“CUERPO CRUCIFICADO” (Viernes santo)

Entramos en el misterio del Viernes Santo: un día que no es sólo pasado, sino también dramático presente en la vida individual y colectiva de la humanidad.

Hoy es “viernes santo”

El Viernes Santo fue para algunos de nuestros grandes pensadores la expresión del mayor ocultamiento de Dios en nuestra historia. Y hoy lo estamos padeciendo: lo demuestra la expansión -cada vez mayor- de la increencia y del ateísmo. En su obra “La gaya ciencia” (sección 125) el filósofo Nietzsche escribió: 

“Dicen que el loco ese día penetró en varias iglesias y entonó un requiem æternam deo. Y cuando era arrojado esgrimía reiteradamente su argumento: «¿Qué son estas iglesias, sino tumbas y monumentos fúnebres de Dios?” Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado”.

Anticipaba así lo que hoy está ocurriendo de forma masiva. Son cada vez más las personas -¡incluso miembros de familias de tradición creyente y cristiana!- que se declaran agnósticas o ateas: “no hay Dios, Dios ha muerto”. La religiosidad se diluye. Los templos se vacían.  

El “Viernes Santo” en seis escenas

La liturgia cristiana proclama en este día la Pasión según san Juan en seis escenas

  • La patrulla (Jn 18,1-12): un destacamento de tropas romanas es enviado por las autoridades judías, para arrestar a Jesús en el huerto de Getsemaní , guiado por Judas. Jesús le sale al paso y les pregunta: ¿A quién buscáis? Ellos responden: ¡A Jesús nazareno! La respuesta de Jesús les sobrecoge: “Yo soy” evocaba al Dios de la zarza incombustible que así le respondió a Moisés: “Yo soy el que soy”.
  • El interrogatorio nocturno: el avaricioso y corrupto Anás somete a Jesús a un interrogatorio nocturno, no oficial. Jesús es maltratado, negado por Pedro en el atrio. Se reúne en la mañana siguiente el Sanedrín -presidido por Caifás- y decide entregar a Jesús a los romanos para que sea ejecutado. Los judíos -por orden de los romanos- no podían ejecutar la pena capital, pero sí le pedirán que ejecute a Jesús con la crucifixión.
  • Viernes por la mañana: Los sacerdotes se dirigen a la casa de Pilato, pero no entran para no contaminarse, dado que ese día se iniciaba la Pascua al atardecer. Jesús ante Pilato se declara testigo de la Verdad, que el procurador romano trata de eludir. Los judíos rechazan la realeza de Jesús. Los gentiles lo visten como rey y lo aclaman: “ellos lo habrían hecho sin burlas”, comenta un gran experto en el evangelio de Juan, Raymond E. Brown. Pilato descubre que Jesús es el Hijo de Dios y Jesús le declara que su poder -como procurador romano- le viene de Dios. Sentado en la sede del juez, Pilato dicta sentencia de muerte. El pueblo de Dios se declara amigo del César. Y esto sucede en “esa hora fatal en la historia de Israel que es “la hora sexta”, el mediodía, el momento mismo en que se inicia el sacrificio de los corderos pascuales en el Templo” (Raymond E. Brown).
  • En la cruz: de ella pende un letrero que declara de forma solemne -en tres lenguas- y por orden de Pilato, el porqué de la muerte de Jesús ¡el rey de los judíos! Los soldados se reparten los vestidos de Jesús, pero “la túnica” de una sola pieza -como la del Sumo Sacerdote- es echada a suertes. Jesús muere como rey y también como Sacerdote.
  • La Madre y el discípulo amado: varias mujeres están junto a la cruz de Jesús y el discípulo amado. Jesús le revela a su madre una “nueva maternidad” refiriéndose al discípulo amado: “Ahí tienes a tu hijo”. Y el discípulo la acogió en su casa.
  • Jesús muere y entrega el Espíritu que se derrama sobre las mujeres y el discípulo amado. Entones Jesús es también “el Traspasado” y de su costado, herido por la lanza, brota el agua de la vida juntamente con la sangre de la entrega.

¿Qué nos dice el relato?

La crucifixión estaba pensada 

  • para humillar al reo, 
  • para privarle del honor, 
  • para hacerle caer en lo más bajo en que un ser humano puede caer. 

El cuarto evangelista nos presenta a Jesús manteniendo su honor en todo momento. 

  • Actúa como un auténtico señor que conoce la situación y la controla. 
  • Jesús soporta lo que haya que soportar, pero nunca cede ante la humillación. 
  • La máxima humillación se convierte en la exaltación del Señor. 
  • El máximo desprecio se convierte en la máxima atracción desde la cruz. 
  • Se le acusa a Jesús de hacerse igual a Dios, Hijo de Dios, rey. Por ello es condenado. Pero muriendo, Jesús entrega su vida al Abbá de la vida.
  • Jesús confía absolutamente en su Padre. Y hace de su muerte el acontecimiento más digno de su existencia, el cumplimiento que lleva a perfección su misión en la tierra: “¡Todo está cumplido!”.

Este relato nos enseña que:

  • Ante la humillación no hemos de reaccionar con violencia, sino con dignidad y firmeza. 
  • Como seres humanos y limitados que somos, habremos de atravesar zonas de sombra, de anonadamiento y tiempos de duda, de aparente sinsentido. Nuestra fe nos pide confiar siempre, en todo lugar y momento, en nuestro Abbá. Él no puede olvidarse de los hijos e hijas de sus entrañas, como no se olvidó de Jesús. Él hace que nuestras noches oscuras, nuestras experiencias de muerte, estén bajo su control, para que nuestros pequeños viernes santos se conviertan en momentos de gracia para el mundo. ¡Qué bien entendió este misterio san Pablo cuando nos dijo que estamos con-crucificados con Cristo!
  • Hay muchas zonas de viernes santo permanente en nuestro mundo: ¡ahora mismo lo estamos sufriendo! ¡Hoy es -quizá más que otras veces- Viernes Santo!. Muchas personas solidarias y compasivas emergen en este día para llevar consuelo, esperanza, cuidar, acompañar, compadecerse…. 
  • Hemos de acercarnos a quienes están pasando su “viernes santo”. Llevémosle nuestra presencia y consuelo. Iluminemos a esa persona con nuestro amor y nuestra esperanza.

¡Abbá, ¡sólo nos quedas Tú!

Abbá, en la oscuridad del viernes santo, sólo nos quedas Tú. Tú eres nuestro refugio, nuestra esperanza, nuestra victoria. Nos ponemos en tus manos. Te entregamos nuestro espíritu. Sabemos, Abbá, que contigo nunca quedaremos defraudados.

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