No sé porqué aquel día se nos ocurrió hablar del tema. Teófilo me espetó la pregunta. Yo me quedé perplejo. ¡Las flores siempre mueren! ¡Tienen contados sus días! También nosotros, los seres humanos. La pregunta me introducía en el ámbito misterioso de la muerte. Y pensábamos en nuestra conversación no solo en la muerte biológica, sino también en la muerte de los sentimientos, de las ideas, de los proyectos. ¡Todo se encuentra bajo el signo de la caducidad! “¿Habrá flores que nunca mueran?” ha sido una pregunta que me ha venido acompañando desde entonces, porque en aquel momento -en presencia de Teófilo- pensé en amistades, en amores profundos. Y pensé en ello, porque son no pocos los que creen que las grandes emociones pasan y, al final, mueren y se olvidan.
En aquel momento Teófilo, con una sonrisa maliciosilla, me miró y con una ingenuidad casi infantil me respondió: “Sí… si pones las flores en las manos de Dios”. Yo me quedé aturdido. No supe qué decir… pero enseguida intuí una clave en mi vida. Más tarde uní a esta respuesta aquella otra frase de san Agustín que leí en una tesis doctoral sobre la Amistad: “las mejores amistades son las que Dios aglutina”. Sigue leyendo
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¿De qué nos sirven los sueños si no se hacen realidad? ¿Para qué deseamos nuevos modelos comunitarios si no sabemos cómo plasmarlos? ¿Cómo hacerlos realidad?
Al compás de la liturgia de esta Semana Santa he ido comprendiendo su significado: me parecía escuchar algo así como la melodía de la vida cristiana de los tres días: la melodía de la tristeza del Viernes Santo, de la desolación y soledad del Sábado Santo y, finalmente, el Alleluya de la Pascua. Pero no se trata de una mera secuencia ritual. Hay que cambiar el paradigma: ¡lo último es lo primero! ¡Es la explicación de todo! El Aleluya es “el cántico nuevo” y definitivo. Las “melodías tristes”… son lo previo.
La figura de José, el esposo de María, sigue siendo misteriosa. Parecerá extraño que un teólogo del siglo XXI se fije en él. Es verdad que apenas se habla casi de este hombre en los tratados teológicos; no es mencionado en las aulas de Teología. Hay cristologías y mariologías que apenas aluden a él, o incluso lo eluden. Hay artistas que lo alejan de María, aun habiendo sido su esposo. No obstante, hay personas –y yo quiero ser una de ellas- que mantienen viva su memoria, que transmiten su nombre, que escriben sobre Él e intentan comprender mejor su misterio. Sorprendentemente donde la figura de José emerge –en distintas e interesantes versiones- es en el ámbito del cine. Hay actores que han ofrecido a la sociedad bellas imágenes de un José enamorado de María, o padre providente de Jesús, o de un José protector. Yo quiero hoy ofrecer unos datos sobre su “perfil oficial” en la Iglesia, y también arriesgarme a ofrecer “su perfil teológico” en ocho palabras: nombre, esposo, excluído, probado, guardaespaldas, artesano, sacramento, estigmatizado.
Fui invitado a celebrar la Eucaristía del tercer domingo de Cuaresma en la cripta de la catedral de Shillong (Nordeste de India). La Iglesia estaba abarrotada de fieles, pero la mayoría jóvenes, con una presencia equilibrada de mujeres y varones. La Eucaristía se celebró en la lengua “garo” (una de las lenguas de las tribus de esta zona). El presidente de la concelebración me pidió que yo hiciese la homilía, pero también le pidió a una joven religiosa que, desde el ambón, tradujera mis palabras del inglés al “garo”. Hubo una sintonía perfecta. A través de “su mediación” fue posible mi comunicación con aquella preciosa comunidad de creyentes. Pero ¿no hay que decir también, que aquella que es capaz de traducir las palabras de un presbítero para la comunidad cristiana, es capaz de traducir y exponer la Palabra de Dios para la misma comunidad cristiana? ¡Son tantas las mujeres, nuestras hermanas que reciben el don de interpretación de la Palabra, que están magníficamente preparadas, que la hacen llegar al corazón de la gente! Si la madre Iglesia confía en sus presbíteros, ¿porqué no va a confiar en sus fieles?
Me encuentro en la India. El reloj de la población mundial me dice que en este momento los habitantes de este país son
En la bula “Misericordiae Vultus” el Papa Francisco nos invita a celebrar el Sacramento de la Misericordia. Y ofrece también indicaciones muy precisas para que los Confesores lleguen “a serlo” de verdad según el estilo de las parábolas del Padre del Hijo Pródigo y del buen Samaritano. 