MI PADRE TRABAJA: JESÚS Y SU ABBÁ… ¿TAMBIÉN JOSÉ?

Preparación:

A partir de ahora, la lectio divina nos irá introduciendo en una progresiva revelación de la identidad de Jesús a partir de su relación con Dios Padre. Dejémonos envolver en el clima que el cuarto evangelio crea: por una parte amenazas de muerte, por otra la revelación de la identidad misteriosa de Jesús.

Lectura:

En aquel tiempo Jesús les dijo: “Mi Padre no cesa de trabajar y yo también trabajo”. Por eso los judíos tenían aún más ganas de matarle, porque no sólo no observaba el mandato sobre el sábado, sino que además se hacía igual a Dios al decir que Dios era su propio Padre. Jesús les dijo: “Os aseguro que el Hijo de Dios no puede hacer nada por su propia cuenta; sólo hace lo que ve hacer al Padre. Todo lo que el Padre hace, lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace; y le mostrará cosas aún más grandes, que os dejarán asombrados. Pues así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, también el Hijo da vida a quienes quiere dársela. Y el Padre no juzga a nadie, sino que ha dado a su Hijo todo el poder de juzgar, para que todos den al Hijo la misma honra que dan al Padre. El que no honra al Hijo tampoco honra al Padre, que lo ha enviado. Os aseguro que quien presta atención a mis palabras y cree en el que me envió, tiene vida eterna; y no será condenado, pues ha pasado de la muerte a la vida. Os aseguro que viene la hora, y es ahora mismo, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan vivirán. Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha hecho que el Hijo tenga vida en sí mismo, y le ha dado autoridad para juzgar, por cuanto que es el Hijo del hombre. No os admiréis de esto, porque va a llegar la hora en que todos los muertos oirán su voz y saldrán de las tumbas. Los que hicieron el bien resucitarán para tener vida, pero los que hicieron el mal resucitarán para ser condenados. Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta. Juzgo según el Padre me ordena, y mi juicio es justo, porque no trato de hacer mi voluntad sino la voluntad del Padre, que me ha enviado” (Jn 5,17-30).

El Evangelio proclamado nos presenta a Jesús desde la perspectiva de la acción, del trabajo .

  • El punto de partida es que “el Abbá no para de trabajar y Jesús también trabaja”. Ambos trabajan en perfecta sintonía: Jesús no hace nada por su cuenta.
  • Si el Padre tiene el poder para resucitar a los muertos, también al Hijo le ha dado el poder de dar la vida.
  • El Padre le ha dado al Hijo el poder de juzgar en exclusiva -el Padre no juzga-.
  • El Hijo pronuncia palabras de resurrección y quienes escuchan su voz, reviven.
  • El Hijo no es autónomo: es enviado por el Padre y realiza la misión que el Padre le confía.
  • Todo lo que el Hijo realiza tiene que ver con la vida: su misión es dar vida y resucitar la vida.
  • Quizá sea éste un camino secreto para llegar hasta el padre de Jesús, José, que bajó con ellos a Nazaret y allí les estaba sujeto.

Meditación:

Esta es la clave de la misión en la Iglesia: colaborar en la misión que el mismo Dios realiza, como hizo Jesús.

Para ello es necesario vivir en estrecha comunión con el Padre y con Jesús para que la misión no pierda su orientación divina, su protagonismo divino.

No es la Iglesia la que hace la misión. Es la misión la que hace a la Iglesia.

Oración:

Jesús, nos resulta impresionante la imagen del Abbá que nos transmites: el que trabaja sin cesar; tú te dejaste cautivar por su dinamismo infinito y por eso eres imagen del Abbá dando vida, pronunciando palabras que resucitan, haciendo que los muertos escuchen tu voz y revivan. Haz que sintamos en nuestro interior tu presencia que todo lo dinamiza y vivifica. 

Contemplación:

  • Pasar de la muerte a la vida es la gran oferta que Jesús nos hace, si creemos en Él.
  • Creer en el Enviado por el Abbá es entrar en el camino de la vida, superar todas las muertes que nos amenazan.
  • Y la vida que nos ofrece la fe no es perecedera, no tiene fecha de caducidad. Es una vida que tiene calidad divina. Nos introduce en una maravillosa red de relaciones.

Acción:

Tomo conciencia de estar trabajando junto a Dios y colaborando con Él.

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