Concluye el tiempo de la Navidad con el domingo dedicado al Bautismo del Señor. Es el día en que Jesús nace “del agua y del Espíritu”. Preparémonos a escuchar la invitación de Jesús a Nicodemo: “tienes que nacer de nuevo”.
¿Qué hay detrás de una bellísima interpretación? Encuentro, comunión, aprendizaje individual y conjuntado, liderazgo sutil, exposición de la belleza que serena, inspira, enardece, inspiración… Algo está naciendo… ¿No lo veis? La armonía musical salva la comunidad. Y la música siempre trans-mite… es MISIÓN.
EPIFANÍA es la celebración de la Gran Manifestación de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, a representantes de las Naciones. La luz que brilló en Belén se expande y comienza a brillar en los rincones oscuros de la humanidad.
Entramos hoy en el misterio de la Navidad a través del testimonio de dos laicos que se dejaron llevar por el Espíritu. Pedimos al Espíritu que descienda sobre nosotros. ¡Abrámonos a su presencia! Entremos también nosotros en el templo. Tratemos de intuir cómo nuestro Dios se nos revela. Detengámonos ante los símbolos que expresa su visita. Mostremos de alguna manera nuestra acogida y bendición.
No fui original al componer la letra de este villancico con el que hoy te felicito.
Fue el gran “poeta del amor” -generación del 27-, Pedro Salinas, quien inició uno de sus magníficos poemas así: “Pensar en ti esta noche”. El poeta pensaba “en su amor”, pero no en solitario, sino acompañado extensamente por el ancho mundo (campo, estrellas, mar, hierbas-perfumes, piedras, luceros, agua muda, todo lo inanimado), en una sinodalidad perfecta, cósmica.
En aquel ya lejano 24 de diciembre, inspirado, re-inventé el poema, manteniendo sólo el inicio “Pensar en tí esta noche”: lo traduje en canto y lo interpreté. Me imaginaba junto a María tras obtener la primera sonrisa de su Pequeño Jesús; junto a José, el testigo fiel, el reflejo humano del Abbá divino. Los dos en concordia… acompañados extensamente por el ancho mundo…. “todo acudía dócil a su llamada”. Allí me sentí presente: partícipe de una sinodalidad cósmica.
Escuchemos, acojamos de misteriosos y mágicos ángeles la llamada… y entremos en sinodalidad navideña en el portal de Belén. ¡Feliz NAVIDAD 2021!
José, esposo de María, para ti es mi crisma, mi felicitación. Sé que eres la persona ideal para que felicites a María y al pequeño Jesús en mi nombre, en esta fiesta de vuestra Sagrada Familia. Tú fuiste quien mejor nos podía representar a todos los habitantes de este planeta azul en aquel momento mágico en que nuestro Abbá decidió hacer surgir la semilla de su Hijo en el seno de María -tu esposa-. En aquel momento tú, superando tus miedos, la acogiste en tu casa. Tú cuidaste de María durante aquellos nueve meses tan largos y tan misteriosos de gestación. Tú fuiste su guardaespaldas. Con nadie como contigo, ella se hubiera sentido tan protegida, tan apoyada, tan amada.
Comienza el tiempo de la Navidad. Es el tiempo del origen, de la regeneración. Hacer memoria de todas estas formas de nacer -a la luz de la Palabra- es el objetivo de este tiempo litúrgico que hoy iniciamos.
María, testigo de la Esperanza, por el Señor tú te levantas en el seno del pueblo de la Alianza, y me das señales para avanzar siempre más lejos… más lejos
Madre de Cristo, madre nuestra tú bendices a Dios, Primavera de la Vida. En tí el Espíritu hace maravillas con amor Él te guía.
María, testigo de la Esperanza, por el Señor tú te levantas en el seno del pueblo de la Alianza, y me das señales para avanzar siempre más lejos… más lejos
En la mañana del día de Pascua tu corazón exulta y grita de alegría. Cristo está allá, en la ribera. Él VIVE y ¡tú lo crees!
Como un gran viento sobre los discípulos el Espíritu de Dios sopla, Tú eres el corazón de esta Iglesia donde cada uno se despierta.
Para tus hijos del año 200o tienes palabras de verdad. Jesús os indica qué camino seguir Escuchadlo y re-viviréis
María, testigo de la Esperanza, por el Señor tú te levantas en el seno del pueblo de la Alianza, y me das señales para avanzar siempre más lejos… más lejos
Alguien siempre nos lleva la delantera, porque encuentra… allí donde el Espíritu le lleva. La audacia hace milagros. El “siempre se ha hecho así” nos cierra muchas puertas. ¿Estarán dispuestos nuestros Capítulos Generales y provinciales a darle también a la vida consagrada “otro rostro”? En este testimonio se descubre cómo la Audacia de una pastoral vocacional movida por el Espíritu se convierte en Navidad.