Ha sido como una semana santa. El domingo pasado, comenzó la última pasión. El lunes tarde dejó su casa y fue llevada en camilla a la habitación 324 del hospital. Nos alertan los médicos. La despedida será inminente. Es necesario que hijos, hijas y sobrinos y sobrinas nos reunamos cuanto antes. “La Mamá te espera…ven enseguida”. Dicen que la Virgen reunió a los Doce en Jerusalén antes de “irse”. Y llegamos a tiempo para acompañarla en su semana santa. Y el viernes santo, 13 de septiembre, hacia las cinco de la tarde exhaló su último suspiro, siendo todos testigos de aquel adiós y enlazados en oración y acción de gracias por ella. Aquella tarde, y aquella noche, y aquel amanecer, su Cuerpo fue para nosotros, hijos, hijas, nietos y biznietos. Y el Misterio nos envolvía y serenaba. Y llegó el sábado santo… Una humilde procesión la llevó hasta el Tanatorio. El intérprete de ese viernes y sábado santo fue mi hermano más joven, Juan Carlos. ¡Qué buen intérprete de lo que sentimos! Aquí reproduzco su poema a nuestra “diez veces madre”.
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