LA LUZ DEL DISCERNIMIENTO (BALDUINO DE CANTORBERY – +1190)

Balduino de Cantorbery

El Abad y Obispo medieval Balduino de Cantorbery nos dejó en su Tratado 6 unas interesantes reflexiones sobre el discernimiento espiritual, que mantienen una admirable actualidad y están llena de sabiduría en el Espíritu. Dice así:

El Señor conoce, sin duda alguna, todos los pensamientos y sentimientos de nuestro corazón;

  • en cuanto a nosotros, sólo podemos discernirlos en la medida en que el Señor nos lo concede. 
    • En efecto, el espíritu que está dentro del hombre 
    • no conoce todo lo que hay en el hombre, 
  • y en cuanto a sus pensamientos, voluntarios o no,
    • no siempre juzga rectamente. 
    • Y, aunque los tiene ante los ojos de su mente, tiene la vista interior demasiado nublada para poder discernirlos con precisión.

Sucede, en efecto, muchas veces, que 

  • nuestro propio criterio u otra persona o el tentador nos hacen ver como bueno lo que Dios no juzga como tal. 
    • Hay algunas cosas que tienen una falsa apariencia de virtud, o también de vicio, que engañan a los ojos del corazón y vienen a ser como una impostura que embota la agudeza de la mente, hasta hacerle ver lo malo como bueno y viceversa;
    • ello forma parte de nuestra miseria e ignorancia, muy lamentable y muy temible.

Está escrito: Hay caminos que parecen derechos, pero van a parar a la muerte.

Para evitar este peligro, nos advierte san Juan:

  • Examinad si los espíritus vienen de Dios.
    • Pero. ¿quién será capaz de examinar si los espíritus vienen de Dios, si Dios no le da el discernimiento de espíritus, con el que pueda examinar con agudeza y rectitud sus pensamientos, afectos e intenciones?
    • Este discernimiento es la madre de todas las virtudes, y a todos es necesario, ya sea para la dirección espiritual de los demás, ya sea para corregir y ordenar la propia vida.
      • La decisión en el obrar es recta cuando se rige por el beneplácito divino,
      • la intención es buena cuando tiende a Dios sin doblez.
    • De este modo,
      • todo el cuerpo de nuestra vida y de cada una de nuestras acciones será luminoso,
      • Si nuestro ojo está sano. Y el ojo sano es ojo y está sano cuando ve con claridad lo que hay que hacer y cuando, con recta intención, hace con sencillez lo que no hay que hacer con doblez.
      • La recta decisión es incompatible con el error; la buena intención excluye la ficción. En esto consiste el verdadero discernimiento: en la unión de la recta decisión y de la buena intención.

Todo, por consiguiente, debemos hacerlo guiados por la luz del discernimiento, pensando que obramos en Dios y ante su presencia.

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