapó de sus manos. Regresó Jesús al lado oriental del Jordán, y se quedó allí, en el lugar donde Juan había estado antes bautizando. Muchos fueron a verle y decían: “Ciertamente, aunque Juan no hizo ninguna señal milagrosa, todo lo que decía de este hombre era verdad”. Muchos creyeron en Jesús en aquel lugar (Jn 10,31-42).

El relato evangélico de este día nos presenta un dramático diálogo de Jesús con los judíos en un contexto amenanzante: “volvieron a coger piedras para tirárselas” y “de nuevo quisieron apresarle”.

  • Los judíos lo acusaban por aquello que Jesús decía.
  • Jesús replicaba con aquello que Él hacía.
    • Para los judíos las palabras de Jesús eran blasfemas;
    • para Jesús sus obras eran las obras de Dios Padre en Él.
    • Incluso llegaba a pedirles que no creyeran en las palabras, ni siquiera en Él; pero sí en las obras y en la presencia actuante del Padre en Él.
  • La identidad de Jesús se capta cuando se descubre en aquellas obras buenas y bellas que realiza que es el Hijo del Abbá, del Dios Creador.
    • Entre Jesús y el Padre se da una mutua inmanencia: “El Padre está en mí, y yo estoy en el Padre”.
  • Jesús logró escaparse.
    • Mucha gente fue a verle y constató la diferencia entre Jesús y Juan el Bautissta:
    • consideraban a Juan como un hombre que dice la verdad, pero no hace obras o señales de Dios.
    • Y muchos creyeron en Jesús, por todo lo que Juan decía de Él.    

Meditación:

La fe en Jesús no nace en nosotros simplemente a través de la escucha de lo que se dice de Él.

  • El auténtico acceso a la fe acontece cuando experimentamos en nosotros o en los demás
    • la obra que Dios realiza a través de Él,
    • la íntima inmanencia e identificación entre Jesús y el Abbá y el Espíritu en medio de los dos.
    • Jesús nunca llega solo a nosotros. Se presenta ante nuestra fe y amor como Hijo, como el Nacido de Dios, el que actúa las obras bellas y buenas de Dios.
  • Evoquemos el Génesis: “Y vió Dios que todo lo que había hecho era bueno  bello”.
    • Jesús re-crea el mundo, a las personas que creen en Él.
    • Pero ¡qué difícil resulta creer en el Hijo de Dios a quienes piden argumentos, razonamientos, palabras, sin darse cuenta de que Dios actúa como Padre no tanto dando ideas, sino vida, transformando, sanando, redimiendo, santificando.

Oración:

Abbá, tú has querido mostrarse en tu Hijo Jesús. Nos enviaste a la tierra al Hijo de tus entrañas para que en Él te contempláramos a ti. Tú, el invisible, te hiciste en Él visible: sobre todo, en sus obras y signos. Que vuestro Santo Espíritu nos libre de nuestra incapacidad para poder adorarte en Jesús, en todo lo que a través de Él estás realizando en la historia y en el mundo.

Contemplación:

La comunidad de quienes creemos en Jesús debemos caracterizarnos no solo por la ortodoxia, las adecuadas palabras; sino, más todavía, por la ortopraxis, las acciones buenas. Son ellas -acciones de amor, de misericordia, de acogida que transforma al otro- las que suscitan la fe. Quienes las experimentan pueden decir con mucha facilidad: ¡Dios está aquí! ¡Adoremos!

Acción:

Reafirma tu fe en Jesús, Hijo y Enviado del Abbá, contemplando alguna de sus obras, realizadas en el Espíritu, en este día, en el lugar que habitas.

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