¡INSISTAMOS! … AUNQUE LA PUERTA ESTÉ CERRADA (Lectio Divina)

En este día, jueves de la primera semana de Cuaresma -25 de febrero de 2021-, la Palabra de Dios nos invita a tomar conciencia de la Alianza que Dios ha establecido con nosotros. En esta Alianza nuestra respuesta y conducta está sometida a los vaivenes de nuestra libertad y querer; pero ella encuentra siempre una respuesta fiel e infalible por parte de nuestro Dios. ¡Ese es el mensaje que Jesús nos transmite hoy!

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LA MISTERIOSA SEÑAL DEL PROFETA JONÁS: MISIÓN EN LA CIUDAD (Lectio Divina)

Para convertirnos nos hacen faltan señales. Para entender a Jesús necesitamos signos. Jesús nos invita hoy -20 de febrero de 2021- a descubrirlo en una señal única: la misteriosa señal del profeta Jonás. “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección, ¡ven!”

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¡PACTOS! ¿con fecha de caducidad? “EN MODO DIVINO”

Una de las cláusulas de los contratos, de los pactos, de las alianzas, suele ser su fecha de caducidad, su limitación en el tiempo. Los compromisos suelen ser temporales. ¡Y así queda pactado! No se contrata a un trabajador “para siempre”, pase lo que pase. No se elige a un diputado o a un partido político, o a un jugador, o a un entrenador  “para siempre”, pase lo que pase. Tampoco las instituciones se comprometen con sus individuos “para siempre”, pase lo que pase: si los tienen que expulsar, si tienen que rescindir el contrato, ¡lo hacen! Naciones que durante un tiempo han establecido pactos de amistad, de mutua ayuda, en otro tiempo los rescinden y se vuelven enemigas. Pero Dios, no es así. Ante este contraste nos pone la liturgia de este primer domingo de Cuaresma, 21 febrero 2021.

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CUARESMA 2021: HUIDA HACIA UN NUEVO COMIENZO

Nuestra vida cristiana se degrada cuando está anestesiada, cuando “pasa de todo”, cuando renuncia a la profecía. ¡Ojalá todo el pueblo profetizase! exclamó Moisés en el desierto. Y aquí nos surge una gran pregunta: ¿queremos vivir proféticamen­te esta Cuaresma 2021? ¿Estamos dispuestos a ello? La imposición de la ceniza es el momento del compromiso inicial: ¡esta Cuaresma puede ser especial! ¡Conviértete y cree en el Evangelio!

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EPIDEMIAS DEL ESPÍRITU

Es sorprendente la oportunidad de las lecturas de la Palabra de Dios, elegidas para este domingo sexto del año litúrgico -a un paso de un nuevo tiempo de Cuaresma-. La experiencia de este largo tiempo de Pandemia COVID-19 y confinamiento nos hará captar mucho mejor el Mensaje que la Palabra de Dios nos ofrece hoy: nos habla de cómo trataban la lepra en el Antiguo Testamento y cómo la trata Jesús en el Nuevo Testamento.

¡Aislar para proteger!

El libro del Levítico presenta una ley que tenía como objetivo “velar por la salud pública”. La lepra era contagiosa. Se hacía necesario parar el contagio y refrendarlo con un mandato religioso y social. El sacerdote debía “excluir de la comunidad” a quien por esa enfermedad se había convertido en un “peligro para los demás”.

Esto es, en principio, lo que han hecho y siguen haciendo nuestras sociedades ante la pandemia del Covid-19 que nos aqueja desde hace un año: aislar y así proteger. Lo que ocurre es que solo nos alarman y detectan las epidemias que atentan contra la salud física de los ciudadanos, pero no las epidemias del espíritu. Y de éstas es necesario hablar también.

¿Dónde se generan las epidemias del espíritu?

Si no resulta fácil detectar la causa y el origen de la pandemia que padecemos -¡únicamente el foco donde se ha producido el primer caso!-, no menos fácil es conocer el origen de las infecciones a las que está expuesto el espíritu humano. Su fenomenología es muy compleja.

  • Emergen en nosotros y producen un contagio interior.
  • Las células del mal espiritual se multiplican; reivindican un espacio en la persona, crean una especie de “ecología de malas hierbas”, como si de un cáncer del espíritu se tratara.
  • Estos males del espíritu son al principio casi imperceptibles.
  • Después piden repetición y repetición y repetición. Actos repetitivos que no llevan a ninguna parte y que producen desolación, dependencia, enganche, generan en nosotros estados de vértigo, de huida hacia lo mismo y lo peor.
  • Y esto nos sucede cuando ante una circunstancia o una persona o un grupo de personas, siempre reaccionamos con ira, o con odio, o con envidia o actitudes de venganza, o crítica amarga. 
  • Y esto nos sucede con el sexo a solas o con otros, que se torna habitual y creciente sin vuelta atrás. Y esto nos sucede cuando quedamos enganchados al juego, al tabaco, al licor, a la droga. Y esto nos sucede cuando entramos en la erótica del poder, en el deseo de fama y de aparecer.
  • Los malos gérmenes se reproducen silenciosamente en nosotros. Quedamos enganchados. Perdemos la libertad interior. No importa que ante los demás aparezcamos como personas respetables. Intentamos ocultar ese territorio perverso que nos habita. ¿No es ésta la auténtica versión de la lepra, de la actual pandemia, pero aplicada al espíritu?

El contagio

El contagio interior se vuelve contagio exterior. Las personas influyentes, aquellas personas que nos im-portan, también nos contaminan. Se trata a veces de algo muy sutil, casi imperceptible. La contaminación va acompañada de una sensación de placer, de gusto o regusto, pero -una vez instalada- comienza a crear inquietud. Y quien está en la cárcel, ya no sabe por dónde escapar y ni siquiera se ve con fuerzas para ello.

Existen -también en el ámbito del espíritu- esas personas que denominamos ahora “supercontagiadores”. Los hay en todo tipo de sociedad y su influencias es mucho mayor de lo que suponemos,. En las sociedades -políticas y religiosas-, en las comunidades familiares, en los grupos políticos y deportivos, las epidemias se suceden y van pervirtiendo el ambiente. El mal se camufla de bien. Y quien opone resistencia a la contaminación, parece un extraterrestre, un reprimido. La propagación del virus atenta de manera especial contra las figuras proféticas. Un profeta contaminado es el mejor propagandista de la infección: es supercontagiador

La descontaminación: protección y vacuna

Hay en la Iglesia -como actualmente en las sociedades-, rastreadores de virus, detectores de lepras, como los sacerdotes de la vieja Jerusalén. Son aquellos personajes que no curan, sino que sólo denuncian y excluyen y descartan. Diagnósticos de mal hacen muchos y además condenan, pero no ofrecen posibilidades de sanación. Solo aconsejan mascarillas, alejamiento, confinamiento… pero ¡no hay vacuna, no hay modo de salir del círculo vicioso del virus espiritual! Hay quienes solo ofrecen una salida: ¡confiésate una y otra vez! Y así… toda una etapa de la vida sin resultados satisfactorios. El virus sigue inoculado.

Cuando el contaminado se acerca a Jesús no recibe un diagnóstico, sino una mano que lo toca movida por un corazón lleno de misericordia. Jesús no le da importancia al mal. Es como ese experto en informática que ante el nerviosismo del inexperto, que piensa que ha perdido todo su trabajo, le dice: ¡calma! ¡está todo bajo control! y, poco después devuelve todo el trabajo que parecía perdido. Es impresionante escuchar estas palabras de Jesús: “¡Quiero! ¡Queda limpio! ¡Vaya antivirus!

Si el Señor es mi luz y mi salvación, ¿quién me hará temblar?

Si el Señor es mi médico, ¿quién me hará temblar? Jesús nos pide que vayamos al sacerdote, al templo, no para que certifique nuestro mal, sino para que declare que hemos sido liberados. Sí, ¡para que declare que el Espíritu de Jesús vence a todos los malos espíritus!

Necesitamos al Jesús descontaminador y a su Espíritu ¡más que nunca! Los siete pecados capitales nos tienen como rehenes, nos tienen bloqueados. Los sacramentos tienen fuerza terapéutica. Son acciones de Jesús, contacto con Jesús, expresiones interpersonales de su amor. La Unción del Enfermo, la Absolución del que se siente atado por el pecado, demuestran la fuerza del Espíritu de Jesús. Quien desea de verdad un milagro, es porque ya le ha sido concedido, aunque todavía tenga que esperar un poco. Quien está junto a Jesús no le da importancia a su mal, ni a su lepra, ni a su contaminación. Quien se siente bajo a vigilancia del Médico amigo compasivo, ya no teme.

Vacunas del bien, de esperanza, de utopías, de bondad, son las que necesitamos y el Espíritu de Jesús nos las ofrece constantemente. Existen. Y están movilizándonos. No solo somos pacientes de malas contaminaciones, también pacientes de la Gracia poderosa y victoriosa que nos envuelve. ¡Vida y muerte en singular batalla! ¿Dónde está, Muerte, tu victoria?

Gracias sean dadas a nuestro Señor Jesús y a su Espíritu! 

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LA PREGUNTA: ¿QUÉ SENTIDO TIENE MI VIDA?

Es inevitable. Antes o después todo ser humano se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida?, ¿qué he hecho hasta ahora?, ¿qué podré hacer en el resto de mis años? Cada uno de nosotros es una millonésima parte de una humanidad de millones de seres humanos. Lo que cada uno de nosotros es y hace resulta irrelevante para la mayoría de los humanos. Muchos de nuestros agobios y afanes se deben a una excesiva supervaloración de nuestra pequeñez e insignificancia. Este domingo 5 del año litúrgico nos confronta con esta pregunta.

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“… QUIENES SÍ ESPERAN A JESÚS”: El día de la Vida Consagrada

Podría haber sido la super-noticia en la ciudad de Jerusalén y en su Templo. Sin embargo, la visita del Mesías-Niño casi pasa desapercibida. Se trataba del momento culminante de la historia del Pueblo de Israel: el Mesías anunciado por los Profetas, y esperado por tantos, estaba entrando en Jerusalén y se dirigía al Templo.

La realidad fue que ninguna autoridad religiosa o política estaba allá para recibirlo. Quien llegaba no venía rodeado de cortesanos, ni de soldados, ni de gente vitoreándolo: quien llegaba era una joven pareja de aspecto pobre y un niño apenas cuarenta días antes nacido y que era el primogénito.

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“LO INESPERADO” (EDGAR MORIN)

Traigo a mi blog unas reflexiones del gran filósofo, ya de 99 años, Edgar Morin, que siempre me han inspirado. Él nos ofrece una estupenda reflexión sobre esa distinción que me parece tan importante sobre “el porvenir” que nos adviene y “el futuro” que nosotros construimos. He aquí sus palabras llenas de sabiduría:

Edgar Morín 99 años (Filósofo y Sociólogo, Teoría de la complejidad)

“Yo me he sorprendido por la pandemia, pero en mi vida, tengo la costumbre de ver llegar lo inesperado. La llegada de Hitler fue inesperada para todo el mundo. El pacto germano-soviético fue inesperado e increíble. El comienzo de la guerra de Argelia fue inesperado. Yo no he vivido más que para lo inesperado y la costumbre de las crisis. Y en este sentido, vivo una nueva crisis enorme pero que tiene todas las características de la crisis. Es decir que por un lado suscita la imaginación creativa y suscita miedos y regresiones mentales. Todos buscamos la salud providencial, pero no sabemos cómo.
Hay que aprender que en la historia, lo inesperado se produce y se reproducirá. Pensamos vivir de las certezas, de las estadísticas, de las previsiones, y con la idea que todo estará estable, mientras que todo comenzó ya a entrar en crisis. Uno no se ha dado cuenta. Debemos aprender a vivir con la incertidumbre, es decir tener el coraje de afrontar, estar preparados para resistir a las fuerzas negativas.
La crisis nos vuelve más locos y más sabios. Una cosa y la otra. La mayoría de las personas pierden la cabeza y otras se hacen más lúcidas. La crisis favorece las fuerzas más antagónicas. Yo deseo que sean las fuerzas creativas, las fuerzas lúcidas y aquellas que buscan un nuevo camino, aquellas que se impongan, incluso si están todavía muy dispersas y débiles. Podemos indignarnos con razón pero no debemos encerrarnos en la indignación. Hay algo que nos olvidamos: hace 20 años, un proceso de degradación comenzó en el mundo. La crisis de la democracia no ocurre solamente en América Latina, sino también en los países europeos. El predominio del lucro ilimitado que controla todo está en todos los países. Igual con la crisis ecológica. La mente debe hacer frente a la crisis para dominarlas y sobrepasarlas. Si no somos sus víctimas.

Vemos hoy instalarse los elementos de un totalitarismo. Éste no tiene nada que ver con el totalitarismo del siglo anterior. Tenemos todos los medios de vigilancia a través de Drones, de teléfonos celulares, de reconocimiento facial. Tenemos todos los medios para que surja un totalitarismo de la vigilancia. El problema radica en evitar que estos elementos se reúnan para crear una sociedad totalitaria e inhabitable para nosotros.

A la víspera de mis 100 años, ¿que puedo desear? Deseo la fuerza, el coraje y la lucidez. Tenemos necesidad de vivir en pequeños oasis de vida y de fraternidad.”

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EL PROFETA: MODULADOR DE LUZ Y SONIDO

Se trata de un buen invento: los moduladores de luz y sonido. Sin ellos se cegarían nuestros ojos, ensordecerían nuestros oídos. La liturgia de este domingo IV del tiempo ordinario (31 enero 2021) nos dice cómo nuestro Dios se hace presente entre nosotros a través de moduladores de luz y sonido: sus profetas, las personas creadas a su imagen y semejanza, su creación. Nuestro Dios nos comprende. Sabe que el ser humano no es capaz de resistir su Presencia infinita, de escuchar su Palabra de fuego, de aguantar su Mirada penetrante. ¿Quién podrá ver a Dios y no morir? “Véante mis ojos, dulce Jesús bueno, véante mis ojos, muérame yo luego” (Santa Teresa de Jesús).

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¡Felicidad!

¿Dónde está? Se vende cara. No hay demasiada gente feliz. Ni siquiera en la casa de Dios. ¡Cuántas lamentaciones! ¡Cuántas quejas! ¡Cuántos miedos, temores y culpas y escrúpulos de conciencia! 

Sonrisas de cortesía, o de evasión, no faltan. Pero ¿con qué nos encontramos cada uno de nosotros cuando entramos en la soledad, en nuestra soledad? ¿Somos felices? 

Es falso pensar que aquí en la tierra alguien pueda ser totalmente feliz, a no ser por inconsciencia. Pero sí que podemos asentar a la felicidad en diversos territorios de nuestra alma. Por eso, me permito dar cuatro consejos para ello. 

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