“MUNDO”, CAMINO, CORAZÓN, SERVICIO” – Relectura sintética de la encíclica “FRATELLI TUTTI” (1. MUNDO)

Se están haciendo diversas relecturas de la encíclica “Fratelli tutti”. Hay quienes la leen con la lente de una crítica implacable porque descubren en ella una renuncia a invitar a otros a la conversión, por una excesiva autorreferencialidad, por una tendencia notoria hacia las políticas de las izquierdas, o por una visión excesivamente horizontalista de la realidad. Hay también quienes la leen con una cierta ingenuidad y prisa, pues les parece bien y acertado todo lo que sea una llamada a la fraternidad mundial, a la hospitalidad y solidaridad, a la solución de los problemas más graves de la sociedad mundial y a una visión pesimista de la “cultura dominante”.

¿Porqué cuatro palabras?

Debo confesar que he tenido que dedicar unas cuantas horas para hacerme cargo del mensaje de la encíclica en toda su riquez; y he intentado concentrar e integrar ese mensaje -que nos es presentado en 8 capítulos y 287 números-, en cuatro grandes apartados, que podrían titularse con cuatro palabras: Mundo, Camino, Corazón, Servicio; y cada palabra de estas podrían incluir dos capítulos de la encíclica: 

  • Mundo: cerrado y abierto (capítulos 1 y 3). 
  • Camino: un extraño en el camino y caminos de reencuentro (capítulo 2 y 7) .
  • Corazón: corazón abierto y amistad social (capítulos 4 y 6). 
  • Servicio: de la política y de las religiones (capítulos 5 y 8).

Esta conjunción y síntesis de capítulos hace posible una visión más inclusiva e integradora.

Espero que esta relectura -lo más fiel posible a la encíclica- que ofrezco, pueda servir para que -sobre todo- en la Iglesia y desde la Iglesia generemos “redes de fraternidad y sororidad mundial” y católica (en el sentido de abierta al todo: kata holon). Desgraciadamente tantas veces no somos un ejemplo de fraternidad y sororidad para la sociedad. Hay entre nosotros demasiadas fracturas, incluso allá donde nos denominamos “fraternidades”. Sentirnos “hermanos” o “hermanas” no es lo más común. ¡Hay en nuestro planeta muchísimos hermanos y hermanas separados, enfrentados! ¡Hay muchas familias en las cuales la fraternidad y sororidad parece imposible!

Por eso, es tan interesante preguntarse si hay posibilidades de “apertura”, si hay “caminos”, si hay suficiente corazón, si la política y la religión nos ayudan y sirven para ello.

En todo caso, la encíclica “Fratelli tutti” puede y debe tener un efecto explosivo e innovador en el discernimiento de nuestras diócesis, comunidades cristianas y religiosas, en las familas -sobre todo las que se consideran cristianas- . Es cierto que el papa Francisco dirige esta carta-encíclica “a todas las personas de buena voluntad, más allá de sus convicciones religiosas” (FT, 56). Y entre esos destinatarios también -en primera fila- estamos nosotros, los cristianos.

I. Mundo cerrado y mundo abierto (caps. 1 y 3)

El papa Francisco se propone ofrecer una “aséptica descripción de la realidad”  de un mundo cerrado con sus indicadores (FT, 56); y después nos muestra cómo sería un mundo abierto y cómo se iría gestando en perspectiva de fraternidad y sororidad y de amistad social entre los pueblos.

Contemplando unitariamente estos aspectos (mundo cerrado y mundo abierto) se evita la impresión de visiones unilaterales, a partir de las cuales todo es condenable o todo es posible -si se siguen nuestras indicaciones.

1. Un mundo cerrado a la fraternidad y la sororidad

La cerrazón de nuestro mundo queda patente en varios indicadores:

  • La desunión producida por la imposición de un modelo cultural único que unifica el mundo, pero distancia y divide a las personas, a las naciones. Se está dando un verdadero cisma entre el individuo y la comunidad humana. (FT, 31). La globalización nos vuelve más cercanos, pero no más hermanos (FT, 11). 
  • Cuando una identidad nos separa del resto (FT, 101-102). Estamos en una situación en que grupos sociales que se aferran a su identidad se separan del resto y se recluyen en una organización autoprotectora y autorreferencial. En ese esquema queda excluída la posibilidad de volverse prójimo (FT, 102).
  • La inexistencia  de un proyecto común para el desarrollo de toda la humanidad. No somos un “nosotros” que habita la casa común (FT, 17). Los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan, y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas. (FT, 30).
  • Las relaciones digitales no construyen un “nosotros” verdadero (FT, 43); “la conexión digital no basta para tender puentes, no alcanza para unir a la humanidad” (FT, 43). “Nos hemos empachado de conexiones y hemos perdido el sabor de la fraternidad”. (FT, 33). La agresividad social encuentra en los dispositivos móviles y ordenadores un espacio de ampliación sin igual.  (FT, 44). Hay “movimientos digitales de odio y destrucción… asociaciones contra un enemigo” (FT, 42). 
  • La discriminaciónel diferente se convierte en adversario y se intenta destruirlo (FT, 15); los discapacitadoso los exiliados ocultos, tratados como “cuerpos extraños en la sociedad” sin ciudadanía plena que son considerados como una humanidad sacrificable (FT, 98); el “no nacido” no es todavía utilizable y se puede prescindir de él, y el “anciano” ya no sirve y es descartable (FT, 18.19); la mujer –aunque las palabras y el mensaje sean otros- no son consideradas -ni en las decisiones, ni en la realidad- con la misma dignidad e idénticos derechos que los varones; (FT, 23); cada hermano o hermana que sufren abandonado o ignorado por nuestra sociedad es un forastero existencial, aunque  nacido en nuestro mismo país (FT, 97); 
  • Una “cultura de muros” que se levantan en el corazón y en la tierra que impide el encuentro entre culturas y con otras personas (FT, 27). «El mundo de hoy es en su mayoría un mundo sordo. (FT, 48)
  • Una pedagogía típicamente mafiosa que, con su falsa mística comunitaria, crea lazos de dependencia y de subordinación de los que es muy difícil liberarse. (FT, 28).
  • Las crisis que llevan a la muerte a millones de niños, reducidos ya a esqueletos humanos —a causa de la pobreza y del hambre—, reina un silencio internacional inaceptable»  (FT, 29). 
  • “El respeto al otro se hace pedazos… es desplazado, ignorado, mantenido lejos o se invade sin pudor su vida privada” (FT, 43). Se da una ebullición de formas insólitas de agresividad, de insultos, maltratos, descalificaciones, latigazos verbales hasta destrozar la figura del otro.
  • Imposición de la propia ideología cristiana: hay creyentes que piensan que su grandeza está en imponerla al resto, o en la defensa violenta de la verdad, o en grandes demostraciones de fortaleza… el mayor peligro es no amar (FT,92).
  • Aun en medios católicos se pueden perder los límites, se suelen naturalizar la difamación y la calumnia, y parece quedar fuera toda ética y respeto por la fama ajena»[1]. ¿Qué se aporta así a la fraternidad que el Padre común nos propone? (FT, 46).

2. Pensar y gestar un mundo abierto

A pesar de las sombras de un mundo cerrado también existen caminos de esperanza:

  • Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien, como se ha podido constatar en la pandemia que padecemos (FT, 54)[2].
  • La esperanza está enraizada en lo profundo del ser humano: ella nos habla de sed, de aspiraciones, de anhelos de plenitud y vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor. La esperanza es audaz,. Los grandes ideales y sueños hacen la vida más bella y digna (FT, 55)

Y esta esperanza se basa -según el papa Francisco- en ciertos principios antropológicos y éticos:

  • El gran principio: los derechos que brotan del mero hecho de poseer la dignidad humana, hace posible soñar y pensar en otra humanidad. … en un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos; ¡este es el verdadero camino de la paz! (FT,127).
  • La vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; cuando se construye sobre relaciones verdaderas y fieles la vida es más fuerte que la muerte; pero no lo es cuando actuamos como islas o formamos grupos cerrados, autoreferenciales y autopreservados (FT, 87.90).
  • Todas las naciones de la tierra comparten un destino común: a pesar de la diversidad de etnias., sociedades y culturas, vemos sembrada la vocación de formar una comunidad compuesta de hermanos que se acogen recíprocamente y se preocupan los unos de los otros (FT,96), que favorecen la amistad social: ésta no se confunde con un falso universalismo, ni un  globalismo de la uniformidad unidimensional que elimina diferencias, tradiciones… que destruye la riqueza y particularidad de cada persona y de cada pueblo (FT,99, 100); la amistad social favorece un futuro policromático.
  • Las sociedades abiertas integran a todos, incluso a quienes están situados en las periferias (FT, 97). Y hay apertura allí donde hay amor. El amor no es geográfico, sino existencial; es  la capacidad cotidiana de ampliar nuestro círculo y de llegar a quienes espontáneamente no sentimos parte de nuestro mundo de intereses, aunque estén cerca (FT, 97). Las sociedades abiertas favorecen el cuidado de los “exiliados ocultos” -o personas con discapacidad- para que participen activamente en la comunidad civil y eclesial  y tengan voz como personas únicas e irrepetibles (FT,98)
  • El sagrado deber de la hospitalidad: fue en el pasado y sigue siendo el modo concreto de tratar con el máximo cuidado y solicitud a los pobres y peregrinos; así la hospitalidad nos lleva a trascendernos en una apertura a los otros y a vernos enriquecidos con los valores de una humanidad más allá del propio grupo (FT, 90). Existe un derecho a no emigrar, es decir a tener las condiciones para permanecer en la propia tierra, sin desarraigo cultural y religioso, sinfracturas con la comunidad de origen (FT, 38). Pero también existe el derecho a emigrar para sobrevivir y buscar oportunidades de un futuro mejor (FT, 37). Por eso, hay que criticar la mentalidad xenófoba en los países de acogida, que también afecta a los cristianos (FT, 39): ¡contra xeno-fobia, filo-xenia (hospitalidad)!
  • La fraternidad no se identifica -sin más- con el respeto a las libertades individuales, sino con la conciencia de formar una misma familia.
  • Y esto se aprende a través de la educación, el aprendizaje del diálogo, el descubrimiento de la reciprocidad y del enriquecimieno mutuo; la catequesis y la predicación -para evitar actitudes xenófobas y nacionalismos cerrados-  incluyan de modo más directo y claro el sentido social de la existencia, la dimensión fraterna de la espiritualidad, la convicción sobre la inalienable dignidad de cada persona y las motivaciones para amar y acoger a todos. (FT, 86).
  • El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida…. Esto hace posible la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta  todos. (FT,94). Todas las virtudes morales han de estar impregnadas por el amor, por la apertura hacia otras personas (FT, 91). El amor nos pone en tensión hacia la comunión universal y nos lleva hasta todas las periferias; nos hace sentir que nos pertenecemos unos a otros, que todos somos hermanos (Mt 23,8). (FT,95). La libertad nos orienta, sobre todo, al amor (FT,103). El individualismo no nos hace más libres, ni más iguales y mucho menos hermanos: es un virus engañoso, difícil de vencer.  (FT,105).
  • El camino hacia la amistad social y la fraternidad universalpercibir cuánto vale un ser humano, una persona siempre y en toda circunstancia. Por nacer en un determinado lugar o circunstancia uno no tiene mayor o menor valor (FT,106). Todo ser humano tiene derecho a vivir con dignidad y a desarrollarse íntegralmente. Lo tiene aunque haya nacido con limitaciones, porque eso no menoscaba su dignidad como persona  (FT,107).
  • La sociedad genera fraternidad, se orienta a las personas y al bien común  cuando  invierte en favor de los frágiles y cuida los derechos individuales de quienes han nacido en pobrísimas circunstancias y les ofrece garantías de subsistencia a lo largo de su vida – aunque no sea rentables ni demasiado eficientes, (FT, 108-111).  

El papa Francisco reconoce así mismo la contribución laica, de la ciencia y de las Naciones Unidas al diseño y gestación de un mundo abierto, aunque ese reconocimiento podría ser un poco más explícito:

  • Los avances positivos que se han dado en la ciencia, la tecnología, la medicina, la industria y el bienestar, sobre todo en los países desarrollados… progresos históricos, grandes y valiosos,” (FT, 29), aunque es necesario orientarlos hacia un rumbo realmente humano. (FT, 29), porque “hacen falta gestos físicos, expresiones del rostro, silencios, lenguaje corporal, y hasta el perfume, el temblor de las manos, el rubor, la transpiración, porque todo eso habla y forma parte de la comunicación humana” (FT, 43); hay que defender el derecho a la intimidad y liberarse del control constante. 
  • La Carta de las Naciones Unidas es una verdadera norma jurídica fundamental»[3]. Los primeros 20 años de este milenio muestran que la plena aplicación de las normas internacionales es realmente eficaz, y que su incumplimiento es nocivo. La Carta de las Naciones Unidas, debe ser respetada y aplicada con transparencia y sinceridad; ha de convertirse en un punto de referencia obligatorio de justicia y un cauce de paz (TF, 257).
  • Los 17 objetivos para el desarrollo sostenible: hay que tener en cuenta -aunque no se hace referencia a ello en la encíclica- lo que las Naciones Unidas se han propuesto para el año 2030: conseguir los 17 objetivos para el desarrollo sostenible. Y con ellos el deseo de que se consigan varios ceros: “pobreza cero”, “hambre cero”…
  • Por otra parte, surgen nuevos paradigmas de organización, de educación y sanidad, a través de las nuevas tecnologías.

La conversión a la fraternidad y la sororidad entre todos los seres humanos supone el paso de un mundo cerrado (o quizá mejor, mundos cerrados), a un único mundo abierto, interconectado sin ningún tipo de exclusiones. No basta la casa común: es necesario redescubrirnos unos y otros como hermanos iguales en la dignidad y diferentes en nuestro modo de ser. Y es necesario incluir en la casa común a quienes con tanta frecuencia se excluye

(Seguirá la segunda parte: Un extraño en el camino y Caminos de re-encuentro)


[1] Exhort. ap. Gaudete et exsultate (19 marzo 2018), 115.

[2] “Médicos, enfermeros y enfermeras, farmacéuticos, empleados de los supermercados, personal de limpieza, cuidadores, transportistas, hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas… comprendieron que nadie se salva soloCf. Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia (27 marzo 2020): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (3 abril 2020), p. 3; Mensaje para la 4.a Jornada Mundial de los Pobres 2020 (13 junio 2020), 6: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (19 junio 2020), p. 5.

[3] Discurso a la Organización de las Naciones Unidas, Nueva York (25 septiembre 2015): AAS 107 (2015), 1041-1042.

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