REY DE LA PAZ – JUEZ DE JUECES (Domingo de Ramos)

¿Cuándo llegarán a la humanidad tiempos de paz? Cuando todavía no está resuelto un conflicto surge otro. Las guerras se suceden. No hay respiro…. Añoramos la paz, pero la paz no llega. Jesús fue el “príncipe de la Paz”… pero sucumbió a la violencia. ¿Qué celebramos hoy los cristianos  al evocar la entrada de Jesús en Jerusalén “ciudad de la Paz?

La perspectiva

La entrada de Jesús en la Ciudad Santa de Jerusalén respondió a un deseo muy especial de Jesús: representar, hacer realidad, un texto del profeta Zacarías (9,8-12):

“Yo acamparé junto a mi Casa como guardia contra quien pasa o quien viene; y no pasará junto a ellos el opresor, porque ahora vigilo con mis ojos. ¡Exulta sin freno, Sión, grita de alegría, Jerusalén! Que viene a ti tu rey, justo y victorioso, humilde y montado en un asno, en una cría de asna… Él proclamará la paz a las naciones. Su dominio alcanzará de mar a mar y desde el Río hasta los confines de la tierra. Por la sangre de tu alianza, libraré a tus cautivos de la fosa vacía, sin agua. Volved hoy mismo a la fortaleza, cautivos de la esperanza”

(Zacarías 9, 8-12)

 Esta es la profecía que Jesús hace realidad en este día de su entrada en Jerusalén como rey de la Paz. La gente lo percibe y lo aclama sin miedo: ¡Hijo de David!, ¡el que viene en el nombre del Señor!

Deberíamos imaginarnos el entusiasmo y la pasión de aquellas gentes que encontraron en Jesús la respuesta de Dios a sus penas, a sus esperanzas (¡cautivos de la esperanza!). Sin embargo, la gente no percibió la gravedad de aquello que hacían, pues el entusiasmo se había apoderado de ellos. Entraron en Jerusalén sin el menor respeto humano, proclamando la Gracia definitiva de Dios sobre la Ciudad.

Aquella entrada solemne y pacífica en Jerusalén se convirtió en el desencadenante de la peor de las acciones violentas: la condena a muerte, y muerte de cruz, del Rey de la Paz, Jesús.

La fuente de su energía

La primera lectura del profeta Isaías nos ayuda a comprender lo que movía el corazón de Jesús:

  • El deseo de alentar, confortar y consolar a los abatidos.
  • La convicción de que a la violencia no se responde con violencia.

El “misterio” de Jesús

Por eso, san Pablo interpreta el modo de actuar de Jesús en la segunda lectura (la carta a los Filipenses):

  • Jesús era de “condición divina”, pero no quiso aparecer con ese título así y se hizo uno de tantos.
  • Más aún: se hizo como nosotros no deseamos ser: esclavo, sometido, siervo, apto para ocupar el último lugar: el de los condenados a muerte.
  •  Sin embargo, Dios su Padre reaccionó y lo exaltó, “de modo que ante Jesús se arrodille toda persona en el cielo y en la tierra”.  

¡Jesús es el Hijo del hombre, juez de jueces!

Hoy la Iglesia proclama el relato de la Pasión según san Mateo. Y nos dice cuál fue la causa de su muerte. Cuando el sumo sacerdote le dijo solemnemente: «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios». Jesús respondió: †. «Tú lo has dicho. Y os declaro que pronto veréis al Hijo del hombre, sentado a la derecha de Dios, venir sobre las nubes del cielo».

El sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Vosotros mismos habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?». Y todos respondieron: “Es reo de muerte”.

Jesús se identifica con un personaje misterioso -¡el Hijo del Hombre!-, aquel de quien habló el profeta Daniel: aquel que vendría a juzgar a todas las naciones. Jesús les dice tanto al Sumo Sacerdote y al Sanedrín vendrá a juzgarlos a ellos, que Él es el Juez que viene de Dios. Esta es la clave que nos permite entender el drama de la Pasión que hoy nos es proclamado.

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