DESCUBRIR EL “TODO” EN EL “FRAGMENTO”

Un excelente exégeta dominico, José Luis Espinel, nos explicaba en una ocasión la parábola del grano de mostaza. Trajo en una bolsita centenares de granos, que fue depositando -de uno en uno- en la palma de quienes -más de un centenar- asistíamos a su conferencia. Quedé maravillado de la pequeñez del granito de mostaza. Tuve que poner enorme cuidado para que no se me deslizase de la mano, cayera en el suelo y se convirtiera en imperceptible. Es así cómo Jesús hablaba del Reino, de su utopía. No cree en “lo grande” quien primero no se confronta con “lo minúsculo” y descubre en lo más pequeño una energía que todo lo supera.

La certeza: ¡Algo hay sembrado!

Jesús tuvo siempre una confianza inmensa en el porvenir. Hablaba de una gran cosecha -el Reino de Dios-, porque contemplaba las “semillas” que un día lo harían presente y manifiesto. A nosotros, en cambio, nos resulta difícil detectar las semillas, o peor aún, creer en el poder seminal de pequeñas fecundidades. Lo que a nuestros ojos parece pequeño e insignificante, puede ser muy grande y esplendoroso a los ojos de Dios. Lo que juzgamos grande y espectacular, a los ojos de Dios puede ser apariencia inconsistente.

Jesús tenía la convicción de que hay gérmenes de vida sembrados en los surcos de los pueblos se convertirán -algún día- en una magnífica cosecha!

La Gracia ya actúa en lo secreto, en zonas de oscuridad, en la clandestinidad. Jesús nos ofrece una visión totalmente esperanzada de la historia y además… ¡con razones!

Las parábolas proclamadas en la liturgia de este domingo nos lo demuestran.

La perspectiva: ¡desde lo pequeño!

Había gente en tiempos de Jesús, pero también ahora, personas que no se contentaba con detectores humildes de la presencia del Reino; querían algo “espectacular”, “llamativo”, volcánico. Sin embargo, qué interesante es la perspectiva que Jesús nos ofrece: ¡contemplad los procesos que se van generando, estad atentos a todo lo que lenta pero certeramente va creciendo! ¡Un día os sorprenderá la Novedad que traían dentro de sí!

¡Y también la levadura!

Sensible ante la experiencia femenina, Jesús compara también el Reino de Dios con la levadura que hace imperceptiblemente fermentar toda la masa. También en la historia humana hay levadura.

Dios está haciendo historia con nosotros. Mantiene firme su Alianza y no se desdice. Jesús nos invita a creer en los buenos resultados de la Alianza y a no descorazonarnos ante la grandeza de lo malo y la pequeñez de lo bueno, ante lo ruidoso que es el mal y lo silencioso que es el bien.

Esta visión acontece en la fe. Sólo los creyentes, quienes se entregan a Dios sin reservas, quienes se fían de Jesús, ven lo que Él ve e indica.

¡No al catastrofismo!

Hay visiones catastrofistas, miradas negativas sobre la realidad, absolutizaciones de los fracasos, que nos ahogan, nos hacen entrar en la angostura y nos roban la esperanza. ¡Sólo la fe en un Dios fiel a su Alianza, que nunca abandonará a la humanidad, ni a nosotros, seres personales, dentro de la humanidad, nos salvará! Necesitamos redimir nuestro tiempo de la desconfianza, del pesimismo, de las penas. Todo queda redimido cuando la fe nos permite ver y porque vemos confiamos.

Me convenzo cada día más de que la fe nos conduce hacia lo pequeño, lo insignificante y nos lleva a descubrir el todo en el fragmento.

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