En no pocas comunidades religiosas se advierte inmediatamente que tienen “alma”. Hay en ellas una voz interior que las convoca y moviliza, un espíritu que las impulsa a realizar los sueños de Dios. Estas comunidades no se definen por la ubicación en que se encuentran (calle, número, ciudad o pueblo), sino por la pasión que las habita: “Casa de todos”, “Tierra de encuentro”, “Nazaret contemplativo”, “Hospital de campaña”, “Familia de los sin-familia”, “escuela de oración”, “rampa de evangelizadores”…
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