IGLESIA PEREGRINA Y SINODAL: LA AGENDA DE LOS “ODRES NUEVOS”

Caminar juntos ¡sí!, pero ¿hacia dónde? Podría tratarse de un “caminar infinito”, de un camino que no tiene fin… En nuestra tradición eclesial utilizamos una expresión magnífica que lo clarifica: “la iglesia que peregrina en…” Si el término “sin-odalidad” nos habla de un “caminar todos juntos”, el término “peregrinación” le añade una connotación nueva: es caminar hacia una meta en la que se pone todo el énfasis y de la cual se desprende la necesidad y la velocidad del camino compartido.Cuando hablamos de sinodalidad, nos preguntamos por el camino que todos hemos de compartir. Cuando hablamos de “peregrinación” nos preguntamos por “la meta” que todos nos proponemos conseguir.

Viven en la tierra pero su ciudadanía está en el cielo (Carta a Diogneto)

Una extraordinaria reflexión sobre el significado de nuestra condición “peregrina” la encontramos en la carta a Diogneto (datada el 158 d.C.)[1]. Evoquemos algunas de sus ideas fundamentales y apliquémoslas a nuestro sueño:

  • Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar, ni por la lengua, ni por sus costumbres… No tienen ciudades propias: viven en ciudades griegas y bárbaras,según les cupo en suerte. Siguen las costumbres de los habitantes del país…, No llevan un género de vida distinto… ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.  
  • Y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble.En su propia patria habitan como forasteros. Toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros. Toda tierra extraña es patria para ellos. Y toda Patria les es tierra extraña… Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el Cielo.Viven en la carne, pero no según la carne
  • Obedecen las leyes establecidas… pero las superan 
  • Aman a todos, pero son por todos perseguidos. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida.
  • Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo.
  • Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria: son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida.
  • … Viven en el mundo, pero no son del mundo… Viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial.
  • Constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.”

¡Excelente comentario al sueño de una Iglesia sinodal y peregrina!

El camino espiritual hacia la Meta

El mapa de la espiritualidad cristiana está plagado de senderos, de caminos. Todos ellos conducen a la meta: la nueva Jerusalén, la ciudad del gran Dios. En todos ellos se hace presente la Luz de Dios y la presencia anticipada de Dios que hace viable el camino.  

San Gregorio de Nisa nos propuso recorrer el camino espiritual de Moisés, marcado por las tres teofa­nías o manifestaciones de Dios, que marcaron el ritmo de su vida y mi­sión[2]. También nuestros místicos, Teresa de Jesús o Juan de la Cruz, nos habla­ron de un camino de espiritualidad, como subida al Monte Carmelo, o itinerario hacia la séptima morada[3]. Somos “homo viator”, decía Gabriel Marcel. ¡Somos caminantes! El camino es arriesgado y aventurado. Pero el camino necesita etapas… pequeñas metas a las que llegar. Hacia ellas nos encaminamos “en peregrinación”.

Cuando el camino cruza cañadas oscuras el salmo 22 nos promete la protección de nuestro Pastor: “su vara y su callado nos defienden”.

“La peregrinación hacia una meta teofánica”

En nuestra vida recorremos diversas etapas: infancia, adolescenciajuventudedad adulta media y tardía. También en la vida espiritual vamos superando etapas: Santa Teresa nos habla del camino hacia “la séptima morada”.

Nuestra vida es, así, una santa peregrinación Toda peregrinación tiene como objetivo un santuario, un lugar teofánico -el lugar del Milagro-.

Victor Turner, el gran antropólogo británico fallecido el 1983, decía que 

“la peregrinación es místicismo exterior. El misticismo es peregrinación interior”. 

La peregrinación es “mística” expresada en el cuerpo itinerante. La mística es peregrinación expresada en el camino del alma.

  • La meta de la peregrinación es el espacio donde se espera que acontezca “el milagro”. 
  • El camino de la peregrinación es arriesgado, peligroso. Puede uno encontrar la muerte. Pero la seducción de la meta hace superar cualquier aventura que pueda suceder. 
  • El motivo de la peregrinación es frecuentemente la necesidad de expiación, de penitencia, de un cambio profundo en la vida. Los cuatro caballeros que asesinaron a Thomas Becket fueron a Jerusalén en peregrinación penitencial para expiar por su pecado. Por eso, la peregrinación ha sido definida como “ritual de aflicción”. De la peregrinación se espera un cambio de vida.
  • San Ignacio de Loyola se llamó a sí mismo “el peregrino” al llegar a tierra santa[4]. Sintió que caminaba hacia la geografía de Dios. 

Hay muchas metas de peregrinación no solo en la cultura católica, sino también en otras culturas religiosas. Atraen a millones de peregrinos cada año[5].  La pregunta que ahora nos surge: ¿están configuradas nuestras iglesias locales nuestras comunidades y personas, como una ¿santa peregrinación”? ¿Cuáles son las metas que nuestra sinodalidad siente que ha de recorrer?

“Él puede tratar con paciencia a los ignorantes y extraviados” (Heb 5,2)

Decía Eberhard Jüngel[8]  que “el mayor problema que tiene la humanidad no es el problema del sufrimiento, sino el problema del pecado”. Y, explicaba que “pecar consiste en poner estorbos y barreras en el camino de Dios que viene y me busca… Objetivo del pecado es mantenernos alejados de Dios e impedir que Él se nos acerque. 

Tomás le preguntó a Jesús: «¿Cómo vamos a conocer el camino?» (v. 5,).” Jesús, el hacedor de caminos, le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí» (Juan 14:6)”.

Por nosotros mismos, nunca hallaremos el Camino. El Camino viene a nosotros, los errantes, los perdidos: “Yo soy el Camino”. Pero el Camino no es la vía ancha, la que apenas ofrece resistencia, la que lleva a la perdición. El Camino es la vía estrecha, la que ofrece mayor resistencia, pero conduce a la Vida. 

Jesús no es un cartel que indica cómo llegar a un lugar. Él es el Camino. Alguien muy superior a un genio que convierte nuestra vida en fantasía. Comulgar con Jesús -su Cuerpo y su Palabra- es entrar en el camino y continuar en Él. Él es el camino hacia una nueva manera de vivir en intimidad con el Dios trino, pero tiene sus etapas. ”

La Palabra es sendero, la Eucaristía el Pan del Camino

El camino de Jesús siempre pasa a través del valle del sufrimiento, del Getsemaní para atravesar directamente la puerta de la Esperanza que es Él mismo. Así lo expresó el profeta Oseas 2:15-17).

Por eso, Yo mismo la seduciré, la conduciré al desierto y le hablaré al corazón. Y desde allí le daré sus viñas. Y el valle de Acor será puerta de esperanza; allí me responderá como en los días de su juventud, como el día que subió de la tierra de Egipto.

Yo soy la puerta; si alguno entra a través de mí, se salvará; y entrará y saldrá y encontrará pastos” (Jn 10,9).

El camino no es lineal; no siempre se mueve hacia adelante, sino que avanza en círculos, en una espiral que nos va acercando a Dios, y el camino que parece estar dando una vuelta en el sentido incorrecto también nos podría estar abriendo un camino más cerca de Él y hacia Él, que habita en nuestro interior. 

Cuando la senda no va hacia arriba o hacia delante, no por eso, deja de acercarnos a Dios. El camino de Jesús se mueve hacia lo profundo, hacia la intimidad con Dios. Getsemaní es un lugar de intimidad. Nos prepara para seguir al Cargado con la Cruz y se dirige por la senda del sufrimiento hacia un lugar de muerte.

Nuestro Salvador Sufriente quiere estar con nosotros y en nosotros, y el sufrimiento es la forma en “la forma en que Él está por nosotros, con nosotros y en nosotros”. 

“No hay camino hacia la transformación sin una cruciformación; sin someter la forma de lo que es a la forma de Cristo.”

Las puertas de la esperanza

Necesitamos caminar juntos, pero también necesitamos “peregrinar” hacia algún lugar, alguna meta. Hay “milagros” que nos esperan y que todavía no han sido realidad. Hay puertas que se nos abren y podemos cruzar. No todo tiene que ser como hasta ahora ha sido: el “siempre se ha hecho así”. El Espíritu Santo hace hablar a Jesús en términos contemporáneos. El Espíritu Santo re-escribe la Escritura en el corazón de los fieles de “hoy”: inspira, impulsa, ofrece nuevas fórmulas, se expresa en nuevos deseos.

Es verdad que el mal espíritu deseará frenar los impulsos del Espíritu creador e innovador. Es cierto que el mal espíritu pondrá obstáculos para no cruzar determinadas puertas y hacer de la peregrinación “un viaje a ninguna parte”.

Nuestro camino es “Via-crucis”, pero también “Via-Lucis”. Necesitamos llegar a los “lugares del Milagro”: allí es posible lo que hasta ahora parecía imposible. Allí los sueños del Espíritu reflejados en cada uno de nosotros se hacen realidad. Abramos nuestras “agendas” y pongámoslas en sintonía con los tiempos de Dios. Y llegará lo que hasta ahora parecía imposible. Y la Iglesia de Jesús, su Cuerpo en la historia, aparecerá con un rostro renovado, seductor. En el Cuerpo de Jesús no habrá miembros paralizados, tampoco inactivos. El vino nuevo irá encontrando los “odres nuevos”. Que se abran las agendas de los odres nuevos.



[1] De la Carta a Diogneto (Cap. 5-6; Funk 1, 317-321).

[2] Gregorio de Nisa escribió un precioso libro titulado “Vida de Moisés”. En él presentó a los cristianos el itinerario espiritual de este gran hombre. Descubre en él tres grandes momentos, marcados por tres manifestaciones diferentes de Dios: la experiencia de la existencia de Dios en la Zarza incombustible en Madián, la experiencia de la esencia de Dios en las tinieblas del Sinaí y la experiencia de la Amistad y Ternura de Dios en la experiencia del Desierto y la Roca. Estas tres experiencias o Teofanías fueron para Moisés –según Gregorio de Nisa- puntos de partida de una nueva comprensión de su identidad y misión. ¿Sucederá algo así en la vida de cada cristiano? ¿Será nuestra trayectoria histórica personal y comunitaria o colectiva un auténtico lugar teofánico, donde la Santísima Trinidad se revele?

[3] Cf. Alvarez, A., Castillo interior. Camino hacia el encuentro con Dios con Santa Teresa de Jesús, Burgos, Ed. Monte Carmelo, 2001; Castellano Cervera, J., El entramado bíblico del Castillo interior, en “Revista de Espiritualidad” 56 (1997) pp.119-142; Tani, G., Il Castello interiore di Santa Teresa. Un’interpretazione simbolica, Edizioni Paoline 1991; Welch, J., Spiritual pilgrims. Carl Jung and Teresa of Avila, New York, Paulist Press, 1982.

[4] “ San Ignacio de Loyola, A Pilgrim’s Testament: The Memoirs of Ignatius of Loyola, trad. Parmananda R. Divarkar (Roma: Gregorian Biblical BookShop, 1983), p. 44..

[5] Centros de peregrinación de todo el mundo, como La Meca en Arabia Saudí, Guadalupe en México, Lourdes en Francia, Santiago de Compostela en España, Haridwar en la India y Shikoku en Japón. En la actualidad, siguen surgiendo en todo el mundo nuevos lugares de peregrinación, incluidos los “seculares” sin afiliación oficial, como Graceland, la casa de Elvis Presley.

[6] Cf. Hechos 9:2; 19:9, 23; 22:4; 24:14-22

[7] “Eugene H. Peterson, The Jesus Way: A Conversation on the Ways That Jesus Is the Way (Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans, 2007), pp. 39-40.”

[8] “Eberhard Jüngel citado por Matt Jenson, The Gravity of Sin: Augustine, Luther and Barth on homo incurvatus in se (Londres, Reino Unido: Bloomsbury T&T Clark, 2007), p. 191..

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