Ser bautizado es ser un “iluminado”. No somos la luz, pero damos testimonio de la Luz. Buda hizo de su vida un camino hacia la iluminación. Nosotros, los cristianos, fuimos iluminados ya al comienzo del Camino: en el bautismo, aunque parezca increíble.
Este es un artículo que he deseado publicar. Mi aprecio por la música siempre me acompaña. Cuando hube de optar entre la música y la teología, mi decisión fue la teología. Este artículo responde a esas dos inquietudes vitales.
Hay preguntas que incomodan. Una de ellas es esta: ¿puede la música hacernos daño? ¿Puede ser utilizada en contra de la persona, incluso dentro del espacio sagrado de la oración y el culto?
La pregunta nos sorprende porque hemos aprendido a ver la música como algo casi sagrado en sí mismo, un territorio moralmente neutro, intocable. Pero la música no es inocente. Por eso merece una reflexión honesta y valiente, desde la fe, desde la experiencia humana y desde la responsabilidad pastoral.
Un canto a tantos Fundadores y Fundadoras de Institutos Religiosos. Ellas y ellos y sus Institutos y Familias carismáticas han sido una extensión humana de Jesús a lo largo de la historia. Voces del Espíritu Santo haciendo realidad la compasión incomparable de Jesús por los seres humanos.
¿Cuál es la clave secreta para encontrar nuestros mejores recursos? Quienes tienen esa clave llegarán a saber lo que Dios quiere de ellos. Pero ¡cuántos viven sin ella! La clave es una voz que no viene de fuera. Es una voz que suena en lo más profundo de nuestro ser.
El 21 de febrero de 2026 nos dejaba, a los 93 años, Maximino Cerezo Barredo —“Mino” para quienes le quisimos de cerca—, sacerdote claretiano, misionero y artista. Había nacido en Villaviciosa, Asturias, el 4 de agosto de 1932, e ingresado en la Congregación de los Misioneros Claretianos en 1950. Fallecía en la Residencia Claretiana de Colmenar Viejo, en Madrid, después de una larga vida entregada —con pincel y con palabra, con fe y con compromiso— a los más pobres de la tierra.
Al principio, Dios nos dio su propio aliento. Neshamá, lo llama el Génesis. Vida íntima, compartida, respirada directamente de su boca a la nuestra. Pero nos dio hambre. Hambre de ser dioses. Y cambiamos el aliento por el fruto prohibido. Dejamos de respirar con Él… para morder por nuestra cuenta.
Cuarenta días para la experiencia intensa, para reaprender nuestra fe, para re-nacer en la Pascua. El Espíritu en su pedagogía nos irá llevando, paso a paso, hacia el Baptisterio de la Celebración Pascual, donde con Jesús resucitaremos para una vida nueva. He aquí los pasos del Magisterio del Espíritu a través de su Iglesia:
1) Primer domingo. ¡El aliento y el hambre!
2) Segundo domingo. La vocación de los inquietos.
3) Tercer domingo. ¡Golpea la Roca!
4) Cuarto domingo. Cuando la ceguera está expandida.
5) Quinto domingo. El Espíritu sanará y resucitará nuestra carne”
Iremos redescubriendo y rediseñando nuestra identidad como seguidores de Jesús. Nos sentiremos habilitados para seguirlo por el camino, sin temor, hasta entrar en la peligrosa Jerusalén de aquí abajo, aclamándolo como Aquel que viene en nombre del Señor.
Dejémonos sorprender. Cuarenta días para la experiencia intensa, para reaprender nuestra fe, para re-nacer en la Pascua…”
“Iremos redescubriendo y rediseñando nuestra identidad como seguidores de Jesús, dejándonos sorprender por la pedagogía del Espíritu. Nos sentiremos habilitados para seguirlo por el camino…”