UN BAUTISMO DE ESPERANZA

Se enciende este domingo la segunda vela del Adviento. Ella simboliza cómo a lo largo de este tiempo se ilumina -cada vez más, domingo a domingo- nuestra esperanza. Nos encontramos en momentos preocupantes: diversos conflictos que nos aquejan, una gran convulsión en el ámbito religioso y en el cristianismo católico, la degradación política, las divisiones en las familias y en las comunidades… No estamos en un momento brillante. Existe demasiada oscuridad. Encender otra pequeña vela, nos lo recuerda: la necesidad de una mayor luminosidad en todo.

El Esperado en el vientre de una doncella (Isaías)

Isaías era un vidente. Le fue revelado que surgiría un rebrote davídico, es decir un heredero del rey David en el pueblo que vivía en tinieblas. La tiniebla política es siempre tremenda. Afecta a todo. El mal liderazgo es siempre tenebroso, descorazonador, mata la esperanza. Para Isaías la esperanza estaba surgiendo en el vientre de una joven doncella, ¡la almah! Y sobre esa criatura se derramaría el Espíritu de Dios con toda su fantasía y poder. Con Él llegará un nuevo reinado… el Reino de Dios. El Reino de las, de la interconexión e inclusión, sin hostilidades.

Se hizo realidad plena en Jesús (Pablo)

Para Pablo las Escrituras del Antiguo Testamento eran el alimento de su esperanza. Estaba atento a la Palabra de Dios, contextualizada en aquel imperio romano de su tiempo, portador de tantas amenazas y que llevó a cabo a través de uno de sus procuradores la crucifixión y muerte de Jesús. Sin embargo, Pablo no ve rota su esperanza. Es consciente de que en Jesús se cumplen las promesas de Dios. En Él se manifiesta que Dios es fiel a sus promesas y no solo para el pueblo judío, sino para todos los pueblos de la tierra.

Antes de encontrarse con Jesús, Juan Bautista sueña…

Los mejores sueños no dependen de nuestra voluntad o fantasía. Nos son dados, nos estimulan y excitan. Lo que todavía no ha llegado, nos envía señales precursoras. Juan Bautista estaba convencido de ello: se sentía estimulado más de lo que él podía imaginar. Detectó que algo grande se acercaba. Y el pueblo lo descubrió predicando y bautizando en el desierto, como un imán al que nadie puede resistirse. Y vinieron casi todos para escuchar su mensaje y participar de su loca expectativa.

En su apasionado celo aprovechó la oportunidad para pedir a todos un cambio profundo en sus vida y para que se preparasen -con un baño de penitencia- para acoger con dignidad lo que iba a llegar.

Quienes se bautizaban entraban en el ámbito de la expectativa, de la esperanza. Sumergirse en el Jordán era soñar algo diferente, esperar el cumplimiento del viejo sueño de Isaías, de los profetas, del mismo Juan. ¡Bautismo de Esperanza!

Y ¿nosotros?

Muchos quizá piensen que hay pocos motivos para esperar. Y sin embargo, Adviento es el tiempo de los grandes sueños, de los sueños aparentemente imposibles -como los sueños de Isaías, de Juan Bautista, de san Pablo-. Decía acertadamente Cora Weis que

 “cuando soñamos solos, sólo es un sueño. Pero, cuando soñamos juntos, el sueño se puede convertir en realidad”. 

No vivimos el adviento solos, lo vivimos en comunidad. La comunidad tiene necesidad del contagio de los gérmenes de la esperanza. Que en este domingo se encienda en nosotros la segunda vela luminosa y explosiva del Adviento.

Benjamin Boivin
Wednesday, October 13, 2021

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