¿TIEMPO DE PROFETAS?

Nos podemos preguntar si hay en nuestro tiempo profetas; si hay voces proféticas en la Iglesia, en la sociedad, en nuestro mundo…. en este momento de crisis mundial por el coronavirus. Hoy domingo 22 del año litúrgico, 20 de agosto de 2020 nos ofrece la Liturgia el diseño y la imagen del profeta que agrada a Dios. Y lo hace a través de tres mensajeros: el profeta Jeremías, el apóstol Pablo, y nuestro Señor Jesús.  

  • Jeremías nos dice que nadie es profeta por propia iniciativa. Uno se convierte en profeta cuando experimenta una irresistible seducción de Dios. Y compara esta seducción a un fuego interior que no se puede apagar. No obstante, Jeremías nos dice que ser profeta es peligroso: la sociedad se burlará de él y será perseguido.
  • Pablo exhorta a los cristianos a discernir y cumplir la voluntad de Dios. Pero lo conseguirán si ofrecen sus cuerpos como ofrenda agradable a Dios y se dejan cambiar la mentalidad.
  • Jesús nos piden que lo sigamos en su camino hacia Jerusalén: allí él sufrirá mucho, será entregado a la muerte, pero también allí “resucitará”. El seguimiento de Jesús requiere de nosotros renunciar a nuestro “ego” o “egolatría”, a la disponibilidad para perder la vida y así ganarla. Jesús nos advierte que para ganar el mundo entero hemos de estar dispuestos a perderlo todo.

También nosotros hemos recibido la vocación profética:

  • Como Jeremías, también nosotros hemos sentido la seducción de nuestro Dios. Fue Él quien tomo la iniciativa de seducirnos. Acojamos esta seducción y que el fuego del Espíritu Santo arda siempre en nuestros corazones.
  • Como san Pablo, estemos dispuestos a cambiar de mentalidad para discernir y cumplir la voluntad de Dios en este tiempo en el que nos encontramos. Hay nuevos paradigmas que facilitan esta conversión integral. Y ofrezcamos nuestros cuerpos como el sacrificio que agrada a Dios para que nuestro mundo sea salvado.
  • Y como Jesús, aceptemos la llamada a seguirlo en este tiempo…. a nuestro Jesús contemporáneo. Estemos disponibles para ir allá donde Él quiera llevarnos, a las “otras Jerusalén” de nuestro tiempo, allí donde seremos perseguidos, sufriremos. Renunciemos a la “egolatría”, al narcisismo y consagremos nuestra vida al servicio de la humanidad.

Nos preguntamos de nuevo si hay profecía en nuestro tiempo. La respuesta es sencilla: ¡todos nosotros hemos sido llamados a ser profetas como Jeremías, como Pablo. Todos hemos sido llamados a seguir a Jesús, a nuestro Jesús contemporáneo -gracias al Espíritu- allí donde nos lleve, hasta el final. Dejémonos seducir. Cambiemos de mentalidad. No tengamos miedo de seguir a Jesús hasta la muerte, porque es así como la gracia de Dios llegará a muchísimas personas.

Para contemplar
EL PROFETA

Esta entrada fue publicada en tiempo litúrgico. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.