PAN-DEMIA Y NICO-DEMO: ¿ALARMA O ALERTA?

Este es el “presente” innegable de nuestra humanidad en este momento, hoy 10 de mayo de 2020: el contagio progresivo y amenazador del coronavirus: la pandemia. El “presente” nos inquieta. Pero este “presente” que estamos viviendo nos hace también pensar en el “después”. ¿Y cómo imaginar ese “después” que ya se acerca? En este tiempo de Pasión y de Pascua nos encontramos con dos nombres parecidos: Pandemia y Nico-demo . El término “pan-demia” nos habla de un contagio maligno que nos afecta a toda la humanidad, a todos los pueblos.  En cambio, el término Nico-demo nos habla de la “victoria -nike- del Pueblo -demos-, del que pudo nacer de nuevo. “Pandemia” y “Nicodemo” son dos imágenes correlativas. A este tema deseo dedicar esta reflexión dominical estructurada en tres palabras: evento, clave y consecuencias.

El Evento: la “pandemia” y el Virus-sunami 

El contagio del coronavirus ha sido como un gigantesco sunami que ha ido anegando sucesivamente a casi todos los países de nuestro planeta. Pronto nos llegó la alarma al conocer, por los medios de comunicación, lo que estaba sucediendo en un punto de la tierra: en la ciudad de Wuhan al sur de China. Pero ese sunami ha sido tan veloz, tan expansivo, que, en poco tiempo, en unos meses, ha llegado a nuestra nación, a nuestra ciudad o pueblo, a nuestra casa, a nuestra comunidad. 

Y ni nuestros gobernantes, ni nosotros mismos lo preveíamos tan furioso y devastador. A muchos nos pilló desprevenidos. Pero cuando ya vimos “las orejas al lobo” y experimentamos en propia carne cómo el virus hacia estragos a derecha e izquierda, arriba y abajo, nuestros gobiernos -con mayor o menor acierto, pero con buena voluntad- tomaron decisiones muy drásticas: nos confinaron y suspendieron toda actividad para detener la ola de contagios. Son miles y miles las víctimas de la pandemia. Y nos han afectado de manera particular, cuando se ha tratado o trata de personas muy cercanas, muy queridas, o familiares nuestros. ¡Algo así, nadie lo hubiera podido imaginar el 1 de enero de este nuevo año 2020! A día de hoy, nos encontramos en estado de “pandemia”: palabra griega que nos habla de algo que afecta a “todo el pueblo” (pan y demos).

Tenemos buenos futurólogos: ¡excelentes programadores!, ¡expertos en lo previsible! En este caso, sin embargo, no fue posible ni la previsión, ni la programación. Llegaron las “interrupciones”: los calendarios cayeron semana tras semana, mes tras mes… Y todavía… con la incertidumbre de cuánto durará esto y si nosotros -y nuestros seres queridos o comunidades- saldremos indemnes de esta pandemia, si podremos remprender la vida normal. ¡Seguimos confinados en el sitio en que la pan-epidemia nos sorprendió… hasta nuevas órdenes de quienes nos gobiernan! Instituciones, empresas, iglesias… ¡casi todo en estado de alarma! (¡al arma!). El lenguaje bélico emergió en el nuestro: ¡lucharemos!, ¡venceremos al virus!, ¡aplaudiremos a quienes están en la primera línea de la batalla! Y comenzó a sonar por doquier el “¡Resistiré!”. Nadie había incluido en su programación de gobierno, en su proyecto de vida, en su calendario de actividades, una guerra como ésta. 

La Clave: ¿Futuro o Porvenir? ¿Progresistas o Profetas?

El futuro es aquello que nosotros generamos desde nuestro presente, nuestras posibilidades e incluso nuestros sueños. Pero el futuro no explica todo. Necesitamos otra categoría para entender lo imprevisible, la llegada de lo no programado… es “el porvenir”. 

Los progresistas contemplan la realidad desde la perspectiva del “futuro”: para ellos la ciencia-estrella es la futurología, la programación, la elaboración de proyectos… Los progresistas muestran una confianza -casi idolátrica- en los poderes del ser humano y en su capacidad de progreso: We can! ¡Podemos! ¡Se puede! ¡Otro mundo es posible! 

Los profetas y apocalípticos lo contemplan todo desde otra perspectiva: el “porvenir”. El filósofo francés Jacques Derrida nos invitó a distinguir entre “futuro” y “porvenir” (future et avenir). Para los profetas y apocalípticos hay “interrupciones” en el decurso de la historia: momentos de ruptura, de advenimiento de algo absolutamente inesperado e imprevisto. Otros pensadores lo llaman “evento” (el filósofo esloveno Slavoj Žižek). Los “eventos” no responden a ninguna programación previa. No los gestamos nosotros: ¡nos vienen dados inesperadamente! 

Para los profetas y apocalípticos la actitud más sabia no es seguir obstinadamente nuestras programaciones, sino vigilar y estar atentos a los signos de los tiempos, a las señales del Espíritu, a aquello que está porvenir y de alguna manera ya se anuncia en los sueños o en los íncubos de la humanidad. Jesús nos invitaba a interpretar los signos de los tiempos, a esperar el Gran Evento… y no tanto a programar nuestro futuro, sino estar disponibles para acoger y comprometernos con el “porvenir”: “’Convertíos, el Reino de Dios está cerca!”. 

El futuro va desde nosotros hacia delante. Ante lo imprevisto cunde la alarma. El porvenir viene desde adelante hacia nosotros y ante el porvenir es necesario estar alerta, vigilantes, despiertos, con las lámparas encendidas..

No obstante, ni todos somos futurólogos, ni todos profetas. Hay una actitud equilibrada entre ambas posturas. Y consiste en poner en alianza el futuro y el porvenir, el esfuerzo y la gracia, lo previsible y lo imprevisible. No todos tenemos vocación ni de progresistas, ni de profetas-apocalípticos. Pero sí estamos llamados a la sensatez y a servir de puente entre el futuro del que somos responsables y el porvenir del que queremos ser excelentes anfitriones. 

Las Consecuencias – ¡Re-inventar nuestra forma de vida y misión!

La palabra “inventar” no significa “obtener algo de la nada”. 

  • In-venio es un verbo latino que significa “encontrar algo” que hasta ahora no se había descubierto: inventores son quienes descubren algo hasta entonces oculto.
  • Detrás de la pandemia se nos está ofreciendo un cambio de rumbo en la humanidad. Dicen que en este tiempo “nuestro planeta respira”. Dicen que nuestras ciudades se están purificando de tanta contaminación acumulada. Dicen que nos estamos volviendo más austeros, más reconcentrados, y que evitaremos contagios a través de ritos de purificación. Dicen que hemos encontrado formas nuevas de trabajo y de educación escolar o universitaria (tele-trabajo).
  • Si en el pasado hablábamos de “asilos” de ancianos, y últimamente hablábamos de “residencias”, con la experiencia del coronavirus y tanto contagio en ellas, ¿cómo imaginaremos el porvenir?
  • Si hubo un tiempo en que se fumaba hasta en los aviones, si después se ha prohibido fumar en espacios públicos, ¿qué vendrá ahora después para evitar contagios? ¿Entraremos en la nueva etapa de la “purificación”?
  •  Y una sospecha amable: ¿no es verdad, que ante los horrores de esta epidemia, incluso los no-creyentes oficiales han vuelto sobre sí y como el hijo pródigo de la parábola de Jesús, y aunque no lo digan manifiestamente, pero en su interior sí que se han dicho: “Volveré a la casa de mi Padre”? ¿No es verdad que han acudido a Dios quienes antes se olvidaban de él? ¿La religión de las casas, de las iglesias domésticas, y de la intimidad de cada persona, tendrá continuidad? 

Cuando hablamos de re-inventar nuestra forma de vida y misión, estamos diciendo:

  • encontrar una “nueva forma” de nuestra vida y misión que ya se ha hecho presente entre nosotros y que nos seguirá llegando como un inesperado y no-programado “porvenir”.
  • La “nueva forma” que es -para nosotros- una gracia, un regalo… algo que en el fondo estábamos esperando.  

Sólo quiero apuntar varias características de este ad-ventus, a partir de la experiencia de la “interrupción”, que con el coronavirus estamos padeciendo.

¡No hagamos únicamente futurología! 

No hagamos el censo de todo lo que en esta pandemia hemos perdido en personas, en economía o ha quedado inutilizado. ¡No tratemos de mantener intactas todas nuestras programaciones, con un traslado de fecha! Estemos dispuestos a pasar hoja. “Dejad que los muertos entierren a sus muertos”, “quien pone la mano en el arado y vuelve la vista atrás…” 

¡Abrámonos vigilantes al porvenir! 

Quizás estemos ya entrando, de verdad, en la fase de los “odres nuevos”, de una “nueva minoridad” desde la que nacer de nuevo. Lo que hasta ahora nos parecía imposible, hemos visto en este tiempo de confinamiento que era posible. Hemos descubierto otra forma de interrelación – a más de dos metros- y no de menos intensidad en el amor. Hemos descubierto otra forma de intercesión y oración. Hay comunidades familiares, religiosas, humanas, que han reinventado su liturgia,  sin la presencia de presbíteros. Se ha descubierto también “el riesgo” de la misión. Hay muchas ansias de “servicio” y “cercanía” que el confinamiento ha detenido, pero no eliminado. Por eso, solo hay que esperar el momento para ir ¡al ataque!

Démonos cuenta de la ineficacia de normas obsoletas, de instituciones que ya nos exceden según las exigencias de la nueva sociedad.

Mi corazón no es ambicioso, ni deseo cosas que exceden mi capacidad”. Por eso, la configuración de nuestras naciones, estados, ha quedado desconfigurada por este virus “no confinado”: ¿ no deberíamos reconfigurarnos a partir de la misma madre naturaleza que nos configura por bio-regiones? ¿No serían estas bio-regiones unas para las otras un regalo en lugar de un enemigo? Y aquí se nos plantea el peligro de las grandes concentraciones urbanas y la necesidad de políticas de re-población en las zonas despobladas… dándole a la vida humana contextos más ecológicos y sanos.

Compartamos recursos

 Este es el momento del compartir a niveles insospechados. Una nueva forma de “comunión de bienes espirituales, intelectuales, artísticos…” en la sociedad del inter-net de las cosas. ¡Podemos crecer todos juntos y formar otras comunidades posibles… apasionantes! Y algo de esto hemos podido ya experimentar en nuestras casas… durante esta experiencia del coronavirus.

  • Jeremy Rifkin nos anuncia -desde hace algunos años- que estamos entrado en la tercera revolución: la revolución del inter-net de las cosas. Es algo así, como una puesta en común “a coste cero” de muchísimos recursos que antes solo estaban disponibles para grupos aristocráticos, de gente adinerada y privilegiada.
  • En estos días de aislamiento, paradójicamente internet nos ha mantenido en comunicación con el mundo hasta límites insospechados. Entrar en la red -¡y con tiempo a disposición!- nos ha permitido encontrar un mundo espectacular de recursos: compartir experiencias, informaciones, imágenes, reflexiones, participar en manifestaciones masivas tanto en clave humanitaria, como política o religiosa, continuar nuestros cursos académicos, recibir información médica, o psicológica.
  • La red nos ha aportado videos, periódicos, acceso a televisiones del mundo, información puntual sobre lo que está ocurriendo y formas de interpretar y de actuar…
  • (Es verdad, que también está ahí el “otro virus”: el de la red oscura, que la sociedad ha tratado de no facilitar el acceso, poniendo límites policiales y judiciales.)
  • Y ¡todo esto, compartido! ¡A coste cero! Tras esta experiencia, se prevé una lucha entre el capitalismo que no se resigna a “no cobrar”, a no obtener beneficios.
  • ¡Paradójicamente surge un nuevo modelo que reactualiza la utopía de los Hechos de los Apóstoles: “¡Y lo tenían todo en común!”.

Conclusión

La Creación es un gran organismo viviente donde tiene cabida el azar, lo imprevisible, lo autopoiético, lo mágico, el milagro… y también lo trágico, lo que se derrumba, lo que muere matando… Pero nuestro Dios está enamorado de su creación (teóloga canadiense Sallie McFague) y no la abandona, ni la deja a su suerte. Su Espíritu de Amor la envuelve, la cuida, le concede nuevas opciones para que el proyecto del Abbá, el Reino que Jesús proclamó y simbolizó en su corta vida, llegue a su plenitud (pleroma).

Para reflexionar:
Ante el coronavirus: futuro y porvenir
Meditación – José Cristo Rey GP

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