
¿Dónde vivió María, después de la muerte de Jesús? ¿Cómo transcurrieron sus últimos años? Todo ello forma parte de los misterios de la historia humana. No se tienen noticias de su muerte o despedida. El evangelista Lucas la sitúa en medio de la comunidad cristiana, en el corazón de la naciente Iglesia. Allí está ella, con identidad propia, entre los apóstoles, discípulas y discípulos. El Espíritu desciende con ímpetu, como ventolera, como lenguas de fuego. El Espíritu y la Madre están también en el génesis de la Iglesia. A partir de ese momento, María desaparece, o se diluyen o tal vez se vuelve totalmente transparente a la Iglesia. Por eso el autor de los Hechos de los Apóstoles decía que la Iglesia tenía “un solo corazón, una sola alma, todo en común”. María se hizo Iglesia… y para siempre. Ella es la Iglesia en Utopía, la Iglesia que -en toda su perfección todavía no ha tenido lugar-, la Iglesia que está por venir. No estaría mal, por lo tanto, en este tiempo de Adviento de un nuevo Pentecostés meditar los Misterios de Utopía. María es la “Puerta que dio paso a nuestra Luz”.
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