¡CORRECCIÓN FRATERNA! ¡EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO! (Domingo XXIII, Ciclo A)

No se trata de la petición del “Padrenuestro” “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo!”. Sino de “señales de alerta” ante situaciones peligrosas, graves: señales de alerta que se hacen en la tierra y el cielo ratifica. En la situación de pandemia, que estamos padeciendo, entenderemos perfectamente el mensaje de las lecturas de este domingo 23, 6 de septiembre de 2020: las señales de alerta que las autoridades civiles nos lanzan, nos indican cómo evitar el peligro y si hemos caído en él, cómo no ser un peligro para los demás y cómo entrar en un proceso de sanación (¡confinamiento!, ¡cuarentena! ¡hospitalización!). Pues lo mismo, ha de suceder en la comunidad cristiana, cuando alguien es contaminado por la idolatría.

Vigías y Alarmas: que la Alianza no se debilite

Así dice el Señor: «A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: “¡Malvado, eres reo de muerte!”, y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.»

Lectura de la profecía de Ezequiel (33,7-9):

Le dice Dios al profeta Ezequiel que lo ha puesto como atalaya, como vigilante en Israel.. Su encargo consiste en dar la alarma, cuando sea necesario.

  1. Vigilancia y Alarma son dos palabras básicas para indicar que Dios no es indiferente ante el mal, ante la corrupción o la injusticia.
  2. Dios quiere que su profeta vigile y dé la alarma, cuando el mal comience a expandirse en su pueblo.

Solemos pensar que el mal es pecado y que el pecado es la infracción de una ley, de unas normas. Sin embargo, en la perspectiva de los profetas, el mal y el pecado son, ante todo, “infidelidad” a una Alianza de amor, que Dios ha establecido para siempre con su Pueblo, a quien considera “su esposa”.  El pecado es infidelidad a un pacto en el que se ha invertido mucho amor.

Dios quiere que sus profetas vigilen al Pueblo-Esposa, y den la señal de alarma cuando el Pueblo amado y que pertenece a Dios, inicie un proceso de infidelidad y se oriente hacia la idolatría. Dios desea que sus profetas den la señal de alarma de forma bien visible: subidos en la atalaya.

El salmo 94 -que se proclama tras la lectura del profeta Ezequiel- abunda en la misma idea: “¡Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor. ¡No endurezcáis vuestro corazón!”. Todo proceso de infidelidad siempre comienza por el endurecimiento del corazón. Cuando, sin embargo, se escucha la Voz de quien nos ama, el corazón mantiene toda su ternura.

¡Que Amor no se apague!

A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a tí mismo.» Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (13,8-10)

Lo contrario a la infidelidad al pacto, a la alianza, es el Amor. Pablo lo dice con meridiana claridad en el texto que proclamamos: “¡Amar es cumplir la ley (de la Alianza) entera!”.

El amor es un “carisma”, no el resultado de un esfuerzo o de técnicas ascéticas. Amamos cuando nos ha sido dado amar. El esfuerzo y la práctica son necesarios, -¡eso sí!- para desarrollar el don. Los mandamientos negativos -aquellos que nos prescriben prohibiciones- nos indican por qué caminos no transita el amor: el amor no camina por senderos de infidelidad (sea matrimonial a la propia pareja, o sea infidelidad a la amistad, o sea infidelidad a los compromisos seriamente asumidos). No hay amor allí donde los siete pecados capitales campan a sus anchas. ¡Los pecados capitales son amor deforme, por defecto o por exceso!

Hay que mantener vivo el amor, para que no se apague. Tenemos capacidad creadora para que estalle en nosotros ese fuego  El amor que Dios ha traído al mundo y que ha depositado en su iglesia debe encender a todos. Vivir en Alianza es amar. Sin amor, el cumplimiento de todos los pactos, suena a algo vacío y sin sentido.

La corrección fraterna: “Si tu hermano peca…”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,15-20)

Se ha hablado mucho de la corrección fraterna. Hay personas que -ateniéndose a la interpretación tradicional- pasan la vida corrigiendo siempre a los demás. Y frecuentemente quien más corrige, sabe cómo no ser corregido. De ese modo, se cree con más autoridad para corregir a los demás.

Pero ¿qué significa la palabra de Jesús “si tu hermano peca” (Εὰν δὲ ἁμαρτήσῃ ὁ ἀδελφός σου)? El pecado no es una bagatela. Es algo muy serio. Es una manifestación del “gran pecado” que ha entrado en nuestro mundo y que intenta expandir su imperio por doquier. El gran pecado es la infidelidad a la Alianza de Amor que Dios ha establecido con la humanidad: “Tanto amó Dios al mundo…”

El “si tu hermano peca” no quiere decir “si tu hermano se equivoca, o hace algo incorrecto, o se deja llevar por sus impulsos”… ¡No! “Si tu hermano peca” quiere decir, si entra en un proceso de infidelidad a la Alianza, si comienza a idolatrar a dioses de barro, si se inicia en un camino de apostaría, que lo separa de Jesús, de su comunidad, de su doctrina, de su amor…. entonces, “repréndelo a solas”: esa reprensión tiene mucho que ver con la acción del Espíritu Santo, Consolador (“Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” Apc 3,19). Y lo que el Espíritu reprende es el estado de indiferencia amorosa -ni frío, ni caliente-, que aproxima cada vez más a la idolatría.

Uno puede tener sus defectos, sus limitaciones y deberá soportarlos. Pero, lo que no debe tener lugar en su corazón es el enfriamiento de los lazos de amor y alianza fiel con nuestro Dios. Lo que nos pide el evangelio de hoy no es que nos acerquemos a un confesor, sino que un hermano o hermana de la comunidad cristiana se acerque a nosotros, para “ganarnos” a la causa de la fidelidad apasionada. Si no es suficiente, hay que intentar hacer lo mismo con otros hermanos o hermanas. Si la obstinación es tal, que ni siquiera se deja motivar por la Iglesia, entonces, esa persona desprecia la Alianza con su Dios: “no escucha la voz de Dios… ha endurecido su corazón”.

Nuestra vida se va poco a poco cargando de “promesas”. Todo aquello que nos parece “digno”, “bueno”, “extraordinario” cuenta ordinariamente con nuestras “promesas”. Cuando las promesas son mutuas entonces hablamos de “Alianza”. Nuestro Dios está muy empeñado en mantener con nosotros una “Alianza perenne y siempre más estrecha”. Por eso, nuestro Dios, cuenta también con la colaboración nuestra: para que cuando sea necesario seamos servidores de la Alianza ante nuestros hermanos o hermanas, tentados de infidelidad. ¡Esta es la verdadera corrección fraterna! Nada tiene que ver con ella, la instauración de un sistema “policial” que no deja pasar “ni una”. Es así como conectan cielo y tierra para que la Alianza no se debilite.

Para contemplar
¡CAMINA, PUEBLO DE DIOS!

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