Cuando ponemos nuestro “ego” en el centro de todo, todo lo contemplamos y juzgamos a partir de una sola perspectiva: lo que yo soy, lo que yo pienso, lo que yo hago. Y si ahora nos preguntamos: ¿Y qué piensa Jesús de los ego-céntricos, de los egó-latras?
El evangelio de este domingo nos responde en un texto muy breve: en la parábola del ególatra y del auto-humillado o humilde-humillado: del fariseo que presumía de su bondad, y del publicano que se avergonzaba de su maldad. Así comienza el evangelio de este domingo 30:
“Algunos, teniéndose por justos (es decir, por buenos), se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás (por malos)”
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