¿EL PAN DE LOS HIJOS… A LOS PERROS? Domingo 20 del tiempo ordinario, ciclo A

Este evangelio me resulta difícil. Lo digo de entrada porque creo que a muchos también.

Una mujer extranjera, cananea, le pide ayuda a Jesús por su hija. Y Jesús… no le responde. Los discípulos piden que la despidan. Y cuando por fin habla, dice algo que suena duro: 

No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros.

¿Jesús llamando “perro” a alguien? Me quedo con eso un momento porque creo que vale la pena no esquivarlo.

Jesús está probando algo. O revelando algo. O las dos cosas a la vez. Porque esta mujer no se rinde.

Y aquí está el corazón de esta escena. Ella no se ofende. No se va. No protesta. Dice algo extraordinario:

Sí, Señor, pero también los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.

Es una respuesta que tiene humildad y tiene audacia al mismo tiempo. No pide lo que no le corresponde. Pide las sobras. Las migajas. Con eso le basta. Y Jesús, entonces, se rinde él.

¡Mujer, qué grande es tu fe! ¡Que te suceda lo que deseas!

¡Qué grande es tu fe! No dice: ¡qué buena eres! No dice: ¡qué perseverante! Dice: ¡qué grande es tu fe! ¿Y cuál es su fe exactamente?

Creo que es esto: ella cree que en Jesús hay más que suficiente. Que aunque no le toque a ella, aunque esté fuera, aunque los demás la ignoren… algo de él alcanza también para ella.

No pide un banquete. Pide una migaja. Y confía en que esa migaja, viniendo de él, es suficiente para sanar a su hija.

Me pregunto cuántas veces me he ido yo cuando Jesús parecía no responder. Cuántas veces he interpretado el silencio como un no definitivo. Cuántas veces me ha faltado la tenacidad de esta mujer que no tiene nada a su favor y sin embargo no suelta.

Esta mujer es pagana. Es mujer en una cultura que no la escucha. Está sola. Su hija está enferma. Y aun así… Sigue. Insiste. Cree.

Hoy me pregunto, y me lo pregunto de verdad:

¿De qué me he ido yo cuando Jesús tardaba en responder? 

Esta mujer nos enseña que a veces la fe más grande no es la que recibe enseguida. Es la que se queda.

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