NUESTRA SEÑORA DEL RINCÓN DE DIOS: Rosario bíblico-litúrgico. En memoria del P. Faro Bengoechea… misionero en las periferias

Falleció la noche del viernes, 5 de abril a las 23.15 en Colmenar Viejo (Madrid).

Pasión por la Palabra de Dios

Yo lo conocí hace muchos años -entre el 1959 y 1960-. Me encontraba en el Noviciado Claretiano de Ciudad Real. Él fue destinado a nuestro noviciado como auxiliar de nuestro maestro de novicios. Estuvo con nosotros unos meses. Era joven, entusiasta, desenfadado. Pero ante todo era presbítero, misionero, apasionado por la Palabra de Dios, libre y liberador… sin respetos humanos.

Tenía una extraña capacidad de seducción. Un buen grupo de nuestra comunidad de novicios (¡éramos más de 30!) le seguíamos hasta el punto de dedicar también los recreos a lo que él llamaba “la sinagoga”. Nos reuníamos en corro para leer e interpretar la Sagrada Escritura e interpretarla en el lugar que nos parecía más adecuado. Allí se forjó la pasión bíblica de un gran escriturista, mi hermano de Congregación y amigo, Ángel Aparicio Rodríguez, y la pasión bíblico-misionera de mi amigo y hermano de Congregación -actualmente en las islas de los Indios Cunas en Panamá y durante mucho tiempo maestro de Novicios- Santiago Najarro. Allí estuve también yo, que era el benjamín de los novicios. El Padre Faro le dio a nuestro noviciado una impronta inesperada, aunque no era el Maestro de Novicios.

Eran aquellos unos tiempos en los cuales la espiritualidad se regía por obras ascéticas y normas de espiritualidad. Todavía no había tenido lugar el concilio Vaticano II, aunque ya estaba a punto de ser convocado por el papa san Juan XXIII. Leer, la Biblia no era bien visto.

Un noviciado de iniciación cristiana y pasión bíblico-litúrgica

La presencia del P. Faro en nuestro noviciado, nos inoculó la curiosidad y después la pasión por la Palabra de Dios, especialmente por los cuatro Evangelios y las cartas de San Pablo. ¡Y esa fue para mí mi iniciación cristiana!

Pero hubo un momento que para mí fue como una “iniciación sacramental en la sagrada Escritura”. Nunca se me había entregado la Palabra de Dios: el antiguo y el nuevo Testamento.

El P. Faro lo hizo de la forma más sorpresiva. Una noche entró en nuestro dormitorio común en uno de sus turnos de vigilancia y depositó debajo de mi almohada algo que yo no podía adivinar. Disimulé -como si estuviera dormido- y… cuando desapareció su sombra en la penumbra del dormitorio, inmediatamente traté de descubrir de qué se trataba: ¡era un regalo único! ¡un librito de bella impresión y pastas azules! ¡se titulaba “el Nuevo Testamento de Nácar-Colunga”. ¡Qué emoción tan fuerte sentí! ¡Esa fue mi iniciación en la Sagrada Escritura! Aquel librito se convirtió en mi referencia central en lo restante de mi noviciado. En este contexto descubrí de forma especial las cartas de Pablo.

El P. Faro me hablaba a veces con las palabras de san Pablo, no con las suyas. Cuando yo estaba ya estudiando filosofía, me escribió una carta de su puño y letra en la cual se dirigía a mí como si él fuera san Pablo exhortando a su discípulo Timoteo, o Tito.

Yo también me apasioné por la Escritura Santa, aunque no tanto como algunos de mis compañeros que tenían mayor madurez espiritual y comprensión intelectual. La semilla que el P. Faro depositó en mí, quedó ahí, en mi corazón.

El “todo” en el “Rosario litúrgico-bíblico”

El P. Faro recibió después varios destinos: en Chile, una zona denominada “la quebrada del diablo”. Después fue enviado a unas islas en Centro América.  

Es tal la riqueza bíblica, las referencias litúrgicas, el contenido sugerente, que uno no se explica cómo una comunidad cristiana pobre, sencilla, inculta, pudo llegar a conmoverse con la mirada mistérica hacia la cual un rosario bíblico-litúrgico la podía orientar. Por ejemplo: Rosario de Pentecostés según san Juan; las noches sagradas de Jesús: noches de oración y gloria. Las venidas sonoras del Espíritu Santo a diversas comunidades y sus estallidos. Las manifestaciones pascuales de Jesús. El Rosario de la Cruz de Jesús: al encuentro del Padre y del Esposo, según Juan de la Cruz”…. Rosario de los Jalones del Paráclito (su camino hacia nosotros)…

Fruto de su experiencia misionera fue un libro que tituló “Rosario Bíblico Litúrgico” y que contó con la aprobación eclesiástica del Papa San Juan Pablo II a través del Card. Angelo Sodado. Aunque él fue el autor, sin embargo, puso no estampó su nombre en la portada; y puso como autores a “Grupos de Oración de Pentecostés de Nuestra Señora del Rincón de Dios. Tocopilla (Chile). Él -el autor- tenía nombre de Comunidad orante y litúrgica. El libro “Rosario bíblico y litúrgico” tiene 260 páginas. Rezuma el sabor de tantas lecturas bíblicas que jalonan el año litúrgico. Y ¡en todo, María, con su presencia humilde pero también notoria, como la cómplice del Espíritu Santo!

El Rosario que el P. Faro presentaba, revestía todos los colores del año litúrgico, irisaba las características de cada domingo, de cada tiempo, de cada festividad, de cada día y de cada situación del creyente

Ese Rosario bíblico litúrgico era envolvente. Y la comunidad de los más pobres… entaba en el Misterio, como nadie.

Este “Rosario bíblico litúrgico” me hace volver a la experiencia trinitaria y mariana de mi noviciado y me lanza de nuevo hacia la lectura Sinfónica de toda la escritura para descubrir lo que a veces los textos fragmentados nos impiden descubrir: ¡el todo de Dios y de su maravillosa revelación!

La obra de Faro Bengoechea y los grupos de oración de Pentecostés de nuestra Señora del Rincón de Dios de Tocopilla invitan a una experiencia comunitaria dentro del camino mistagógico que conduce a lo más profundo del misterio de Dios

¡Un libro incatalogable! No es un normal devocionario mariano. Ni tampoco un recurso pastoral circunstancial, ni siquiera una ayuda para hacer menos rutinario y entretenido el rezo popular del Rosario.

Es una obra que, según mi humilde parecer, solo ha podido nacer de una gran inspiración, de un Pentecostés entre los más pobres y abandonados. En él se detecta la madura experiencia y pasión espiritual de una persona a quien se le ha concedido entender el designio de Dios sobre la humanidad. Este designio de Dios se contempla y alaba a través de la clave del Rosario como estructura y de la liturgia como contexto.

La estructura de contemplación

Una estructura a la que el autor se atiene en todo momento, de modo que no se desborde ni en los tiempos, ni en las formas: 5 Ministerios, 10 avemarías en cada misterio, introducciones a cada misterio que no excedan el tiempo del rezo de las 10 avemarías.

No hay monotonía en la estructura. Cada día emerge un color, un nuevo mensaje,una nueva revelación: El año Litúrgico es el escenario, pero en estrecha relación con la Eucaristía de cada día.

Parece imposible contemplar tanto en tan poco tiempo. El libro invita a la contemplación, a la vivencia mística, al testimonio y la alabanza y ¡a conversar con las tres Personas divinas de la Trinidad, para alabarlas por su designio, por sus promesas y por llevar a cumplimiento -cada una a su modo- sus promesas.

Como un Akathistos contemporáneo

Es un libro que nos invita a vivir todo el misterio del Dios Trinidad y de la Iglesia, con María y con su esposo san José. A veces sentía la impresión de un “Akahistos” occidental surgido en la miseria más remota del mundo.

El Akathistos es el nombre de un antiguo Himno a la Madre de Dios. Akathistos quiere decir en griego “No sentados”. No es título, es rúbrica que alude a la postura corporal y espiritual de los fieles que lo cantan o lo escuchan.

Faro Bengoechea supo traducir en síntesis orante la fe que profesa la Iglesia en este himno. La madre de Dios es cantada y admirada por ser la Inmaculada Virgen, Madre de Dios y Aurora de salvación. En el Akathistos la historia y la trans-Historia se citan en María. Desde el siglo quinto, fecha probable de su composición hasta el día de hoy, el himno Akathistos es una bella oración tanto de la Iglesia Oriental cuanto de la Iglesia occidental. Pues bien, ¿no será esta propuesta del Rosario bíblico Litúrgico lo que el anonimato de la Iglesia de los pobres nos ofrece en este tiempo a toda la Iglesia?

 En el Rosario bíblico-litúrgico se descubre el Antiguo en el Nuevo Testamento y el Nuevo Testamento en el Antiguo. Se hace verdad aquello que decía Jesús: “todas las Escrituras hablan de mi”. Es admirable descubrir cómo los misterios del Rosario integran en sí mismos todo el colorido de cada momento del año Litúrgico: los textos de los profetas, de la sabiduría, de los salmos, de los libros históricos encompasados con los textos del nuevo Testamento, desde el primero de los Evangelios hasta el Apocalipsis.

La contemplación y oración del Rosario nos hacen entrar en comunión con la Mujer que nos ama, que se identifica con nosotros y que nos representa ante Dios y que nos muestra a Dios en el fruto bendito de su vientre. María se convierte en una Biblia viviente y materna en la cual se escucha la palabra en su versión más auténtica. El rosario bíblico-litúrgico es un libro de Teología Orante, Sinfónica, que armoniza toda la revelación, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, desde el Alfa de la creación hasta el Omega de la cristificación del Universo. Nos invita a entrar no solo mentalmente, sino existencialmente en esta sinfonía divina. Es un libro para encontrar la clave de la existencia cristiana, los misterios de Jesús, los misterios de María y de José, los misterios de una iglesia particular, los misterios de la familia y de cada persona… los misterios de la vida, de niños y adultos, de jóvenes y ancianos.

Quien siga con perseverancia el año Litúrgico con la práctica aquí propuesta será llevado hasta la cumbre de la contemplación mística. Nada extraño que haya generado comunidades de Orantes, de Contemplativas y Contemplativos.

Faro Bengoechea fue un autor que se diluía en la Comunidad y por eso, su nombre nunca se menciona. Nunca aparece en una fotografía. Y ya desde el principio menciona a Jesús y el Paráclito y las santas Escrituras y a nuestra señora del Rincón de Dios, y a la Comunidad cristiana de aquella periferia “Rincón de Dios” como el autor.

Carta de Angelo Sodano

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