Se trata de un buen invento: los moduladores de luz y sonido. Sin ellos se cegarían nuestros ojos, ensordecerían nuestros oídos. La liturgia de este domingo IV del tiempo ordinario (31 enero 2021) nos dice cómo nuestro Dios se hace presente entre nosotros a través de moduladores de luz y sonido: sus profetas, las personas creadas a su imagen y semejanza, su creación. Nuestro Dios nos comprende. Sabe que el ser humano no es capaz de resistir su Presencia infinita, de escuchar su Palabra de fuego, de aguantar su Mirada penetrante. ¿Quién podrá ver a Dios y no morir? “Véante mis ojos, dulce Jesús bueno, véante mis ojos, muérame yo luego” (Santa Teresa de Jesús).
Sigue leyendoImpactos: 1297









