PROFUNDA CONMOCIÓN

Preparación:

Entremos en el estado psicológico de Jesús en la última Cena, que el evangelista describe como “profunda conmoción”. Que el Espíritu Santo nos haga entrar en la escena y comprender y amar más a Jesús.

Lectura:

Habiendo dicho estas cosas, Jesús, profundamente conmovido, añadió con toda claridad: “Os aseguro que uno de vosotros me va a traicionar”. Los discípulos comenzaron a mirarse unos a otros, sin saber a quién se refería. Uno de sus discípulos, al que Jesús quería mucho, estaba cenando junto a él, y Simón Pedro le hizo señas para que le preguntara a quién se refería. Él, acercándose más a Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?”. “Voy a mojar un trozo de pan -le contestó Jesús-, y a quien se lo dé, ése es”. En seguida mojó un trozo de pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. Tan pronto como Judas tomó el pan, Satanás entró en su corazón. Jesús le dijo: “Lo que vas a hacer, hazlo pronto”. Pero ninguno de los que estaban cenando a la mesa entendió por qué se lo había dicho. Como Judas era el encargado de la bolsa del dinero, algunos pensaron que Jesús le decía que comprara algo para la fiesta o que diera algo a los pobres. Judas tomó aquel trozo de pan y salió en seguida. Ya era de noche. Después de haber salido Judas, Jesús dijo: “Ahora se manifiesta la gloria del Hijo del hombre, y la gloria de Dios se manifiesta en él. Y si él manifiesta la gloria de Dios, también Dios manifestará la gloria del Hijo del hombre. Y lo hará pronto. Hijitos míos, ya no estaré mucho tiempo con vosotros. Me buscaréis, pero lo mismo que dije a los judíos os digo ahora a vosotros: No podréis ir a donde yo voy”. Simón Pedro preguntó a Jesús: “Señor, ¿a dónde vas?”. “A donde yo voy -le contestó Jesús- no puedes seguirme ahora, pero me seguirás después”. Pedro le dijo: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? ¡Estoy dispuesto a dar mi vida por ti!”. Jesús le respondió: “¿De veras estás dispuesto a dar tu vida por mí? Pues te aseguro que antes de que cante el gallo me negarás tres veces” (Jn 13,21-33.36-38).

Se inicia la escena con una conmovedora indicación de Jesús:

“¡uno de vosotros me va a traicionar!”.

Se genera el desasosiego.

  • El discípulo amado
    • le pide a Jesús una señal de reconocimiento.
    • La señal ofrecida por Jesús es todo lo contrario a una denuncia; es un regalo de predilección -un trozo de pan mojado-, de modo que el despiste respecto al traidor es todavía mayor.
    • El pan del amor se convierte para Judas en pan diabólico que lo lleva a salir y cumplir su plan de traición.
  • Expulsado Satanás del cenáculo,
    • todo se vuelve luminoso: se manifiesta la gloria de Dios en la gloria del Hijo del hombre (¡repetido dos veces por Jesús!).
    • Esta manifestación está marcada por la ausencia, por el éxodo. Jesús se marchará solo. Sus discípulos lo seguirán… pero más tarde.
    • Pedro comienza a entender, y quiere seguir a Jesús. Pero Jesús no necesita ahora la vida de Pedro, sino Pedro la vida de Jesús.

Meditación:

Entremos también nosotros en el dramatismo del Cenáculo.

  • Veamos dónde estamos situados respecto a Jesús.
  • Si es cierto que somos débiles y en cualquiera de nosotros pueden aparecer gestos de traición a nuestro Señor, sin embargo sabemos que Jesús hará todo lo posible por conquistarnos para Él y agotará todos sus recursos de donación y entrega, como hizo con Judas.
  • El pan y el vino eucarísticos son un regalo de Jesús que tenemos al alcance de la mano. Pero, como nos advierte Pablo en 1 Cor, “mire cada uno cómo come y bebe”.
  • ¡No pactemos con el mundo diabólico!.
  • Introduzcámonos en el mundo de la luz eucarística, donde Dios manifiesta su gloria en el Hijo del hombre, que nos da a comer su cuerpo y a beber su sangre.

Lo importante no es dar nuestra vida por Jesús sino acoger la vida que Jesús nos da. 

Oración:

Gracias, muchísimas gracias, Jesús, porque no reparas en gastos, porque haces todo lo posible para salvarnos de la caída y para que no nos perdamos. Envíanos tu Espíritu para que no caigamos en la ceguera de despreciar tus dones. Haz que entremos en comunión contigo y quedemos inundados por tu Gloria.

Contemplación:

La celebración eucarística conlleva un misterio de belleza y luz que puede pasar desapercibido a quienes no se implican en él, como Judas.

Más allá de las formas externas, lo importante en la Eucaristía es:

  • descubrir cómo Dios Abbá manifiesta su Gloria
  • y cómo ésta se refleja en el Hijo del hombre, en Jesús.
  • Es de una belleza infinita el gesto eucarístico de la entrega de los dones, convertidos en el cuerpo y la sangre del Hijo del hombre. Son el pan de vida y la bebida de la salvación.
  • ¿Qué más puede desear el ser humano? Si viviéramos así la Eucaristía, ¡qué experiencia tan sublime nos sería dada!

Acción:

Celebra la Eucaristía centrado de verdad en Jesús. Que nada ni nadie nos distraiga de ese “centro” desde el cual se irradia sobre la celebración la Belleza de Dios.

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