La sed y el deseo

arbolSan Columbano no es muy conocido entre nosotros. Pero fue un gran hombre, un auténtico profeta en su tiempo, con relevancia eclesial y política. Hoy traigo aquí un texto suyo que me resulta encantador por su sencillez, capacidad de persuasión y  perspicacia espiritual. Está extraído de “Las Instrucciones” escritas por él.

Columbano nació en Leinster (Irlanda) hacia el año 559. Dicen sus biógrafos que “era un joven guapo y sentía una gran debilidad hacia las mujeres”, y que “estaba dividido entre el mundo y el deseo de entregarse a Dios”. Una religiosa mayor fue su maestra espiritual en este momento y le encaminó hacia el encuentro consigo mismo y con la Palabra de Dios. Obedeció su consejo y se recluyó en una isla (Lough Erne). Allí se inició su nueva vida. Con 12 monjes inició su aventura espiritual. Evangelizó Inglaterra y armonizó su vida monástica con la misión y el alejamiento como ermitaño.

Escuchad, amados hermanos, mis palabras; escuchadlas bien, como si se tratara de algo que os es muy necesario;

  • saciad vuestra sed con el agua de la fuente divina de la que os voy a hablar;
  • desead este agua y no dejéis que vuestra sed se extinga;
  • bebed y no os creáis nunca saciados;
  • nos está llamando el que es fuente viva, el que es la fuente misma de la vida nos dice: El que tenga sed que venga a mí, y que beba.

Entended bien de qué bebida se trata: escuchad lo que, por medio de Jeremías, os dice aquel que es la misma fuente: Me han abandonado a mí, la fuente de aguas vivas —oráculo del Señor—. El mismo Señor, nuestro Dios Jesucristo, es la fuente de la vida, por ello nos invita a sí como a una fuente para que bebamos de él.

  • Bebe de él quien lo ama,
  • bebe de él quien se alimenta con su palabra,
  • quien lo ama debidamente,
  • quien sinceramente lo desea,
  • bebe de él quien se inflama en el amor de la sabiduría.

Considerad de dónde brota esta fuente: brota de aquel mismo lugar de donde descendió nuestro pan; porque uno mismo es nuestro pan y nuestra fuente, el Hijo único, nuestro Dios, Cristo el Señor, de quien debemos estar siempre hambrientos.

  • Aunque nos alimentemos de él por el amor, aunque lo devoremos por el deseo, continuemos hambrientos deseándolo.
  • Bebamos de él como si se tratara de una fuente,
  • bebámoslo con un amor que nos parezca siempre susceptible de aumento,
  • bebámoslo con toda la fuerza de nuestros deseos
  • y deleitémonos con la suavidad de su dulzura. Pues el Señor es suave y es dulce;
  • aunque lo hayamos comido y lo hayamos bebido, no dejemos de estar hambrientos y sedientos de él, pues este manjar jamás es totalmente comido, ni esta bebida jamás es agotada; aunque se le coma, jamás se consume; aunque se le beba, jamás se le agota, porque nuestro manjar es eterno y nuestra fuente perenne y siempre deliciosa

Por eso dice el profeta: Los que estáis sedientos, venid a la fuente, pues esta fuente es la fuente de los  sedientos, no la de los que se sienten saturados; por ello, a aquellos que tienen hambre —que son aquellos mismos a quienes en otro lugar proclaman dichosos— los llama a sí y convoca a aquellos que nunca han quedado saciados de beber, sino que cuanto más beben, más sedientos se sienten.

Por eso, hermanos, hemos de desear siempre, hemos de buscar y amar siempre a aquel que es la Palabra de Dios, -fuente de sabiduría, que tiene su asiento en las alturas, en quien, como dice el Apóstol, están escondídos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia y que no cesa de llamar a los que están sedientos de esta bebida.

  • Si estás sediento, bebe de esta fuente de vida;
  • si tienes hambre, come de este pan de vida.

Dichosos los que tienen hambre de este pan y sed de esta fuente; estos hambrientos y sedientos, por mucho que coman y beban, siempre buscan saciar aún más plenamente su hambre y su sed. Sin duda debe ser muy dulce aquel manjar y aquella bebida que por mucho que se coma y que se beba continúa aún deseándose y cuyo gusto no cesa de excitar el hambre y la sed. Por ello dice el profeta rey: Gustad y ved qué dulce, qué bueno es el Señor.

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