¡REVELACIONES DE LA ÚLTIMA CENA!

Estamos ya en la quinta semana de Pascua. La liturgia de la Iglesia nos introduce en una de las más misteriosas enseñanzas de Jesús: que Él y el Abbá son uno y que el Abbá del cielo mora en Él y Él en el Abbá; y, en segundo lugar, que Él y el Abbá nos aman y quieren establecer su morada en nosotros. Ya no habría que decir “Padre nuestro que estás en los cielos…”, sino Padre nuestro, Jesús resucitado que venís a morar en mi”. ¡Ese es el sentido de la comunión eucarística: cuando acogemos en el corazón la Palabra y recibimos el Cuerpo y la Sangre de Jesús. ¡Esto parece increíble! Es el mensaje de Jesús en el evangelio de hoy, 11 de mayo de 2020.

Las tres revelaciones

En la medida en que uno más se adentra en el discurso de despedida de Jesús -según el cuarto Evangelio- más asombro le embarga. Jesús ofrece su última enseñanza, pero no a todo el pueblo, sino a sus seguidores más cercanos. Es una enseñanza poco inteligible para el gran público. Se necesita el don de la fe no solo para entenderla, sino para experimentarla:

  • Ante todo, Jesús se manifiesta como el Hijo de Dios-Abbá. Lo hemos ido viendo en las lecturas del evangelio de la pasada semana de Pascua: “Yo y el Padre somos uno… El Abbá está en mí y yo en Él.” El cuerpo de Jesús es el templo de Dios, porque Dios habita en Él… por eso el templo de Jerusalén pierde todo su sentido: el velo del templo se rasga, porque la Presencia está en otro lugar: en el Cuerpo de Jesús. Por eso, quien ve a Jesús, está viendo al Abbá.
  • Resulta también sorprendente, la segunda revelación que Jesús hace a sus discípulos: “El que acoge mis palabras y las cumple demuestra que me ama y mi Padre lo amará y yo también lo amaré y me manifestaré a él”. Esto quiere decir que cuando entramos en la Escuela de la Palabra, cuando la escuchamos con suma atención y con el corazón, podemos interpretarlas como “palabras de amor”, dirigidas a nosotros. Podemos sentir que en ese momento Dios Abbá y Jesús nos están amando. ¡Nada extraña, entonces, la confidencia de los discípulos de Emaús de que mientras Jesús les hablaba les ardía el corazón!
  • Y más sorprendente aún, la tercera revelación: “y mi Padre le amará, y mi Padre y yo vendremos a él y haremos morada en él”. En la historia de la espiritualidad se ha denominado esta experiencia “la inhabilitación de la Trinidad en nosotros”. Por eso, también nuestros Cuerpos son templo de Dios, templos de la Trinidad. En la medida en que escuchamos y hacemos realidad en nosotros las palabras de Jesús -que son palabras del Padre- ellos nos aman y habitan en nosotros.
  • Jesús consuela a sus discípulos y les predice su retorno, pero no habla de una segunda venida, sino de la inhabilitación divina, que permitirá al cristiano comprender cómo Él y el Abbá son uno “en nosotros”.

La inimaginable Presencia del Padre y el Hijo

Cuando Jesús -en la cena de despedida- hablaba del Abbá nunca se refería a Él como al que está lejos, allá en esa zona inaccesible que llamamos “cielo”.

  • Jesús les repetía una y otra vez a sus discípulos: “el Abbá está en mí y yo en Él”. “Quien me ve a mi, ve al Padre” Invitaba a contemplarlo en su rostro, en sus palabras, en sus acciones. El Abbá se transparentaba en Él. El Creador del universo, el Dios eterno al que Israel se había dirigido de tantas maneras en los Salmos, el Dios de Abraham de Isaac, de Jacob, se mostraba en Jesús: “El Abbá y yo somos uno”. “Nadie va al Padre, sino por mi… yo soy el camino hacia Él”.
  • A quien conecta con Jesús -su Palabra, su Cuerpo y Sangre- el mismo Jesús le promete: “mi Padre lo amará y mi Padre y yo haremos morada en él”. El cielo aquí en la tierra. Este es el gran secreto de la vida cristiana: si Jesús y el Abbá son uno, también a nosotros se nos promete esa misma unidad: ser morada del Abbá y de Jesús, aquí en la tierra.
  • La oración del Padrenuestro puede -a partir de esta revelación- continuar así: “Abbá nuestro, que estás en mí, nosotros, en la tierra. Ha llegado tu Reino. Cumple tu voluntad” Esta conciencia de la Presencia de Dios fue interpretada por nuestra tradición espiritual como “inhabilitación de la Santísima Trinidad”
  • ¡Parece que el cielo se ha trasladado a la tierra! La presencia de las tres personas divinas puede ser percibida sólo a través de un conocimiento afectivo, un conocimiento enraizado en el amor.

La predicción de la presencia del Espíritu

Angelus . Jean F. Millet (1859)

Después Jesús predice la venida del Espíritu. Y presenta al Espíritu como maestro que esclarecerá todas las dudas y recordará todo lo que Jesús ha dicho, cuando Jesús haya desparecido de la tierra. Él Abbá nos enviará al Espíritu en su nombre. Y también nosotros seremos “santuario del Espíritu”.

El Espíritu nos preserva del error y nos mantiene siempre cerca de la mentalidad de Jesús. Con esta promesa final, Jesús concede a sus discípulos su slalom su paz. Eso sucederá cuando Jesús resucitado les diga también en el Cenáculo a sus discípulos: “Paz a vosotros, recibid el Espíritu Santo”.

La amnesia teológica

La teología de los teólogos y teólogas es a veces un poco obsesiva. Se obsesiona en cada época con ciertos temas y se vuelve unilateral y pierde la perspectiva.

  • La idea de que la “ley de orar es la ley de la fe” (“lex oranndi, lex credendi”) es muy sabia. La Liturgia, como gran ecosistema espiritual, nos hace recordar aquello que olvidamos y nos introduce en la pasión por el todo. ¡No solo los evangelios sinópticos, sino también el cuarto evangelio, por donde nos está guiando en este tiempo pascual!
  • ¿Se habla hoy de la inhabilitación de la Trinidad en nosotros? ¿Cómo se explica? ¿Qué consecuencias trae para nuestra vida y misión? El misterio no consiste en que en nosotros está Dios, sino que nosotros estamos en Dios: en “Él nos movemos, somos y existimos…” Esta conciencia, cuando se vuelve experiencia, nos hará vivir y sentir y pensar “de otra manera”. Y que la presencia de Dios no nos priva de recorrer -en seguimiento de Jesús- lo que fue su experiencia como “hijo del hombre” que había de parecer mucho, ser condenado y morir… ¡pero siempre tuvo la convicción de que el Abbá estaba con Él. ¡La inhabilitación dentro del dolor del mundo!

Plegaria

Haznos comprender, Santa Trinidad, cuál es la vocación de nuestro cuerpo y espíritu: ¡ser vuestro santuario, vuestra morada! Haz que seamos siempre conscientes de ello en nosotros y en los demás, que nos sintamos inmersos en el Océano inmenso de tu Presencia, y en medio de las turbulencias de la vida escuchemos a Jesús que nos invita a no dudar y ser valientes; que descubramos esa morada más interior en la cual Vosotros habitáis. Desde ahí será posible que nos lancemos, generosos e ilusionados, a la misión evangelizadora y transformadora.

Para contemplar:
DIOS A LA UNA – Esta noche cenaremos juntos
(Daniel Altamirano)

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