LA DECISIÓN DE MATAR A JESÚS

Preparación:

En este día la palabra de Dios nos propone cómo fue la condenación a muerte de Jesús. Que no deje de sorprendernos por conocida. Que el Espíritu Santo nos ayude a interpretar lo que humanamente fue el peor de los errores, el peor de los crímenes.

Lectura:

Al ver lo que Jesús había hecho, creyeron en él muchos de los judíos que habían ido a acompañar a María. Pero algunos fueron a contar a los fariseos lo hecho por Jesús. Entonces los fariseos y los jefes de los sacerdotes, reunidos con la Junta Suprema, dijeron: “¿Qué haremos? Este hombre está haciendo muchas señales milagrosas. Si le dejamos seguir así, todos van a creer en él, y las autoridades romanas vendrán y destruirán nuestro templo y nuestra nación”. Pero uno de ellos llamado Caifás, sumo sacerdote aquel año, les dijo: “Vosotros no sabéis nada. No os dais cuenta de que es mejor para vosotros que muera un solo hombre por el pueblo y no que toda la nación sea destruida”. Pero Caifás no habló así por su propia cuenta, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, dijo proféticamente que Jesús había de morir por la nación judía, y no sólo por esta nación, sino también para reunir a todos los hijos de Dios que se hallaban dispersos. Desde aquel día, las autoridades judías tomaron la decisión de matar a Jesús. Por eso, Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se marchó de la región de Judea a un lugar cercano al desierto, a un pueblo llamado Efraín. Allí se quedó con sus discípulos. Faltaba poco para la fiesta de la Pascua de los judíos, y mucha gente de los pueblos se dirigía a Jerusalén, a celebrar antes de la Pascua los ritos de purificación. Andaban buscando a Jesús, y se preguntaban unos a otros en el templo: “¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta, o no?”. Los fariseos y los jefes de los sacerdotes habían dado orden de que, si alguien sabía dónde estaba Jesús, lo dijera, para poder apresarle (Jn 11,45-57).

Hay personas que tienen una especial propensión a acusar a los demás. Así ocurrió con Jesús.

  • Las señales o signos que Jesús realizaba y el constatar cuánta gente le seguía movieron a algunas personas a acusarlo a los fariseos y a éstos a coaligarse con los jefes de los sacerdotes para llevar a Jesús ante la Junta suprema.
  • Resulta extraña la interpretación que ofrece el evangelista de lo que sucedió allá.
    • Presenta a Caifás, sumo sacerdote aquel año, como un profeta.
    • Lo que en principio significaban sus palabras era que Jesús se había convertido en un peligro para la seguridad del pueblo y que por razones de seguridad había que acabar con él.
    • Sin embargo, el evangelista reinterpreta esas palabras como anuncio del proyecto de Dios de salvar al pueblo de Israel y reunir a todos los hijos e hijas de Dios dispersos.
    • La condenación a muerte de Jesús es re-interpretada como la gran iniciativa de Dios Padre para salvar al pueblo y congregar -como en una nueva vuelta del destierro- a todos los seres humanos. Jesús, no obstante, se oculta por el momento.

Meditación:

Cuando realizamos una lectura creyente de los acontecimientos, como el cuarto evangelista, podemos descubrir

  • en la mayor maldad la presencia de la Gracia,
  • en la condenación por parte de los hombres, la salvación que viene de Dios.
  • Ver la realidad con los ojos de la fe, ofrece perspectivas impensables:
    • La fe es una luz que ilumina también nuestra comprensión racional de lo que ocurre.
    • Ver la realidad con los ojos de Dios, es descubrir su transparencia y su sacramentalidad.
    • Lo que nos parece una derrota puede ser una victoria, y al contrario.
    • Por eso, no debemos vivir bajo el temor, sino bajo la confianza y el amor.

Oración:

Abbá, es verdad que escribes recto con líneas torcidas, que de la maldad de los seres humanos sacas el bien. Nada ha sido tan estremecedor como la inimaginable condenación a muerte de tu Hijo y además por parte de las autoridades religiosas de la religión verdadera. ¡Qué desatino absoluto en su discernimiento! Tú, Abbá, aprovechaste la terrible oportunidad para indicarnos que tu amado Jesús salvaría por su muerte al pueblo y reuniría a todos tus hijos e hijas. Bendito seas, misterioso Abbá.

Contemplación:

Si algo se puede achacar a las autoridades religiosas de Israel era su ceguera:

  • tantas veces tuvieron ante sus ojos al Mesías, al Hijo de Dios y no lo reconocieron.
  • Es probablemente también el peligro en el que autoridades y personas religiosas de nuestro tiempo podemos caer:
    • la incapacidad de un auténtico discernimiento
    • y condenar lo que habría que salvar y salvar lo que habría que condenar.

Acción:

En un tiempo de meditación reflexionemos sobre ocasiones en las cuales hemos discernido mal y nuestra conducta ha quedado viciada por ello. Pidamos perdón y prometamos no volver a caer.

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