En la entraña del cristianismo emerge una forma de liderazgo, que nada tiene que envidiar a las propuestas más actuales y revolucionadas. Nuestra forma de entender las autoridad es de origen evangélico. Presentar a Dios, a Jesús, como el “buen-bello Pastor” quiere decir, presentarlo como modelo de “el más excelente líder”. ¡Lástima que en la iglesia tanto a nivel universal, como diocesano, como doméstico, que en la vida consagrada y en las instituciones aparezca con una cierta frecuencia un liderazgo no-evangélico. De esto ya se dio cuenta Gregorio Magno (540-604), doctor de la Iglesia y sexagésimo cuarto papa de la Iglesia. Por eso, traigo este antiguo texto a mi sección “Textos que impresionan”, tomado de sus Tratados Morales sobre Job (23,23-24).
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