¡CONFIANZA! LA GRAN APUESTA

Rachel Rickert, Trust 2018

¡Qué difícil nos resulta vivir “confiados”! Son tantas las decepciones que la vida (personal, familiar, política, deportiva…) nos depara, que muchas veces se nos hace imposible confiar… Nos animamos, a veces, gritando juntos “¡se puede!”, “¡podemos!”, o “¡resistiré!”. Pero la verdad es que las derrotas son demasiado frecuentes en nuestra vida. Este domingo de agosto 2022 nos invita a “confiar”, pues quien confía entra en la zona del “milagro”.

El “porqué” de las desconfianzas

Desconfiamos porque es imposible conocer “del todo” a las personas con las que nos relacionamos, incluso a las personas que más queremos. Cada persona tiene una zona de misterio, de sombra, que nos es inaccesible. No sabemos lo que hay detrás. Ante ello, caben dos actitudes: ¡confiar o desconfiar!

La confianza o la desconfianza nos llevan a la sospecha: “Sospecho que me dices la verdad” o “sospecho que me estás mintiendo”. Raras veces la confianza o desconfianza son absolutas; la mayoría de las veces son puntuales. 

Todos disponemos de un espacio de intimidad, en el cual damos acceso a algunas personas: las llamamos “amigos íntimos”, “amigas íntimas”. En la novela de Milan Kundera, “La insoportable levedad del ser” decía la protagonista: “Quien ha perdido la intimidad, lo ha perdido todo”. Entrar en la intimidad del otro genera confianza y cada vez mayor. ¡Pero nunca total! Para superar la incertidumbre hay que apostar por la confianza y afirmar que la otra persona es “digna de fe”..

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Madalena Lobo Tello, Tristeza, desconfianza y Fatiga

El pueblo que apostó por la confianza en su Dios (Libro de la Sabiduría, 18, 6-9)

No se podía encontrar el pueblo de Israel en una situación peor: la terrible esclavitud de Egipto. Y cuando más insoportable Moisés y Aarón le piden al pueblo confianza absoluta en Dios, precisamente cuando habían de arriesgar mucho. Aquel pueblo de esclavos respondió con una absoluta y valiente confianza en Dios y en sus enviados. “Aquella noche se les anunció de antemano para que tuvieran ánimo al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Esperaron la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables… “.

Y me pregunto: ¿qué niveles de confianza hay entre nosotros, en nuestro pueblo, en nuestras comunidades eclesiales? La llamada a la “sinodalidad” nos está descubriendo la necesidad de confianza que tenemos. 

La Iglesia que confía en su Arquitecto y Constructor (Heb 11, 1-19)

Jesús nos es presentado en la carta a los Hebreos como el que confía hasta el extremo, hasta lo inimaginable: fiel y es misericordioso, de inmensa e inagotable confianza. “Quien te cree, te crea”: y como “creyó en nosotros”, seres humanos vulnerables y muy limitados, “nos re-creó”.

Jesús fue precedido por una nube de hombres y mujeres que confiaron en las situaciones más difíciles: uno de ellos fue Abraham, que confió cuando cualquier persona habría llevado la desconfianza a su ápice… Y tras Abraham tantos otros a quienes ni siquiera la muerte les borró su indeclinable confianza. Y es que Dios está detrás de todo. Aunque parezca que perdemos en las jugadas, con Él nunca perderemos el partido. Esa es la “magia” de la confianza.

¡Confía, pequeño rebaño! ¡Prepárate! (Lc 12,32-28)

He aquí unas cuantas frases, tomadas del evangelio de este domingo, que nos piden confianz: “no temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino”. La confianza debe ser tal que sus discípulos se despreocupen de aquello que tanto ocupa y preocupa a la gente: “vended vuestros bienes, dad limosna… tenéis un tesoro…”.

Para confiar es necesario “vigilar” para descubrir señales de Dios que nos traen “buenas noticias”, que nos harán ver milagros-.

Y quien confía “pide”, y quien “pide recibe”. ¡Cuántos padrenuestros rezados por puro ritualismo, sin emoción, sin confianza, sin expectativas! Y, sin embargo, el Padrenuestro es la Gran Oración de la Confianza. Es la Oración que espera la Aurora infalible que llega. Quien llega es tan amable, tan bueno, que trae consigo la dicha, el gozo, e incluso “se ceñirá, hará que te sientes a la mesa y te irá sirviendo”. ¡Qué fantástica representación de la llegada de Dios a nuestra vida!

Para meditar

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