LA ORACIÓN DE JESÚS EN SU DESPEDIDA

The Last Supper, by Pascal Dagman.Bouveret (1896)

Estamos en la última semana de Pascua: el martes antes de Pentecostés, 26 de mayo de 2020. Hoy la liturgia nos lleva otra vez al último encuentro de Jesús con los suyos en el Cenáculo. Está concluyendo la Cena de despedida. Jesús no concluye con unas últimas recomendaciones, ni siquiera con un breve mensaje final. Entra en un estado mágico: eleva sus ojos al cielo y conecta con su Padre e inicia una impresionante oración, con tal intimidad, que Jesús manifiesta lo más bello de su alma.

La oración con la que Jesús concluye su Cena de Despedida -según el cuarto Evangelio- tiene tres partes:

  • primera: Jesús ora por sí mismo, para que el Padre lo glorifique (Jn 17, 1-5). Jesús tiene la misión de dar a conocer al Padre y de ahí… la mutua glorificación
  • segunda: Jesús ora por los que le han sido confiados (vv. 6-19) – “por ellos ruego”( v.9) Jesús pide la preservación de los discípulos en su palabra y la santificación de los discípulos, posibilitada por el santificarse de Jesús por ellos – aquí también resuena el tema de la unidad de los discípulos y se desarrolla posteriormenemente
  • tercera: Jesús ora por aquellos que van a creer en Él y finalmente ora por aquellos que van a creer en él por las palabras de los discípulos (vv. 20-23) – “no ruego solo por éstos” -v.20.

Es interesante resaltar cuáles son los términos que Jesús emplea y repite en su oración al Padre: “gloria” y “glorificar”, “hora”, “conocer”, “dar”, “enviar”, “mundo”.

Jesús ora por sí mismo, elevando los ojos al cielo

Jesús, después de pronunciar estas palabras, elevó sus ojos al cielo y dijo: — Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique; 2 ya que le diste poder sobre toda carne, que él dé vida eterna a todos los que Tú le has dado. 3 Ésta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Tú has enviado. 4 Yo te he glorificado en la tierra: he terminado la obra que Tú me has encomendado que hiciera. 5 Ahora, Padre, glorifícame Tú a tu lado con la gloria que tuve junto a Ti antes de que el mundo existiera.

Jn 17,1-5

La oración de Jesús se inicia con un gesto: elevó los ojos al cielo… como buscando el rostro del Abbá que está en el cielo. Jesús se conecta con el Misterio, al que llama “¡Padre!”. Y se conecta con Él como “Hijo”. No se autodefine -como en tantas otras ocasiones- “hijo del hombre”, sino como “Hijo del Padre”. Inicia su conversación exclamando: ¡Ha llegado la hora! En Caná de Galilea, al inicio de su misión, le replicó a su Madre: ¡No ha llegado mi hora! En este momento, se dirige al Padre diciendo: ¡Ha llegado la hora! Y ¿qué es lo que Jesús espera de este momento?

  • La glorificación mutua: Que el Padre lo glorifique para que Jesús también lo glorifique.
  • Nosotros lo repetimos tantas veces: ¡Gloria al Padre!, ¡Gloria al Hijo!, ¡Gloria al Espíritu Santo!
  • Jesús resume su misión en la tierra con esta expresión: ¡glorificar al Padre! Mostrar al mundo su grandeza, su belleza, su esplendor divino: dárnoslo a conocer para que conociéndolo lo amemos, y amándolo lo sirvamos. ¡Todo por la gloria de Dios! ¡Santificado sea tu nombre!
  • Para realizar esta Misión el Padre le concedió a Jesús el poder (ἐξουσίαν) sobre toda carne, toda la creación. Y Jesús la ejerció de tal manera que admirada la gente ¡glorificaba a Dios! La gran pasión de Jesús no era la de darse a conocer, sino que todo el mundo conociera y reconociera a su Padre, que ¡santificara su Nombre!
  • Jesús está a punto de concluir su “obra” de enviado. En la cruz exclamará: “todo está cumplido”.
  • Quien va a morir como un condenado a muerte, también desea que el Padre lo glorifique y que muestre incluso la Gloria del Hijo, antes de la encarnación, “antes de que el mundo existiese”: “Al principio existía la Palabra y la Palabra era Dios…Todo fue creado por la Palabra”.

Jesús ora por sus discípulos

 »He manifestado tu nombre a los que me diste del mundo. Tuyos eran, Tú me los confiaste y ellos han guardado tu palabra. 7 Ahora han conocido que todo lo que me has dado proviene de Ti, 8 porque las palabras que me diste se las he dado, y ellos las han recibido y han conocido verdaderamente que yo salí de Ti, y han creído que Tú me enviaste. 9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo sino por los que me has dado, porque son tuyos. 10 Todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío, y he sido glorificado en ellos.

Juan 17, 6-11a

En su oración al Padre, Jesús vuelve la mirada hacia quienes han escuchado su palabra y a quienes va a dejar. Y por ellos y ellas ruega.

  • No los llama discípulos, discípulas, sino propiedad del Padre: “tuyos eran y Tú me los confiaste”.
  • Y Jesús los ha cuidado: les ha manifestado el Nombre del Abbá. Moisés quiso conocer el nombre de Dios; y Yahweh le respondió: “Soy el que soy…. el que seré”. Es ¡ahora cuando se ha revelado el nombre santo de Dios. Jesús, el hijo del Padre, “nos lo ha dado a conocer”. El nombre de Dios nos revela que Dios no es soltero (¡y perdóneseme la expresión!): ¡Dios tiene un Hijo! ¡El Hijo nos lo ha dado a conocer! Ese Hijo es Jesús.
  • Ellos han creído en Jesús, han guardado su palabra, han reconocido en todo lugar que Jesús viene del Padre. El nombre revelado de Dios es éste: ¡el Abbá de Jesús!

Jesús no pide por el mundo

¡Este es uno de los puntos más problemáticos del cuarto Evangelio! Su forma de referirse al mundo. En el discurso sobre el Pan de Vida (Jn 6), Jesús presenta su pan, como su carne para la vida del mundo (Jn 6,51). En su gran plegaria al Padre Jesús dice: “No ruego por el mundo”. Y sin embargo, ruega por aquellos que le han sido dados por el Padre

¿Y quiénes son aquellos por los que Jesús pide? No por el mundo, sino por los discípulos. Jesús no intercede por el mundo. Jesús pide por ellos porque le pertenecen y e han sido dados por el Padre, como todo lo que Él tiene, que le ha sido transferido por el Padre. La realidad que Jesús llama “mundo”, es aquella que le acecha en este momento con amenazas de muerte: ese mundo de perversión y crimen llevará su plan hasta el final. Jesús no ruega al Abbá que convierta a ese mundo. ¡Tiene que cumplirse lo que está escrito! Getsemaní se adelanta en la gran Plegaria de Jesús.

Zeljko Mucko (2018)

Y ¿nuestra oración?

La oración de Jesús no se atiene a un ritual prescrito, a un horario determinado. Es una oración que brota del momento que vive. Es una oración profundamente existencial. La oración de Jesús lo conecta con los momentos más decisivos de su vida. Hasta se permite decir por quiénes ora y por quiénes no. La oración de Jesús está estrechamente conectada con su misión, la obra que Dios Padre le ha confiado. Es la oración de un “hijo” que sobre todo ha actuado en la Misión como “hijo” y no “como protagonista”. Siempre reconoce el primado del Abbá sobre todos: Tú me los confiaste… Yo te los entrego.

¡Qué excelente lección de Jesús para que aprendamos a orar como conviene! ¡Para que nuestra liturgia orante se parezca a la del Cenáculo en la Cena del Adiós!

Para contemplar:
THE PRAYER – LA ORACIÓN
Celine Dion & Andrea Bocelli

La canción nos evoca a Jesús en su oración y sacrificio por nosotros. Es la forma mejor de conectar con Dios en nuestra soledad, sufrimiento, a veces… irremediable, Porque el auxilio nos viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

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