EL DÍA DECISIVO ES ¡HOY!

Nadie sabe -con certeza- si sobrevivirá a este día de luz que es “hoy”. Por eso se dice, “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. “No os preocupéis del mañana… le basta a cada día su afán”, nos decía Jesús. “Hoy” es la mejor oportunidad que se me presenta.

“Hoy vengo de lejos”.

“Hoy” puede ser el día en que advierta ¡qué lejos estoy! ¡Cuánto me he alejado! “Hoy” puede ser el día en que constate ¡cuánta frialdad anida en mi corazón, cuánta incredulidad en mi alma, cuánta sed en mi por haberme alejado de la fuente de la Vida.

Lo peor no son nuestras decisiones y acciones: éstas pueden ser espectaculares o insignificantes. Lo peor habita en nuestro corazón cuando éste no tiene un horizonte, ni espacio para amar, ni un Dios en quien reposar. Un corazón incrédulo, aprisionado en sus límites, enredado en sí mismo, es su propia negación. ¡Corazón suicida! Hoy vengo de lejos, de lejos. ¿Hacia dónde encaminarse? ¡Hacia la Casa de la Misericordia!

¡Dios nunca defrauda!

Solemos decir que “quienes confían en Dios, nunca quedan defraudados”. Ése es el poder inmenso de la confianza en Aquel que todo lo puede.

  • Dios nunca abandona a quienes se acuerdan, acuden y se acogen a Él.
  • Dios corresponde de forma superabundante y generosa a la búsqueda de cualquiera de sus hijos o hijas.
  • El más mínimo gesto de amor hacia Él es reconocido por Él y suscita en Dios una reacción de amor benevolente y desbordante. No pasa inadvertido ni “un vaso de agua dado en su nombre”. La fe en Dios nunca defrauda.
  • Cuando Dios actúa, transforma el tiempo. Cuando Él se expresa, el presente se llena de sentido. Lo importante no es el ayer, ni el mañana, sino el “hoy”.

Hoy… ¡fuera el oprobio! Mañana… ¡la bendición!

En la lectura del libro de Josué se presenta aquel día en que la liberación de Egipto llegó a su punto final. ¡El Dios que prometió, cumple!

“Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto”.

Aquel “hoy” quedó transformado por el cumplimiento de la Promesa. El pueblo lo agradeció. Celebró la Pascua. Comenzó la serie –que hasta hoy perdura– de celebraciones regulares de la Pascua. Y después de la Pascua, llegó la bendición, el disfrute de la tierra nueva y santa.

“Hoy” y “el día después” son los adverbios de tiempo que detectan proféticamente dónde actúa Dios.

  • El gran teólogo protestante Rudolf Bultmann se dio cuenta de que el “hoy” es un momento trascendental en el que podemos sentir toda la fuerza de la Promesa de Dios.
  • Sólo hay que darse cuenta de la plenitud que en este momento en el que existo puede manifestarse. Si Dios cumple “hoy” su promesa para mí, para nosotros, este “hoy” es el día en que actúa el Señor, es día santo, es tiempo de salvación.
  • El artista tiene su “hoy” en el día de la inspiración. El que ama tiene su “hoy” en el día en que inicia e intensifica o reconstruye su amor.
  • El creyente tiene su “hoy” en el día en que escucha la voz de Dios y Dios lo bendice.
  • Con un “hoy” así, cambia la vida. El día después es día de bendición.

¿Adónde vamos… desconectados de Jesús? ¡Sólo Él tiene palabras de Vida!

El seguimiento de Jesús no es compatible con “lo viejo”. Seguir es dejar atrás, abandonar. Queda preterido todo aquello que ha envejecido, que es obsoleto, que no tiene semillas de futuro. El seguimiento de Jesús nos introduce en la cultura de lo nuevo, de la creación nueva.

Lo viejo es todo aquello que realizamos los seres humanos cuando estamos desconectados de la fuente de la vida, de la capacidad creadora. ¿Qué ocurre con un árbol alejado del agua? ¿Qué le pasa a una flor que renuncia a la luz? ¿O de un foco que se desconecta de la electricidad? ¡Eso y muchísimo peor somos los seres humanos desconectados de nuestro Dios!

Alguien vino a conectarnos, a ponernos de nuevo ante la presencia de Aquel que nos ama y no lleva cuenta de nuestros delitos. Jesús es el Mediador. Hay, ha habido, conciliación, re-conciliación. Hemos vuelto a la casa de Dios y todo ha comenzado a florecer en nosotros. Alguien nos ha llevado a la presencia del Abbá. Nuestro hermano mayor Jesús ha venido al lugar de nuestra perdición; allí donde habíamos envejecido prematuramente. Nos ha dicho: Sígueme. En el seguimiento hemos encontrado el camino de nuestra restauración.

¡La Misericordia que re-enamora!

La parábola del Hijo Pródigo nos sigue emocionando. Es objeto de representaciones bellísimas por parte de los artistas, de composiciones musicales. Jesús estuvo genial al idear una parábola así.

Cada vez que se lee, en cada nuevo contexto recibe una nueva interpretación. Unos la llaman la parábola del Amor del Padre. Otros la parábola del Hijo Mayor. Otros la parábola del retorno…

Jesús supo expresar perfectamente el itinerario que varias veces, en nuestra vida seguimos. Son momentos de alejamiento… Son tiempos en los que necesitamos probarnos, llegar hasta el fondo… No importa de quién nos alejamos. Dejamos el hogar, la situación segura, para entrar en la inseguridad, en la aventura.

Quizá necesitemos, como seres humanos, probar la desventura que nosotros mismos nos causamos. Quien no tiene esta experiencia –como el hermano mayor– vive en una especie de adolescencia permanente.

Y llega el momento en que necesitamos “volver”. ¡Qué dichosa es la persona que encuentra los brazos abiertos, que se siente abrazada después de la aventura, que puede otra vez re-enamorarse! Sí, lo que re-enamora es la Misericordia. En todo, en todo, está nuestro Dios esperándonos.

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