Asistimos estos días a un interesante y preocupante espectáculo mediático: la confrontación entre diversos líderes políticos que pretenden ganar las elecciones y con ellas el poder de dirigir la nación. Los medios de comunicación permiten que ese estado de confrontación llegue a todos los rincones de nuestro país. Eso mismo se reproduce en la Iglesia, en la Vida consagrada, quizá a niveles más discretos. Lo que sí es cierto es que se extiende y crece por doquier el reino de los inmisericordes y despiadados. ¿Será posible entrar por las puertas de la misericordia en este año jubilar? ¡Así no podemos seguir! La falta de misericordia hace crecer los desiertos interiores, la tristeza, y paraliza o destruye muchas energías que nos son necesarias para generar una nueva sociedad civil y religiosa. Sigue leyendo →
Han sido varios los escritos que en estos últimos tiempos han publicado supuestos datos y documentos sobre la avaricia y el culto al dinero dentro de la Iglesia (el Vaticano, algunas diócesis, algunos institutos religiosos). Más allá de las artes cómo se ha conseguido esa documentación y la intencionalidad de tales publicaciones, lo cierto es que el Papa Francisco ya proclamó ante el mundo, a poco de ser elegido: “Quiero una Iglesia pobres y de los pobres”. El dinero es adictivo, y nos transforma fácilmente en personas corruptas y perversas. La corrupción es “como el azúcar, que vuelve diabéticas a las personas y las va matando lentamente” (el Papa en su visita a Kenia). Quienes se dejan avasallar por el dinero y permiten que la avaricia les domine, no son felices. Jesús, nuestro Maestro, proclamó felices, bienaventurados a los pobres. Y Víctor Hugo razonaba así en su famosa obra “Los Miserables” (1862): “La primera prueba de la caridad en el sacerdote, y sobre todo en el obispo, es la pobreza”. Conviene que de nuevo meditemos sobre esta bienaventuranza y su malaventuranza: la idolatría del dinero. Sigue leyendo →
De vez en cuando Europa está de luto… muy triste. En miles de hogares hay personas que lloran desconsoladas porque han perdido a quien amaban.
¿Por qué maldición ha de interrumpirse así el derecho a vivir de tantas y tantas personas? ¿Qué demonio está apoderándose de nuestra humanidad en este tiempo atroz?
Se interrumpe la vida de centenares de personas inocentes (adultos, jóvenes y niños), cuando el día más inesperado un avión de pasajeros es estrellado contra una montaña por un piloto alienado y suicida.
Se interrumpe la vida de centenares de personas inocentes, cuando otro día un avión estalla en pleno vuelo a causa de una bomba disimulada tras uno de los asientos de pasajeros.
Se interrumpe la vida, cuando un viernes por la noche ciudadanos pacíficos comienzan su fin de semana y unos exterminadores siegan sus vidas en la ciudad de la luz, París
Y yo me pregunto:
¿dónde estabas Dios nuestro? ¿No eres tu el que cuida de su pueblo el que protege a su escogido, el que siente ternura por sus fieles?
Y en mi silencio escucho a alguien cantar: “Yo ví llorar a Dios”, o a una joven periodista en el campo de concentración de Auschwitz escribir: “¡tengo que ayudar a Dios!” (Etty Hillesum).
No es éste el momento de enfrentarnos entre nosotros y acusarnos mutuamente por las consecuencias nefastas de nuestras diferentes ideas políticas.
No es éste el momento para justificarnos nosotros y condenar a los demás
Ni es el momento de cultivar en el corazón sentimientos de venganza.
Es el momento del silencio doloroso, del duelo, de la lamentación. Es el tiempo propicio para conectar con el Misterio de la iniquidad y sentir su horror.
¿No lo hemos escuchado esta mañana en la Eucaristía? ¡Jesús llora sobre Jerusalén! ¡Jesús llora sobre París! ¡Jesús llora sobre Siria! ¡Jesús llora sobre las caravanas de desplazados y expulsados de su tierra, de sus casas! ¡Jesús llora sobre el cementerio del mediterráneo!
Y nosotros queremos compartir su llanto. Y suplicarle más que nunca. ¡Ven, Señor Jesús! Marana Tha! Y tras el luto y la oración intercesora, que tengamos la fuerza para “salir” al encuentro para proteger, cuidar, sentir ternura y unir a los hijos e hijas de Dios dispersos y enfrentados. Con más pasión y decisión que nunca digamos: ¡Venga a nosotros tu Reino! ¡Líbranos del Mal!
Frederic Laloux ha publicado una excelente obra que me ha llamado la atención. La titula “Re-inventing organizations” (re-inventar las organizaciones). Ofrece en ella una visión holística, y por lo tanto, espiritual también. Responde a las ansias de no pocas personas de pertenecer a organizaciones con alma, con espíritu, dedicadas a luchar por una causa, en las que todos se sientan co-protagonistas. Me ha parecido una excelente propuesta ante el panorama político, eclesial en que nos encontramos hoy. Y también, una propuesta alternativa a ciertas formas de gobierno, de liderazgo religioso ambiguas y sincretistas. Se trata de las “organizaciones turquesa”. Por eso, comencemos por preguntarnos: ¿de qué color es la organización a la que pertenezco? ¿Disponemos de líderes “turquesa” o rojo, ámbar, naranja, verde?Sigue leyendo →
En el lenguaje eclesiástico hemos olvidado frecuentemente que la esponsalidad y la paternidad o maternidad, el matrimonio, son una auténtica “vocación” humana y cristiana. La reivindicación de su carácter vocacional no deriva del deseo de una cierta “democratización” de la santidad, sino más bien del proyecto de Dios. (Lo que seguidamente digo es la conclusión del capítulo que -en mi obra “Lo que Dios ha unido. Teología del Matrimonio y la Familia”, San Pablo, 2006- titulo “Vocación dual al Amor”).Sigue leyendo →
Escribí estas reflexiones hace unos meses. En este año de la vida consagrada he podido encontrarme con religiosas y religiosos de varios países (Oriente y Occidente, Norte y Sur). Pero, al llegar de nuevo aquí, a Europa me he topado con este breve texto que escribí a vuela (¡no pluma!, sino vuela-ordenador) después de concluir la lectura de un libro que me llegaba al alma. Se trataba de un autor: Francis Spufford, anglicano, esposo de la Reverend Dr Jessica Martin. Y de un título: Impenitente, una defensa emocional de la fe (en inglés Un-apologetic). Estas líneas le deben mucho, sus expresiones y palabras. Especialmente al último capítulo titulado “Consecuencias”. Lo que Francis Spufford refiere a una iglesia anglicana en minoría, puede ser referido a una vida consagrada “pequeña minoría”.
“Una persona sin imaginación… está fuera de la realidad más profunda y aun fuera de su propia alma” (Mircea Eliade)
Nos falta capacidad innovadora y creativa. Tendemos a repetirnos hasta la saciedad: los mismos tópicos y recursos, las mismas ideas y automatismos. Y cuando llega alguna novedad, se trata de una adaptación meramente superficial –¡puro maquillaje!-. Por eso, da la impresión de que llevamos siglos diciendo y haciendo las mismas cosas. La sensación de aburrimiento se apodera de nosotros.
¿Estamos abiertos a la creatividad? ¿Nos damos cuenta que sin creatividad entramos en un letargo letal? Sigue leyendo →
Es reconocida por todos hoy la importancia de la familia en la misión evangelizadora como parte del Pueblo de Dios, y en la construcción del reino (LG, 34). La familia es fuerza de evangelización, santuario de la vida, don de Dios (Ecclesia in America, n. 46).
Pero también es reconocida la importancia que tiene hoy la misión evangelizadora de la Iglesia respecto a la Familia: ¿qué opciones, qué líneas pastorales, qué buena noticia puede transmitir hoy la Iglesia a sus parejas, a sus matrimonios a sus familias? De ésto hablaré en el próximo artículo.
En este momento quiero referirme a la misión de la pareja matrimonial. Quizá pueda contribuir a la reflexión sinodal, pues sin misión el matrimonio queda des-finalizado, pierde su razón de proyecto, proceso y hasta su misma trascendencia.
El matrimonio es el sacramento de la creación, pero también lo es del mundo nuevo, nacido de la cruz y de la resurrección de Jesús. Por eso, tiene una misión en medio de la sociedad y una misión eficiente: ser el comienzo de la novedad del Reino en su pequeño ámbito, ser en la misma Iglesia como una “Iglesia en miniatura”. Sigue leyendo →