
Buscamos el rostro de Dios, perso no lo encontramos. La búsqueda de Dios -al menos nuestra cultura occidental- acaba frecuentemente en decepción. Nuestro Dios es un Dios oculto. Al menos, hemos de decir, que nuestro Dios no aparece de forma convencional. Nuestro Dios se hace esperar, quiere ser buscado… pero cuando se le encuentra, desaparece. Creo que la cuestión fundamental que hoy nos proponen las lecturas de este domingo, 9 de agosto de 2020, no tiene que ver con la existencia o no existencia de Dios, sino más bien con otra cuestión: ¿dónde se encuentra Dios?, ¿dónde se aparece Dios?
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