NUNCA CRECIÓ LA HIERBA SOBRE SU TUMBA: Fiesta de la Asunción de María, 15 de Agosto 2016

Hoy no vamos a un cementerio. Hoy no lloramos a nadie. Hoy celebramos la fiesta que el pueblo cristiano lleva siglos guardando en el corazón del verano: la Asunción de María en Cuerpo y Alma al Cielo. Y celebrarla es dejar que la Vida gane. Siempre.

Hace 75 años, el papa Pío XII puso en palabras solemnes lo que la gente sencilla ya sabía por dentro: que María no se quedó en una tumba. Que su cuerpo y su alma están vivos, en Dios.

Y aquí viene lo que de verdad nos toca: no lo entendemos mirando al cielo. Lo entendemos mirando a la tierra. Fijémonos — no hay tumba de María. No hay funeral de María. Sus santuarios no huelen a muerte, huelen a vida. Vamos allí y no sentimos que la perdimos. Sentimos que nos espera.

Con Jesús nos pasa lo mismo. Cada Eucaristía no es un velatorio. Es un encuentro. No comulgamos un cadáver del Calvario. Comulgamos un Cuerpo que vive, que actúa, que no cabe en ningún lugar, porque lo llena todo.

Y si Jesús lo llena todo… María, unida a Él en el Espíritu, en cuerpo y alma, también está presente. No allá arriba, lejos. ¡Aquí, entre nosotros! En quien la reza, en quien la necesita, en quien la siente madre.

Decía el filósofo Gabriel Marcel una frase que ilumina justo esto:

“Amar a un ser es decirle: tú no morirás.”

Eso es lo que Dios le dice a María. Eso es lo que Dios nos dice a cada uno de nosotros.

Así que si hoy alguien nos dice que la muerte es el final… digámosle que NO. Que nuestro Dios no es Dios de cadáveres, es Dios de vivos. Y que el amor — el amor de verdad — no se acaba. Nunca. ¡Feliz Asunción!

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