“SOMOS PARTE DE UNA INMENSA VIDA”: HACIA LA NUEVA CONCIENCIA ECOLÓGICA (en la semana del “Laudato Sii”

Cuando Francisco de Asís hablaba de “la madre tierra”, del “hermano sol, la hermana luna…”, no estaba fantaseando. Fue una gran revelación: ¡que toda la Creación tiene carácter filial! Quien la creó -el Creador- no lo hizo como un artesano, sino como un Padre-Madre, que engendra a sus hijos e hijas. Así también nosotros lo proclamamos cada domingo en el Credo de la Misa: “Creo en Dios-Padre… Creador”: en Dios Padre-Madre que crea dando vida a su creación-filial. De sus manos creadoras surgió un mundo de fraternidad, de sororidad cósmica. Y Francisco de Asís renació en una encíclica publicada hace 5 años: “Laudato Sii”. El Papa Francisco nos convoca a una nueva alianza de fraternidad y sonoridad con la Madre y hermana Tierra, nuestra casa común (LS, 17-61). Adquiramos una “nueva conciencia”. Descubramos nuestra más radical identidad. Comprometámonos con una “nueva dimensión de la ética”. Es el momento de la “conversión ecológica” (LS, 216-221).

Hacia una “nueva conciencia” de la realidad: organización y caos

Si la ciencia del ser humano es la “antropología”, la ciencia del cosmos, de la creación -en la que estamos nosotros incluidos- es la “ecología”. Ella es el nuevo escenario en que hemos de entrar para comprender mejor quiénes somos y cómo debemos inter-actuar.

La ecología nos sitúa en el escenario del medio ambiente. El medio ambiente no es una realidad paralizada, absolutamente quieta. Es un entramado de relaciones muy complejas: se producen dentro de él acciones y re-acciones. Es un movimiento incesante que desorganiza y organiza, que desordena y reordena de nuevo.

  • Los seres humanos pertenecemos a un planeta azul que mantiene, en primer lugar, un orden invariable:  la tierra gira siempre sobre sí misma en torno al sol y por eso hay noche y día;  el orden viviente se rige por programas genéticos invariables y repetitivos.
  • Los seres humanos pertenecemos también a un planeta azul que nos muestra el rostro del desorden y del caos. Nos dicen los científicos que  el subsuelo de nuestro planeta –contemplado a una gran distancia y a escala de centenares de millares de años- se encuentra en movimiento frenético: se quiebra, se desplaza, se arruga, se eleva, se abaja, los continentes van a la deriva, las aguas sumergen las tierras y estas emergen de las aguas, las selvas tropicales y los glaciares avanzan y retroceden. Esta es la razón de tantas catástrofes naturales a las que nos vemos sometidos los humanos.
  • Nuestro mundo –contemplado desde muy cerca y a escala de poco tiempo- nos muestra una diversidad extraordinaria de especies y de seres vivientes que se relacionan entre sí de forma complementaria (asociaciones, sociedades, simbiosis, mutualismos) o de forma antagónica (parasitismo, competitividad, cadena de biofagia y depredación); esta es la razón de que haya animales domésticos y salvajes y de que nuestras relaciones con ellos estén determinadas por diferentes actitudes de docilidad o agresividad. Se da, al mismo tiempo, una fecundidad desenfrenada y una mortalidad desenfrenada. Entre ambas se regulan. Lo decía el filósofo griego Heráclito: «Vivir de muerte, morir de vida» o el filósofo alemán Fichte: “toda muerte en la naturaleza es nacimiento”.

¡Este es el medio ambiente en el que estamos situados. Aquí está la razón de todo lo que nos sucede y sorprende. Cada uno de nosotros es una porción minúscula, pero consciente y viva, dentro de este conjunto.

Nuestra responsabilidad: la raíz humana de la crisis ecológica (LS, 101-136)

«La ecología pone el problema de la relación entre hombre y naturaleza en su conjunto, en su amplitud, en su actualidad»

Gregory Bateson

Los seres humanos no somos los dueños de la naturaleza. Lo percibimos claramente cuando nos sorprende una pandemia, un tsunami, un terremoto. Pero sí que somos un peligro para el equilibrio de la madre tierra, cuando cuando la degradamos, la contaminamos y despilfarramos sus recursos. El Sínodo sobre la Amazonia nos lo ha recordado con datos estremecedores. El papa Francisco en su mensaje final -evocando las palabras de Martin Lutero King- lo expresaba así: “Sueño con una Amazonia….”

Está surgiendo una nueva e importantísima dimensión de la ética: la conciencia de nuestra responsabilidad ante la madre naturaleza, y nuestro compromiso de entrar en Alianza dinámica con ella: ser co-pilotos (guiar y dejarnos guiar al mismo tiempo), ser cuidadores de ella y mientras ella cuida de nosotros. Hay crisis ecológica y nosotros somos responsables. Existe el eco-cidio, que quizá no formaba parte de nuestro examen de conciencia. La “nueva conciencia” nos lleva a una nueva forma de examinarnos. ¡Entremos en esa nueva forma de conversión!

Identidad planetaria

Estamos así descubriendo nuestra identidad, no solo en relación a los demás seres humanos, sino en relación con la madre naturaleza y con todo el cosmos.

  • Una es la identidad tribal (pertenencia a la propia tribu);
  • otra es la identidad nacional -marcada por mi carnet de identidad -;
  • otra es la identidad trans-nacional -que nos da el continente al que pertenecemos (europeo, americano, asiático, africano, oceánico).
  • La “nueva conciencia ecológica” nos hace descubrir la nueva dimensión: ¡nuestra identidad planetaria! Y desde aquí, descubrimos una nueva praxis ética “¡Somos ciudadanos del mundo!, el planeta como la casa común, la nueva ciudadanía! ¡Una identidad adaptada a la complejidad de la madre naturaleza!

Esta nueva conciencia comienza por hacernos sabedores de que “todos los seres humanos tenemos un origen común, nos pertenecemos mutuamente y compartimos el futuro” (LS, 202), de que nadie está desconectado de los demás; de que somos especie humana; en consecuencia, como especie viviente estamos conectados con millones de especies que pueblan nuestro planeta. Deriva de  ahí una nueva expansión de nuestra conciencia: nos descubrimos entonces con identidad planetaria. 

¡Nuestra casa (oikos) y la nueva ética (ethos)! ¡Cuidémosla para las próximas generaciones!

De hecho, hoy somos más conscientes que en el pasado de que la naturaleza está destinada a ser nuestra casa, el ámbito en el cual podamos crear nuestro mundo-hogar y re-crearnos a nosotros mismos; que es también la casa de toda la comunidad biótica, de todos los seres vivientes. La naturaleza es ese inmenso y misterioso organismo, ese escenario donde la vida germina, se reproduce y muere; esa sorpresa de magnitud gigante y de miniatura sorprendente. ¡Ese inmenso escenario que Dios ha construido para que en él interpretemos nuestra historia!

Esta conciencia nos llevará a desarrollar nuevas convicciones y actitudes y formas de vida y por esto hay que abrir en la humanidad largos procesos educativos y espirituales de regeneración (LS, 202). La educación debe comenzar por hacernos ver lo que le está ocurriendo a nuestra casa; y no verlo sólo como algo que ocurre a los demás, sino a nosotros mismos. Y la pregunta ética que nos hacemos es: ¿cómo vamos a dejar la casa a las próximas generaciones que la habitarán? Ética no es solo responsabilidad en el presente. Es también, y sobre todo, responsabilidad ante el porvenir y el futuro.

Plegaria

Santa Ruah, eres el Amor del Abbá y de Jesús derramado en todos los corazones, en la humanidad, en la naturaleza. Estás en lo más íntimo de toda la realidad. ¡Qué difícil nos resulta, sin embargo, detectar tu presencia, tu poderosa acción, tu misteriosa e infalible misión! Hemos contaminado tus grandes símbolos: el Aire, el Agua, y del Fuego hemos hecho un arma de destrucción. En el fondo queremos destruirte a tí, el Espíritu Creador. Menos mal que tenemos todas las de perder… Pero mientras cuánto sufrimiento y cuánta muerte. ¡Ven Espíritu Santo y renovarás la faz de la tierra .

Para contemplar:
FRATELLO SOLE E SORELLA LUNA


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